Carta desde el ciberespacio especial, del 11 de abril de 2013

Amigos y no tan amigos, les copio un excelente artículo de El País, de España, del 11 de abril de 2013, que nos habla de la oleada de populismo impopular que afecta a parte de la región. 



Latinoamérica y la tentación populista

 En las elecciones democráticas cuentan más las exigencias inmediatas de los votantes que la sostenibilidad a largo plazo. El futuro nunca importa ahora. Rendirse al presente, sin embargo, entraña terribles riesgos






En el centro de Buenos Aires, las dos fachadas del edificio que alberga los ministerios de Sanidad y Desarrollo Social muestran sendos rostros gigantes de Eva Perón. El que da a los barrios pobres del sur, sonriente y compasivo. El que da a los barrios ricos del norte, enfadado, agitado y desafiante. Su imagen domina la capital argentina y su legado sobrevuela el futuro de Latinoamérica.
Poco antes de que Evita muriera, en 1952, el Congreso Argentino la nombró “Líder espiritual de la nación”, por su labor en favor de los descamisados en la Sociedad de Beneficencia que había fundado. En la cultura popular y la memoria colectiva de Latinoamérica, los Perón constituyen el populismo de las industrias nacionales protegidas y los programas sociales dispensados por un caudillo, financiados por una deuda insostenible que lleva a la inflación descontrolada, la corrupción, el caos y el descontento, y desemboca en un golpe militar.
Aunque hoy, en su mayoría, los ejércitos latinoamericanos ya no son intervencionistas, la política populista sigue siendo una tentación, incluso mayor que nunca, porque hay una clase media políticamente activa y pujante gracias al auge de las exportaciones de soja, maíz, cobre, petróleo y otras materias primas a una China voraz.
En las elecciones democráticas siempre cuentan más las exigencias inmediatas de los votantes que la sostenibilidad social a largo plazo. Por definición, el futuro no importa ahora. Existen enormes presiones para que toda esa riqueza se gaste ya, en subsidios a los pobres, ayudas para la compra de vivienda, pensiones generosas para los trabajadores o la ampliación de las redes de protección social. Es inevitable que la estabilidad macroeconómica y las inversiones en infraestructuras, enseñanza pública de calidad e I+D queden relegadas. Otra característica de ese populismo es la protección de las industrias nacionales frente a la competencia.
Sin embargo, la historia demuestra que el populismo que ignora las leyes económicas es insostenible a largo plazo, y entonces se repite el ciclo de deuda, inflación y autoritarismo. La responsabilidad fiscal y la competencia son necesarias para un Gobierno democrático sostenible.
Venezuela. El ejemplo más claro de populismo tradicional ha sido el chavismo. Hugo Chávez se propuso erradicar las terribles desigualdades dedicando el dinero del petróleo a amplios programas para los pobres. Sus vidas mejoraron, sin duda. Pero al morir Chávez, Venezuela tenía la inflación más alta del mundo, casi un 23%, y tuvo que pedir prestados 46.000 millones de dólares a China. En las últimas semanas ha devaluado dos veces su moneda.
Los programas sociales dispensados por un caudillo terminan en una inflación descontrolada
La hostilidad de Chávez a las inversiones extranjeras ha impedido modernizar la industria petrolera, que constituye el 95% de sus exportaciones, por lo que estas han disminuido una cuarta parte desde 1999.
Argentina. Vive de sus exportaciones de soja, trigo, vacuno y minerales a Brasil, China y otros lugares, pero ha gastado tanto que en 2001 fue incapaz de pagar su deuda exterior. Aunque la devaluación de su moneda estimuló las exportaciones y permitió una recuperación inicial, su crecimiento ha vuelto a estancarse y el viejo espectro de la inflación ha regresado, como muestra la enorme diferencia entre el tipo de cambio oficial del dólar —unos 5 pesos— y el “tipo paralelo” de más de 8 pesos por dólar. Todo el mundo tiene la aterradora sensación de que sus ahorros van a volver a evaporarse.
Brasil. Se dice que Brasil es el “milagro” de Latinoamérica, en gran parte debido a la demanda china de petróleo y soja. Gracias al rápido crecimiento económico y a programas como Bolsa Familia, que vincula la ayuda a las familias pobres a que sus hijos vayan a la escuela, 22 millones de personas han salido de la pobreza desde 2003 y la alfabetización ha mejorado. En su esfuerzo por apuntalar la economía y crear más empleo para los pobres, la presidenta Dilma Rousseff está recurriendo cada vez más a soluciones estatalistas que Lula da Silva y Fernando Cardoso habían rechazado.
Esta estrategia crea cuellos de botella que están retrasando el milagro económico brasileño. La mala inversión en infraestructuras hace que en los puertos haya cientos de camiones llenos de soja y que China haya anulado un contrato para comprar el 5% de la cosecha de soja del país porque el plazo de entrega no era fiable.
Para revivir el sector de la construcción naval, se ordenó al gigante petrolífero estatal, Petrobras, que comprara buques nacionales. Hoy, los costes desbordados y los retrasos en las entregas están retrasando el transporte de crudo. Y los hallazgos de petróleo de esquisto en todo el mundo amenazan la importancia de las exportaciones brasileñas para su economía.
Los altos aranceles a las importaciones hacen que muchos bienes de consumo sean caros y su economía esté poco diversificada. Frente a los acuerdos de libre comercio de México y Chile, Brasil solo tiene con la Autoridad Palestina, Egipto e Israel.
El reto es el de evitar políticas que, en nombre de los pobres, no generen avances duraderos
Chile. Se ha convertido en el Singapur del Hemisferio Occidental y es, con Colombia y México, de los paíeses que ha resistido la tentación populista. Con el 95% de sus transacciones basadas en acuerdos de libre comercio, en Santiago es posible adquirir cualquier cosa de cualquier país. Su clase política ha sabido hacer que la economía nacional no dependa de su principal materia prima, el cobre, que hoy se exporta casi por completo a China.
Durante la presidencia de Ricardo Lagos (2000-2006), se estableció un programa para dedicar los ingresos de futuros contratos de cobre a un fondo de I+D de nuevas tecnologías. Lagos me dijo: “El cobre se acabará algún día. Tenemos que utilizar los recursos actuales para financiar el futuro y diversificar la economía”.
Colombia. El actual presidente José Manuel Santos es un líder al estilo de la “tercera vía” de Bill Clinton y Tony Blair. Dice que el buen gobierno significa “todo el mercado posible y todo el gobierno necesario”.
Mientras intenta valientemente sacar a Colombia de su larga guerra civil con las FARC, está preparando un futuro basado más en el conocimiento que en las materias primas. Para ello, ha presentado un programa que llevará tabletas digitales a los alumnos más pobres y la conexión de banda ancha a 1.200 ciudades de todo el país, siguiendo el ejemplo de Corea del Sur.
México. Con Enrique Peña Nieto, México está alejándose de su pasado populista y aprovechando los logros de su predecesor, Felipe Calderón, y el acuerdo NAFTA de los años noventa. El año pasado la economía creció el 4%, y se espera que en 2013 crezca más. Tiene superávit. Posee una inmensa clase media y una economía diversificada que atrae inversiones extranjeras directas, gracias a su ingeniería y sus excelentes profesionales y a su proximidad con el mercado estadounidense. El aumento de los salarios en China está haciendo que vuelvan a México empresas que se habían ido allí. NAFTA y otros acuerdos comerciales han contribuido a la diversificación y han reducido los precios en un 50% desde el 2000.
En diciembre asistí a la toma de posesión de Peña Nieto en el Palacio Nacional de México. Se atrevió a prometer, delante de Carlos Slim, el magnate de las telecomunicaciones, y Emilio Azcárraga, el magnate de los medios de comunicación, que acabaría con los monopolios del sector en México. Prometió reformar el sindicato de enseñantes y “abrir” PEMEX, el mastodonte estatal del petróleo, a las inversiones extranjeras. Sin tecnología ni competencia, la empresa es un auténtico poder nacional y no ha sabido modernizarse.
Los asistentes se asombraron por el alcance del programa y, al día siguiente, Peña Nieto acabó con los resentimientos partidistas al anunciar un pacto de consenso con los demás grandes partidos en apoyo de sus reformas. No han pasado ni cinco meses y está cumpliendo sus promesas.
El papa Francisco. Nos ha recordado su “preferencia por los pobres”, pero la pobreza sigue siendo un grave problema para Latinoamérica. La brecha debería cerrarse a medida que crezca la clase media. Pero para no recaer en el pasado, los Gobiernos democráticos deben eludir la tentación populista que, en nombre de los pobres, ha causado tantas veces el regreso a la nada en vez de un avance sostenible y duradero. Ese es el reto actual de Latinoamérica.
Nathan Gardels es director de Global Viewpoint Network y coautor con Nicolas Berggruen de Gobernanza inteligemnte para el siglo XXI (Taurus).
© 2013 Global Viewpoint Network / Tribune Media Services.
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

