Carta desde el Ciberespacio número 283,14/abril/2011


¿Los argentinos votarán con la cabeza o con el bolsillo?

Elecciones de vida

Hola gente, amigos y no tan amigos. Habrán visto que mis cartas ya no les llegan puntualmente todos los jueves, como ocurrió desde el año 2004 en adelante, casi sin interrupciones, hasta hace pocas semanas. No estoy mal, no se preocupen. No es que falten temas económicos para comentar y analizar, al contrario, sobran, y ni hablar de otros temas. No es que me fui a vivir a Niúiork Niúiork con Patricia Paltrow, algo con lo que ella me viene tentando hace al menos un año (“flaquito gordito, vení que mi depto de Parkaveniú me queda muy grande y muy solo cuando vos no estás, además, ¿de que me sirve sino puedo compartir mi cama kingsize con vos?”, me llegó a decir, como última oferta, una mañana de estas en que me llamó desde su banquito de la Calle de la Pared. Y yo no supe qué decirle. Ni sí, ni no, sólo un quizá. ¿Estaré loco? Sin duda, pero casi no se nota, con tanta locura y perversidad que que nos rodea.
Es que vivir en la Argentina se ha hecho insalubre, doloroso, y no sólo para los pobres y muy pobres, sino que se ha complicado también para quienes sencillamente pensamos y sentimos diferente. Si fuera un pragmático light, un grouchomarxista cualquiera con principios intercambiables, sin duda no debería rechazar la oferta amorosa de Paltrow, debería llamar a American Airlines, pedir un ticket y tomarme al menos un año sabático, sino más.
Pero no quiero irme, aunque no soy un masoquista incurable, ni disfruto de los piquetes y la prepotencia, ni de la inseguridad (que es sólo “una sensación”, dicen), ni de ver a mi alrededor la pobreza en aumento (aunque “si hay miseria que no se note”), ni de la inflación devoradora y subestimada (que dicen que casi no existe), ni de la distorsión creciente de las variables económicas, financieras y cambiarias (dólar casi fijo con precios volando, digamos que una potencial explosión), ni de la excesiva dependencia del modelo del Dios Soja, ni del suave avance de una futura restricción externa (sólo amortiguada por un creciente “proteccionismo a la Argentina”, y todo ello pese al excelente momento internacional que vive el mundo, y todo ello pese a la las tragedias de Japón, los disturbios crecientes del norte de Africa y las replicas de la crisis de 2008 que afectan especialmente a Europa).
No me engaño como muchos, aunque me gustaría: lentamente, por goteo, poco a poco, se está instalando una pésima calidad de vida que soportamos con una peligrosa resignación, por acostumbramiento, por impotencia, disimulada entre los pliegues de unas 20 o 30 cuotas que pagamos para tener una computadora, un auto nuevo, un celular inteligente o una superpantalla plana para ver malos programas y tristes noticias que ya no nos impactan porque estamos insensibilizados, anestesiados y asustados, con un ataque agudo de “nomeimportismo” para no sentir, como si los sentimientos se pudieran, como la inflación, barrer debajo de la alfombra sin costos ni riesgos.
Y aquí viene el punto central de esta carta, que quizá será la última, quizá no. Durante mucho tiempo pensé que la culpa de todo lo que está ocurriendo en la Argentina era básicamente de los Kirchner, primero de Néstor y luego de Cristina, más los hombres y mujeres grises que los rodean, ese coro de aplaudidores. Pero me equivoqué totalmente. Ellos, en todo caso, ofrecen y defienden su famoso “modelo” que funciona malamente, muy malamente si nos comparamos con Chile, Uruguay, Brasil o Perú, sin ir más lejos. Y no hablo sólo de las economías vecinas, que cada vez tienen menos pobres y atacan los problemas, y no sus consecuencias coyunturales, como si la vida pudiera resolverse con permanentes medidas de corto plazo, apuradas y desprolijas. Hablo también de la pérdida de la llamada calidad institucional, o la República, o la democracia, hablo de respeto, o de las faltas de respeto que sufrimos cotidianamente y que nos inflingimos unos a otros, prepotentes y soberbios como somos muchos argentinos. Hablo de vivir en un país en donde no hay ausencia de leyes, sino algo peor: estas leyes existen, pero directamente no se cumplen, no se respetan. Todo se impone por la fuerza, por el piquete, por la presión, por el DNU. Hablo de leyes, de reglas de juego, de normas de convivencia y respeto que muchos argentinos, como sus líderes, ya no respetan. Ya lo dijo André Malraux, el pensador francés: “los pueblos tienen los dirigentes que se les parecen”. Por eso no le echemos toda la culpa a los K, sino que deberemos mirarnos en el espejo y cambiar, cada uno de nosotros, como condición para construir un país sustentable, viable, vivible, saludable.
No nos engañemos: el problema no es sólo el gobierno, ni éste ni los anteriores. El problema lo tenemos nosotros, no todos, pero si muchos de nosotros, dirigentes y dirigidos, que nos hemos convertido poco a poco, sin prisa pero sin pausa, en una sociedad que vive casi alegremente fuera de la ley, una señal de la decadencia que nos ataca hace años, décadas. Así, no pocos argentinos, buscadores de curros, bicicleteros viejos, campeones del “sálvese quien pueda”, infantiles o adolescentes, buscavidas a más no poder, héroes de la supervivencia ante crisis terminales de las que siempre “zafamos” de una u otra manera, somos tan responsables de lo que nos está ocurriendo, tanto como el famoso “modelo productivo” que atrasa 30 o 40 años.