Carta desde el ciberespacio 292, del 7 de abril de 2012, nuevamente publicada en diciembre 2013


Amigos y no tan amigos, esta carta desde el ciberespacio fue publicada en abril de 2012, aunque lo que revelaba entonces fue confirmándose con el paso del tiempo. Por eso, va de nuevo para quienes no la vieron en aquel momento.


Mercedes Marcó del Pont: "Es totalmente falso decir que la emisión genera inflación"
(¿Por qué le dieron el Premio Nobel a Milton Friedman entonces?)


Guillermo Moreno, Súper Ministro de Economía, Finanzas, Comercio, Estadísticas...
(Un proteccionista que atrasa tres siglos)



UN PAIS GROUCHO-MARXISTA
El día que el Relato chocó con la realidad

El control “administrado” de importaciones genera cuellos de botella crecientes en diversas áreas de la economía, aunque está frenando la oferta de bienes finales de consumo. La política de expansión monetaria planteada por el BCRA y aprobada por el Congreso intenta promover más consumo, con el riesgo de  provocar un aumento excesivo del mismo en momentos de insuficiencia de inversiones productivas. Ambas estrategias chocan entre sí: la Argentina se dirige a un modelo con restricciones crecientes de producción y un mayor consumo vía emisión monetaria y más gasto público. Resultado: un desencuentro creciente entre oferta y demanda, con una consecuencia riesgosa: estanflación. 



("Go West", el tren de los hermanos Marx)

http://www.youtube.com/watch?v=8iXdsvgpwc8&feature=fvsr
(Clint Eastwood, sobre EE.UU. y el impacto de la destrucción creadora)


Una de las cosas que más recuerdo de pequeño es cuando los sábados iba al cine de mi barrio a ver aquellas viejas películas de los buenos (sombrero blanco) contra los malos (sombrero negro). Una de ellas  nunca la olvidé: era la parte final de "Go West" en una de las escenas más ingeniosas creada por los hermanos Marx. En ella, hay una persecución en tren para alcanzar a unos bandidos que escapan en un sulky arrastrado por dos caballos, creyendo que le ganarán al tren que los persigue, ya que el mismo no tiene combustible para hacer andar a la locomotora.
Es en ese momento que los hermanos Marx empiezan a utilizar la madera, las cajas, los asientos, el equipaje, los marcos de las ventanas, los techos, las paredes y todo lo que pudiera usarse como combustible, empezando claro por los últimos vagones, para llevar todo aquello hacia adelante y alimentar así a la locomotora, que los haría seguir su loca carrera contra los malos. Fácil: para hacer andar al tren, usaron sus vagones como combustible y casi no quedó nada. La misión estaba justificada en la película: había que ganarle a los malos, aún al costo de quedarse sin el tren.


Jean-Baptist Colbert (1619-1683)
Ministro de Hacienda de Luis XIV
Impulsor del mercantilismo que se aplica hoy en la Argentina


Detrás de esta delirante metáfora de los hermanos Marx, puede encontrarse una descripción de lo que ocurre hoy en la Argentina: cada día va quedando más claro que el famoso “relato” oficial empieza a chocar con el más simple de los hechos: la realidad, esa realidad que los funcionarios no son capaces de percibir porque viven en otro lado, no en Disneylandia, no en la Venezuela Bolivariana y supuestamente revolucionaria de Hugo Chávez, no en la Rusia anterior a la caída del muro de Berlín, sino en un “lugar” mucho más inasible e incierto: el pasado. Un pasado que podemos ubicar en los años setenta, aunque con algunos componentes riesgosos que también nos retrotraen a la pesadilla final de los años ochenta. 
Pero algunos van más mucho atrás: ubican a la actual Argentina en el siglo XVII, cuando un comerciante textil francés llamado Jean-Baptiste Colbert llegó nada menos que a ocupar el ministerio de Hacienda del rey Luis XIV, desarrollando el mercantilismo, una doctrina híper-proteccionista que hoy podría asimilarse bastante certeramente al concepto antiglobalizador desarrollado por Aldo Ferrer con su famoso, ilusionista y seductor eslogan de “vivir con lo nuestro”…
Todo lleva a pensar en un gran "equívoco" temporal en pleno siglo XXI, luego que la teoría económica y la realidad han demostrado una y otra vez las teorías de Adam Smith y David Ricardo (la parte más dura de la ciencia económica) sobre los beneficios globales e individuales de la división internacional del trabajo y la especialización. El mundo serio ya lo aprendió sin lugar a dudas: en un entorno de competencia genuina aumenta la productividad, y con ella la producción y el consumo para quienes reciben los beneficios, aunque ello sólo ocurre en las economías que aplican las prácticas comerciales de apertura económica y libre comercio. Ya se sabe, la magia y las prácticas religiosas estilo vudú sólo funcionan en las mentes infantiles. 

Así, el llamado “Relato oficial” está chocando en estas semanas con la más pura realidad. Está ocurriendo ahora mismo, ante nuestros ojos. No es sólo por el affaire Ciccone, una empresa fantasmal que ahora, quizá, tendría la potestad de emitir nada menos que la moneda nacional argentina (existiendo una Casa de la Moneda oficial, llamativamente...), mientras provoca una crisis institucional de proporciones en torno al actual Vicepresidente de la Nación. No es sólo el destruido tren de Once que mató a 51 personas en un "no-accidente".  No es la feroz y destructiva tormenta que mató casi dos docenas de argentinos y destruyó viviendas e infraestructura en varias localidades muy importantes de la provincia de Buenos Aires, todo lo que demostró el desapego oficial por la realidad cotidiana de los argentinos y, también, el grado de des-inversión estatal en que está sumido el país, pese al auge del populismo estatista de la última década. No es sólo la pelea sin cuartel del oficialismo con el grupo Clarín y hasta con el diario La Nación (a quienes se los culpa de todo lo que ocurre en el mundo y aledaños). No es el temor que se instala sobre no pocos  periodistas serios, sean de izquierda o de derecha, que se atreven a no sumarse al pensamiento único que trata de imponer el famoso "relato"). No se trata tampoco del largo e incomprensible affaire con la ex amiga YPF. No sólo es la crisis energética ni son los subsidios millonarios con destino oscuro. No es tampoco el intento abierto de destruir todo lo que hace el macrismo en la ciudad, o el sciolismo en la provincia de Buenos Aires, lo bueno y lo malo, ni cualquier posible opositor que amenace con levantar cabeza. No es la habitual catarata de estadísticas oficiales con que sacuden a los argentinos para esconder la realidad, paradójicamente. No es que la Argentina parece ubicarse en otro planeta, aunque pelea con todos los países del mundo moderno de la Tierra (grandes y chicos, importantes y secundarios) que no piensan como el Gobierno. No son los periodistas que humilde y respetuosamente piden una conferencia de prensa como las que ocurren habitualmente en los países civilizados del mundo en pleno siglo XXI, sin ser conspiradores ni nada de eso. No es la inseguridad que atemoriza a todos los argentinos. No es la transferencia impuesta por las malas de subtes, transportes y policías a la ciudad de Buenos Aires.

El choque entre “el Relato” y la realidad es más que esto. Es la suma de todos estos hechos, y otros más, que juntos parecen combinarse en estos días para gestar otra posible tormenta perfecta como otras anteriores a las que nos tiene acostumbrados nuestro país cada menos de 10 años, chocando una y otra vez con la misma piedra como en el mito griego de Sísifo.

En lo económico, el choque entre el Relato y la simple realidad es absurdamente  sencillo. Se trata de una oferta que se desacelera por las restricciones a la importaciones “administradas”, combinándose de la peor manera con una demanda que se acelera por el intento inflacionario de usar al BCRA para emitir moneda por encima de toda lógica económica.
Allí, cuando una oferta anémica se combina con una expansión excesiva de la demanda, el relato oficial choca con la realidad y puede terminar en la temida estanflación. Y este es el más serio obstáculo económico que enfrenta la actual estrategia oficial, y que la hace in-sustentable. Nada más sencillo y riesgoso que esta brecha ilógica entre los sueños y la realidad. 