En el mundo civilizado la clase política discrepa, discute,
polemiza, pero no excluye a quienes no piensan como ellos,
más bien se escuchan y se enriquecen con las ideas de los otros
Aquí los políticos son incapaces de sentarse a dialogar.
(Foto de la inauguración Biblioteca Clinton en Little Rock, en Arkansas, al dejar la presidencia)

Amigos y no tan amigos. Como suele decirlo el periodista Guillermo Kohan en su programa “Somos nosotros”, de radio El Mundo, “somos nosotros”, son los políticos argentinos de la oposición y del oficialismo que quieren imponerse a los otros, por las buenas o por las malas, y se creen siempre los dueños de la verdad. Somos nosotros, los que compramos videos truchos por 10 pesos en los quioscos de diarios ante la mirada indiferente del policía que está a dos metros. Somos nosotros, que cuando manejamos el auto pasamos por la derecha a los otros autos, y que cuando somos peatones cruzamos por cualquier lado, menos por las rayas blancas, y nos abusamos de nuestro poder de peatones frente a los “asesinos” automovilistas, mirando para el otro lado. Son los jueces, que se callan o que obedecen al gobierno de turno y no a la Constitución y las leyes de la Nación. Son los legisladores travestis o panqueques, que cambian de partido y de ideas cada vez que les parece conveniente. Son los maestros que sistemáticamente hacen huelga, siempre en febrero, justo antes del inicio de las clases pese a decir que la educación es su prioridad número uno. Son muchos padres que han resignado su autoridad, que consiste en educar, guiar, contener y proteger a sus hijos, para ayudarlos y empujarlos a crecer, pero sin malcriarlos ni tolerarles las faltas de respeto y los excesos que los ponen en riesgo, de manera que puedan llegar un día a convertirse en personas de bien, sanas en cuerpo y mente. Son las escuelas y los colegios que delegado el poder, la autoridad, casi alegremente, en los alumnos, que parecen haber nacido sabiendo.
Es también el sistema de la “mediocracia” argentina, que se ha instalado a lo largo de los años y que no es otra cosa que haber construido un sistema de premios y castigos en donde ganan los peores y se castiga a los mejores, mientras la “meritocracia” (el premio a los mejores), es visto como una idea arcaica, injusta y relativa. Es la creencia de que todos se han convencido que tienen derecho de que el Estado les resuelva la vida, sin esforzarse, como si la magia existiera. Es la vieja ideología que ha “comprado” el concepto que el Estado puede meterse en todo, incluso en la vida de los otros, pese a que el siglo XX ya demostró de manera contundente la ineficacia de esta ideología. Para mayores datos, el fracaso del comunismo y del fascismo en el siglo XX, así como su efecto final, la caída del muro de Berlín hacia los finales del año 1980, son una demostración de esta equívoca pero remozada idea que vuelve en unos pocos países nostálgicos de revoluciones siempre fracasadas. Somos nosotros, muchos argentinos, que nos creemos los mejores, los únicos, los que siempre tienen razón y el mundo vive equivocado.