¿Y vos flaquito, qué verso me vas a hacer?


(Go West, del tren de los hermanos Marx)






El hombre Electrónico
(políticamente  incorrecto)

(@homelectronico en Twitter)
(http://www.elhombreelectronico.blogspot.com/)

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Carta desde el ciberespacio 291, de octubre de 2011 (repetición)


CRISIS FINANCIERA INTERNACIONAL...


¡Llamen al Dr. House!

Hola amigos y no tan amigos. Este es el nuevo formato de las cartas desde el ciberespacio, que sólo podrán leer desde ahora en el blog del Hombre Electrónico. Desde que comenzaron estas cartas, en 2004, hubo cambios tecnológicos muy profundos que hacen que uno deba buscar constantemente formas de comunicación que ni molesten a la gente ni se inmiscuyan en sus computadoras personales, notebooks y netbooks, tablets, blackberrys y otros "aparatos", sin pedir permiso. Sobre esto, sé que la vida de todos mis lectores, que no son pocos por suerte, es más acelerada, me doy cuenta que todos tienen -tenemos- menos tiempo de leer, y que el lenguaje mismo está cambiando, está vivo. Por último, luego de las elecciones de agosto, medité mucho sobre qué debía hacer y en que estamos fallando. Algo nos ocurre, como personas y como sociedad, para que estén ocurriendo las cosas que vivimos cotidianamente (crispación, preoptencia, fanatismo, dueños de la verdad, anomia, inseguridad, desilusión. "nomeimportismo" y grouchomarxismo" aquí y allá, en un país para colmo seriamente fragmentado, enojado y dividido. 
Reconozco que estaba muy triste en aquel momento, como muchos de ustedes que me lo han transmitido, y ya no sabía si seguiría escribiendo estas cartas. Pero debemos sobreponernos y seguir adelante aprendiendo de nuestros errores, una costumbre que no es muy argentina, por cierto, ya que vivimos echándole la culpa a los demás y nos creemos el ombligo del mundo.
Todo esto lo escribí en la última carta de agosto de 2011, la número 288, en donde les explicaba "que me mudaba a Twitter" (@homelectronico), anticipando esta nueva forma en que llegaré desde ahora a quienes quieran leer mis cartas. Dicha carta la pueden releer, también,en este blog, así como algunas de las viejas cartas publicadas en los últimos años, no así las de los años 2004 hasta el 2007.

Debo agregar un enorme agradecimiento a unas cuatro centenas de mails de amigos y de gente que ni conozco, y que me preguntaban por mis Cartas desde el Ciberespacio, lamentando que se hubieran dejado de publicar, acercándome muchísimas expresiones de adhesión, respeto, cariño y preocupación compartida. A todos ellos, y a los que me sigo encontrando cotidianamente cada vez que voy a una reunión, un agradecimiento enorme, sobre todo porque muchos de ellos debieron ingresar en Twitter para no perderme el rastro. Bueno, al menos se diverrirán con los mails de alguna gente frívola que sólo piensa en pelotas (fútbol) y en amor (sexo, más bien). Pero también allí estoy encontrando gente muy sana, con impulso, vida, ganas, y que no se sienten identificados con los 40 millones de locos que presume la Presidenta que habitan en la Argentina.


Ahora a trabajar.

Inquietante tapa de The Economist de octubre pasado, que revela el temor existente en el mundo ante el agujero negro al que la economía global podría ser arrastrada si los políticos no hacen nada para enfrentar la crítica situación actual.
"Imagine usted un economista como Dr. House. Irónico hasta la crueldad, obsesivo y contraintuitivo, capaz de encontrar el diagnóstico correcto a pesar de los síntomas más contradictorios de un paciente terminal como la economía capitalista-financiera de hoy. Ahora imagine usted a ese economista en el FMI, la Reserva Federal o el Banco Central Europeo. Imagínelo mal afeitado y peor vestido en las reuniones de la plana mayor, desarmando con la armas ya descritas a los santones de la ortodoxia monetarista, los cortesanos de la política mundial como Madame Lagarde. Monsieur Trichet y Mr. Bernanke.



Sería de gran ayuda contar con un sujeto así. Porque en esta anunciada W recesiva hay dos lecturas contradictorias. La que dice que la desregulación financiera creó un sistema hipertrofiado de apostadores sin mesura, una economía de casino totalmente desligada de la realidad, que enriqueció a unos pocos y cuyos excesos hoy pagamos todos. Otra, más cínica en su origen y coreada por decenas de inocentes palomas que aún creen en el Conejo de Pascua, dice que es culpa del gasto fiscal y que la solución es austeridad, menos impuestos y más apertura comercial.


Cada una de estas visiones tiene su corpus epistemológico y su soporte estadístico para clamar asidero en la realidad. Pero nuestro hipotético House de la economía no se come las explicaciones teológicas. Sabe que en ciencias sociales la religión es veneno. Será intransigente en exigir que se les ponga un bozal a los fundamentalistas y a los apostadores. Y será implacable en atacar los problemas medulares de la economía en el largo plazo: la curva demográfica, la crisis del agua y de los alimentos, la dependencia de los combustibles fósiles.
Ahora, sí no encontramos a Dr. House pronto, la convalencia de este sistema moribundo quedará en manos de otro tipo de personajes. ¿Nurse Jackie, por ejemplo?"


(fuente: Blog del economista marginal, por Carlos Trombem, editor internacional de América Economía)....


¡Es la política, estúpido!

Paseando por Internet y mirando Twitter encontré el pequeño artículo que acaban de leer. Patricia Paltrow y yo, ya lo saben, cuando estamos juntos en Niúiork o en Buenos Aires, o en alguna playa junto al mar, solemos mirar algunos capítulos de la exitosa serie del Dr. House. Y una noche en que ella trataba de distraerme en su estilo Victoria Secret (una porción demasiado justa de ropa científicamente desabrochada y con un bretel casualmente caído...) y yo estaba agobiado en mi estilo Woody Allen por haber descubierto que no soy inmortal, qué novedad, nos encontramos con el interesante Blog de este llamado "Economista Marginal", que nos hizo reflexionar sobre dos cosas. La primera, que los economistas más importantes del mundo están polemizando hoy en todos los medios gráficos y electrónicos sobre las causas, las repercusiones, los riesgos y los culpables de la gravísima crisis financiera y económica en que ha vuelto a ingresar el mundo, pasado el peligro (o eso creíamos...) de la crisis de 2008, que muchos gurús pronosticaron como una remake terrible de la crisis de los años '30 en el mundo, que generara entonces nada menos que la 2°guerra mundial (y el Holocausto, claro), con la recurrente destrucción de Europa, parte de Asia, Japón e innumerables repercusiones de todo tipo en el planeta.

Pero la firmeza y los conocimientos de hombres como Ben Bernanke (Chairman de la Reserva Federal) evitaron que ello ocurriera luego de la caída de Lehman Brothers, en base a un aprendizaje de todo lo que el mundo hizo mal desde los años 1920 para enfrentae aquella depresión, a su propios conocimientos, a las teorías de John M. Keynes para enfrentar estas situaciones de recesión y depresión y al pragmatismo con que Franklin D. Roosevelt se arriesgó a enfrentar aquella crisis con una receta original como lo fuera el New Deal (algo parecido a lo que propone hoy Barack Obama y es resistido por el Tea Party) or su supuesto efecto expansivo-inflacionario (la inflación, usualmente, es consecuencias de excesos de demanda, y este no es el caso, salvo en países como la Argentina, que ha expandido el consumo interno más allá de las posibilidades de producción y/o importación de la economía real.


La 2° gran Guerra, tan anticipada por el mismo Keynes mucho antes en su libro "Las consecuencias económicas de la paz", no pudo sin embargo evitarse en aquellos años. Pero esta vez sí pudo hacerse (al menos hasta ahora), ya que la experiencia de entonces sirvió en 2008 para que la Reserva Federal, la secretaría del Tesoro y el recién asumido gobierno de Barack Obama supieran qué hacer para evitar una crisis de aquellas proporciones épicas que han sido mostradas en innumerables películas, pero que quizá mejor fueron expresadas por Charles Chaplin en Tiempos Modernos y El Gran Dictador, lo que le costó, de pasó, tener que exiliarse en Europa por el resto de sus días.


Pocos, hasta ahora, han observado y valorado que en 2008 se temía lo peor, y que lo peor pudo ser evitado entonces desde los EEUU. Luego vinieron esos gurús que se hacen famosos vendiendo malas noticias y profecías autocumplidas, para amenazar con una la famosa W (una crisis económica que empieza, se calma, se revierte y luego se profundiza otra vez). Qué buen negocio es vender malas noticias y alarmar a la gente.
Lo segundo que nos hizo pensar la polémica reflexión del Economista Marginal y su imaginativo llamado de auxilio al Dr. House (para evitar luego tener que sufrir de los cuidados de Nurse Jackie) es que el mundo se ha dividido en dos bibliotecas que pelean entre sí, con demasiada suficiencia, mucho fanatismo, ideologismo, casi religiosidad, demasiados intereses propios y una frivolidad que no considera los riesgos que está enfrentando éste mundo. Digamos que flirtean en el Titánic, con nosotros de pasajeros. Y en esta ideologización religiosa, fanática, de estas dos bibliotecas, la verdad parece ser la primera víctima, como en todas las discusiones y guerras.
Para cerrar este concepto, la conclusión es que el problema económico del mundo no es económico, paradójicamente, sino político. Europa es una economía moderna, competitiva, productiva y tecnológicamente avanzada, que no debería estar sufriendo estas vicisitudes a las que los políticos de la Unión Europea la someten por no haber cumplido hace años las reglas de Maastricht y haber abusado de la Economía del Bienestar, por haber evitado hacer ajustes fiscales en los buenos tiempos, y por abusarse ahora (en los malos tiempos) de una ortodoxia brutal que recuerda paradójicamente como trataron los ganadores de la 1° Guerra a la Alemania devastada, generando las condiciones para una nueva guerra mundial.
Es otra paradoja más de lecciones no aprendidas (el mito de Sisifo no es monopolio de los argentinos): la señora Merckel debería observar que está echándole la culpa a Grecia y los otros países mediterráneos la culpa de todos los pecados y prolemas (luego que los alemanes veranean, se descargan y se divierten salvajemente año a año en Mykonos y Santorini, olvidándose que son alemanos luteranos). Esto es exactamenete lo que Alemania no debiera hacer: pedir castigo con la excusa del riesgo moral a un "oso herido" como lo es Grecia, tan herido como lo estaba la misma Alemania cuando la obligaron a pagar las reparaciones de la primera guerra mundial, lo que llevó a los humillados alemanes a la segunda gran guerra. Y cuidado, esto no significa justificar su locura desatada, ni el nazismo, ni las atrocidades realizadas en el Holocausto. Muestra la brutalidad que puede desatarse cuando se producen estas presiones insostenibles y estos aprietes impagables en condiciones desfavorables.
Si alguien debiera conocer muy bien esto es, curiosamente, la misma Alemania, que tanto quiero por todas las veces que estuve allí, porque parte de mi familia vino de aquel país maravilloso y porque siempre he sido bien tratado cuando estuve de visita. 
Pero la frase "¡Es la política Estúpido!" no se aplica sólo a una Alemania (30% de la economía europea) que se dedica ahora (con más ideología que ideas) a abusarse de su poder relativo para aplicar "graciosamente", parche tras parche, salvataje tras salvataje, aspirinetas para Grecia y los otos PIGS, en vez de observar que el problema es sistemico y de toda Europa.
El Banco Central Europeo también tiene sus prejuicios ideológicos, cuando se resiste a bajar con excesiva timidez las tasas de interés, viendo que el problema hoy no es la inflación, sino millones de desocupados e indignados que sólo quieren vivir en paz y seguir usufructuando (aunque sea más modestamente) de la tan publicitada Economía del Bienestar del modelo Renano del que se vanagloriaron por años los europeos del Supereuro, con cierta superioridad, como riéndose del salvaje y supuestamente decadente capitalismo norteamericano.
Pero la frase "¡Es la política Estúpido!" se aplica también a los políticos de los Estados Unidos, más concretamente a los miembros del Partido Republicano que parecen odiar más a su Presidente Obama (por razones que no me atrevo siquiera a mencionar) y, dentro de este partido, a los muchachos del Tea Party, tan fanáticos de la misma Ultraortodoxia a destiempo como la señora Merckel.