 ¿Nos animaremos los argentinos a pensar diferente?, o al menos a pensar…

Amigos y no tan amigos. Pero así como tenemos al famoso chanta argentino, también hay muchos jóvenes y no tan jóvenes, hombres y mujeres, que todas las mañanas se despiertan muy temprano, se visten, desayunan rápido cualquier cosa y salen a trabajar, o a buscar trabajo, o a estudiar horas y horas, a romperse el alma sin esperar que vengan el gobierno y el Estado (que en la Argentina se han confundido y mezclado peligrosamente en una sola cosa) a salvarlos, ni a resolverles la vida. Son los que se suben a un tren, un subte o un colectivo repletos que los maltratan, los aprietan, los demoran, pero ellos siguen adelante peleándole a la vida su oportunidad de estar un poco mejor cada día, en vez de esperar que graciosa y fácilmente alguien venga y les resuelva gratis su vida, desde un Estado-gobierno omnipresente, milagrero y con delirios de regalar soluciones mágicas para todos, los que se los merecen y los que no, los que se los ganaron y los que no, los que se esforzaron y los que esperan cómodamente que alguien, a cambio de un voto, un aplauso, un favorcito, les resuelva la vida y los ayude a “zafar”.
Es la cultura del esfuerzo versus el facilismo. Es la diferencia entre vivir como una cigarra o como una hormiga., Es la manera de vivir con dignidad o sin ella.
Amigos y no tan amigos. No se dejen llevar por el marketing, los encuestadores y todos aquellos que han instalado (por comodidad, por conveniencia o por nomeimportismo) la idea de que Cristina ya ganó. Puede ser, o no, de nosotros depende. No se dejen llevar por la idea de que toda la oposición no sirve para nada y le echen la culpa de todo a los políticos, para luego decir, más tarde, aquella famosa frase “yo no lo voté”. También de nosotros depende.
Lo único concreto, a meses de octubre, es que en las próximas elecciones se debatirán estas dos opciones. Los argentinos tendremos que optar, sin echarles como siempre la culpa a los demás (un clásico argentino), cómo quieren que sea su futuro. Si están dispuestos a aceptar la corrupción chiquita y la grande, la prepotencia, el pensamiento único, la mentira, la mediocracia, todo a cambio de un puñado de electrodomésticos y una falsa seguridad, o si quieren construir de una vez, trabajosamente, una sociedad que viva dentro del respeto y dentro de la ley, en donde los que se esfuercen sean premiados y no castigados cotidianamente.
Eso significa Octubre, una elección de vida, claro, nada menos. Y es por esa elección de vida que prefiero quedarme en la Argentina, en vez de irme a disfrutar con Patricia Paltrow de su amor, su cómoda cama kingsize en Parkaveniú y una vida fácil, hollywoodense, mágica, de película. Pero yo sigo prefiriendo la realidad, aunque duela.

“No se inmute, amigo, la vida es dura,
con la filosofía poco se goza.
Eche veinte centavos en la ranura
si quiere ver la vida color de rosa.”
Raúl González Tuñón (1926)

Me vuelvo al ciberespacio por un rato, a jugar con Paltrow el famoso juego de la seducción. Un abrazo y hasta la Victoria Secret.

El Hombre Electrónico
(políticamente incorrecto)


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Lean aquí el prólogo y el primer capítulo de mi nueva novela, "Exiliado en el ciberespacio"


http://issuu.com/autoresdeargentina/docs/exiliadoenelciberespacio

Para quienes quieran “Exiliado en el Ciberespacio”, hay varios caminos…

• La versión “Galaxia Gutenberg” (en formato libro, en papel), que podrán adquirir en la Feria del Libro, en el stand de “Autores de Argentina”, y en poco tiempo en otra librerías, o pidiéndolo por mail a dnaszewski@gmail.com para recibirlo por mensajería en donde lo deseen.

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Para terminar, el 23 de abril entre las 17 y las 19 horas estaré firmando ejemplares en la Feria del Libro, sala amarilla, en el stand de “Autores de Argentina”.

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