El mundo tiene problemas: si Europa no encuentra rápido una solución definitiva y estructural para salvar a Grecia y los otros países periféricos y al Euro, para evitar un posible contagio a Italia, Portugal y quizá España (y siguen las firmas), se arriesga a un fenómeno estilo Lehman II, como bien lo denominó hoy Miguel Angel Broda en su ciclo mensual adonde asistí, previo Valium. Y si eso ocurre, textual, "si el escenario fuera ese, me corre un frío por la espalda", dijo el híperconsultor argentino. Sería un suicidio.

Pero hay más cosas que los políticos están pasando por alto. Ante todo, una inflación que no es causada por las habituales causas de un exceso de demanda clásico, sino por un boom en los precios de los commodities que se relaciona con el crecimiento poblacional de China e India y la aparición de nuevas clases medias en los países emergentes (Incluyendo las revoluciones del norte de Africa). No es una típica inflación de demanda, sino de costos, ya que los muchachos quieren consumir, quieren comida y la oferta no se ha adaptado a esta nueva situación de la demanda. Queda claro que una inflación de este estilo (apalancada y amplificada por la timba y la especulación que hay en el mercado de commoditiees, que agrega más presión en la medida que los capitales corren a refugiarse en estos commodities) no puede tratarse con ultra-ortodoxia ni con las viejas recetas. Ni con ajustes recesivos a mansalva que ponen a la economía global al borde del agujero negro que muestra la tapa del último The Economist.


Los políticos chinos ("¡Es la política Estúpido 3!") también juegan a las escondidas, y siempre es un misterio su falta de transparencia y su negación constante a tomar partido en un mundo en que ya tienen una buena porción de "acciones" del planetita, dado su tamaño y su cantidad de habitantes. ¿No piensan asumir sus responsabilidades políticas, económicas, ecológicas, pese a ser ya la tercera economía del mundo?

Junous, como me dice @paltrowdescalza, su nuevo nickname en Twitter
para hablar conmigo y jugar a la telenovela electrónica que empezamos ahora... Muy estimulante y keynesiana, y muy poco ortodoxa, por cierto.


Amigos, evidentemente estamos en una encrucijada. El problema no es de economistas, sino de políticos. En Europa, Lagarde (la enigmática mujer que maneja ahora el FMI), Merckel, Sarkozy y algunos más que están comprados al ajuste, el moral hazzard y hacer pagar a Grecia el castigo de haber bailado alegremente por demasiado tiempo al estilo de "Zorba el Griego" (olvidan que todos ellos también veraneaban allí, ensuciaban allí y tomaban cerveza allí y cosas más fuertes, alegremente, ya que era su propio patio trasero, como México lo ha sido de los EE.UU.).

El Dr. House los mandaría a todos ellos a un psiquiatra, sin duda, junto a a los indignados que protestan en todo el mundo desarrollado luego de sacar plata del cajero automático del que tanto reniegan. O al menos mandaría a estos políticos y economistas obsesionados por su jubilación de funcionario internacional a cursar de nuevo Economía I y II, además de explicarles quien era el tal John Keynes. En USA, los del Tea Party y algunos republicanos quieren erosionarlo a Obama por ser demasiado respetuoso, un poco blanco, un poco negro, y seguramente muy decente, algo que a algunos muchachos del Tea Party les molesta porque no tienen otras razones para echarle la culpa de una crisis que le dejaron ellos mismos, durante la pésima presidencia de George W. Bush.


Y el bueno y sufrido de Ben Bernanke, que es el que la tiene más clara, se quedó con pocas herramientas en un barco a la deriva, luego que Allan Greenspan, años atrás, inventara los esteroides monetarios, inocentemente, para luego quejarse él mismo de la exuberancia irracional que había desatado.



La Dra Cameron, la mejor del equipo del Dr. House, como lo hubiera atestigudo el mismísimo Dominique Srauss Kahn. ¿No les parece que está pidiendo pista en esta foto?
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Amigos y no tan amigos, sí los políticos de USA y de Europa no dejan de lado sus ideologías, sus prejuicios y su austeridad (la peor medicación en estos momentos de crisis de demanda), habrá que llamarlo al Dr. House, para que venga a ayudar con su eficiente equipo de médicos liderado por la Bella Dra. Cameron. Y si esto falla, si a nadie se le ocurre que se trata de más Keynes y menos de ortodoxia fanática, más ideas y menos ideologías, el mundo podría ingresar en una caja de pandora llamada Efecto Lehman II. En ese caso, como lo pensó el Economista Marginal y lo ratifica Broda, quedaremos todos en manos de Nurse Jackie. Una película de terror.

Estamos en medio de una profunda crisis de la economía del Bienestar, que ahora que convenció a los indignados para que quieran más capitalismo y coca cola, no encuentra la manera de inventar medanismos para que la oferta y la demanda, simplemente, se pongan a hacer el amor sanamente, y no perversamente.

Listo. El nuevo link para leer las Cartas desde el Ciberespacio es...     http://www.elhombreelectronico.blogspot.com/Me voy a dormir la "siesta cucharita" con @paltrowdescalza.

Hasta la Victoria Secret.

El Hombre Electrónico
(@homelectronico)
(políticamente incorrecto)

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Pero antes, obvio, les dejo el primer capítulo de mi última novela, "Exiliado en el ciberespacio" y les copio el link para leerlo, así como la tapa y la contratapa de la novela.

http://issuu.com/autoresdeargentina/docs/exiliadoenelciberespacio









Si lo desean, lo pueden comprar en...

• La versión “Galaxia Gutenberg” (en formato libro, en papel) se vende por mail, dnaszewski@gmail.com, para recibirla por mensajería en donde lo deseen.

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- Ecobook, librería del economista -

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Exiliado en el ciberespacio



Prólogo y primer capítulo de nueva novela,
"Exiliado en el ciberespacio"
















Para quienes quieran “Exiliado en el Ciberespacio”, hay varios caminos…

• La versión “Galaxia Gutenberg” (en formato libro, en papel) se vende por mail, a dnaszewski@gmail.com, para recibirla por mensajería en donde lo deseen.


• La versión “Galaxia Gates” (en formato digital para leer en su computadora o su netbook, en el tablet Kindle, en el iPad o en otros formas de lectura digital), ya se puede comprar en…

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Un abrazo, hasta la Victoria Secret


El hombre Electrónico
(políticamente incorrecto)

Carta desde el Ciberespacio número 290, viernes 21 de octubre, 2011



DOS FORMAS DE VIVIR, DOS FORMAS DE MORIR


Una revolución pacífica versus la violencia como forma de vida

Si el valor de una persona puede medirse en estos tiempos pos-posmodernos por el precio de sus "acciones", en el final de sus vidas las acciones de Steve Jobs cotizaban al borde de los 400 dólares cada una en Wall Street, seguramente la más cara del Indice Nasdaq, mientras las acciones de Muhamar Gadafi no valían nada. Así terminó, como empezó, su vida, aquel Coronel a quien seguramente ya nadie le escribía. No murio ni siquiera con la dignidad suficiente para impedir que murieran tantos inocentes de su "amado" pueblo, con su "guerrita civil" de estos meses, en donde las bajas deben haber sido de miles, de un lado y del otro, todo para quedarse en un mundo en que, por cierto, hay pocos capaces de irse, de renunciar, de abandonar, de tener la grandeza de irse por las buenas y respetar los deseos de las mayoría. Hombre atornillado a su cargo imperial, como tantos.
Gadafi se llevó puestas muertes innecesarias. Muertes caprichosas. Muertes crueles y muy dolorosas en la gente de ese pueblo que amaba, según él mismo lo decía.
Fueron muertes provocadas por un líder mesianico como los tantos que todavía quedan en el mundo, pese a todo, y que se creen con derecho de tener siempre la razón, de ser los dueños de la verdad, arrogándose el derecho de dominar a sus pueblos, seducirlos con falsas promesas, con magia, con pescaditos de colores que nunca llegan, con hamburguesas y cocacolas que anhelan humildemente para sentirse parte de esta gran aldea global, mientras el empobrecimiento avanza, avanza, avanzó hasta que terminó en una tragedia.
Lo de Libia también fue un tema de indignados. De indignados pobrísimos, no como los de Europa o Wall Street. Claro, no soportaron más a un lider que estuvo más de 40 años en el poder y se creía el conductor "natural" de su país, con esa dósis de falsa religiosidad y omnipotencia disfrazadas de sabiduría, idealismo, progresismo y tantos ismos más de este tipo de personalidades. 
Hoy no es un buen día para el mundo: indignados 1- líder mesiánico 0. Ninguna muerte es buena, aunque en este caso millones de personas se alegraran de la muerte del fanático lider mesiánico y es posible que con este cesen más muertes innecesarias, lo que no es poco decir. Sólo hay que rezar para que a esta dictadura no la supla otra más, otra vez. ¿Civilización o barbarie en el siglo XXI?
Para peor, Gadafi ni siquiera tuvo la calidad humana de morir con alguna dignidad. Ni siquiera con una mínima dósis de grandeza para evitar más muertes de su pueblo. El "Señor de la Guerra", con su pistola de oro, fue muerto por la furia de la gente, aunque no se sabe mucho más. Escondido en un pozo, herido, herido en su soberbia, no sólo en su cuerpo. Y seguramente sin alma, aunque dijera otra cosa en medio del delirio místico que lo había aquejado desde hace mucho tiempo y no lo abandonó más.
Sin duda, un hombre sin amor. Un hombre que hace más de 40 años sustituyó a un rey, y que sentado en una montaña de oro negro que representaba la posibilidad de hacer crecer a su pueblo, y desarrollarse, y educarse para tener una vida mejor, se dedicó por más de tres décadas largas a gastar ese petróleo no sabemos en qué, si en armas para defenderse y construir un bunker de poder, si en una fortuna inimaginable depositada en algún banco suizo, si en construirse castillos vacíos, si en propaganda, regalos baratos y la compra de voluntades, por las buenas o por las malas.
Visto así,para los canibales, ayer fue "buen" día: indignados libios 1- Gadafi 0. Irremediablemente. Para siempre. Y ahora sólo falta esperar que ese pueblo, que quiere seguramente vivir en paz (aunque posiblemente esté aún cargado de odio y resentimiento por los 40 años de promesas y revoluciones incumplidas una y otra vez), quizá tenga la sabiduría de superar sus frustraciones y amarguras enormes y tener la capacidad de ingresar en el siglo XXI, el siglo de la democracia, de la inclusión social, del crecimiento económico de los que se esfuerzan y entienden que la única revolución posible no es la magia, sino el esfuerzo, el trabajo, la creatividad, en vez de esperar a un lider mesiánico que nos resuelva los problemas.
Primera reflexión. Lo conversamos con Patricia Paltrow toda la tarde, vía Skype, ella estaba en Niúiork, yo en Baires, y los dos nos quedamos profundamente conmovidos por el final anunciado de una revolución imposible, falaz, tan canibal como lo era el mismo Gadafi, sin magia, desilusionante como el final de toda ilusión.

Pero Paltrow, a quien yo miraba sentada sobre su escritorio del banco en que trabaja 10 horas por día, con una pollerita de aquellas, una blusa sencillita siempre blanca y demasiado abierta a propósito, y por supuesto descalza, con unas medias de colores fuertes, llegó más lejos con la reflexión:

El IPad, una potente arma para la paz,
el crecimiento y la comunicación

- Flaquitogordito -me dijo, con aquella mirada y sus ojos de colores-, compara el final casi mísero de Gadafi con el final heroico de Steve Jobs. Ambos fueron hombres ferozmente poderosos. Ambos empezaron de abajo. Steve (hablaba de él y se emocionó) empezó, como Bill Gates, en el garaje de su casa, allí empezó a desarrollar su primer objeto tecnológico, una PC que llamó Apple. Luego vino la siguiente, la II. Empezó como Gadafi, un poco después, en los años '70, pero su "reinado" se lo ganó sin matar a nadie, sólamente siendo un genio y rodeándose de otros genios y laburantes, lanzando un producto tras otro, innovación tras innovación, con un 10% de inspiración y 90% de esfuerzo. Luego inventó el mouse (¿lo sabías flaquito, ese famoso ratón del ordenador del que se hacen tantos chistes sexuales...?). Y luego vinieron las I-Mac, las Mackintosh personales, la apuesta a computadoras con mucha aplicación gráfica. A los 26 años Jobs ya era millonario. En 1981 fue portada de la revista Times. Y luego los años noventa, corriendo carreras a Bill Gates, a la competencia en las PC's personales y a la mismísima ley de Moore. El resto es conocido: El IPod, el IPad, el IPhone, todos los aparatitos que mejoraron las comunicaciones del mundo, y nos acercaron a vos y a mi en esas noches que nos extrañamos vos en Baires y yo en mi depto en Niúiork que siempre te espera conmigo para ser felices de dormir cucharita todas las noches.

La pistola de oro puro de Gadafi, un arma potente
para la muerte y sentirse poderoso

Paltrow seguía hablándome con emoción de Steve Jobs. Yo la escuchaba y miraba obviamente en la pantalla de mi Dell Computer, a través de la webcam, claro... "Luego Jobs le peleó a la muerte -dijo-. También, al cáncer de páncreas que lo atacó hace años. Pero siguió trabajando. No le echó la culpa a nadie. Cada presentación de un producto nuevo aparecía más flaco, más envejecido, pero siguió adelante con esa cultura del trabajo que lo hizo otro de los hombres más ricos del mundo, él y su empresa, claro. No sabía hacer otra cosa. No amaba otra cosa más que eso, la innovación, la comunicación, su familia, los hijos, y pelear, pelear todos los días (porque los empresarios verdaderos, gordito, trabajan de lunes a lunes, ya sabés")...
Y luego vino el trasplante de hígado, retirarse de la empresa, "abdicar el trono" con grandeza eligiendo al mejor para que siguiera construyendo su obra. Alllí siguió  su pelea con la muerte, dignamente, aunque fracasó en esa, su última batalla, hace exactamente 15 días. 

El IPhone, su último hijo, que
en estos días bate réords de ventas.

Era jueves. Hoy mismo. Yo la escuchaba a Paltrow contar su historia, conmovidos como estamos todos por lo que ocurre en el mundo, Grecia, los caprichos de los alemanes que quieren hacerle a Grecia lo que los aliados les hicieron a ellos al perder la primera guerra (Leasé Keynes), la esperanza que el domingo el grupo de los grandes países del mundo decida de una vez enfrentar el problema europeo antes que sea demasiado tarde para el mundo, llevándonos a una recesión global impredecible, lo ocurrido en Libia, los indignados de todo el mundo manifestándose en diferentes países, la volatilidad de los mercados, los pesimistas que anuncian el Apocalípsis (buen negocio) y los optimistas que creemos que el siglo XXI puede ser mejor que el siglo XX, pese a la frivolidad ambiente en este mundo light, con principios intercambiables como los de Groucho Marx, y el peligroso "nomeimportismo", claro.
Y de repente vi que Paltrow estaba llorando en su oficina de Niúiork, de la Calle de la Pared, y no supe qué decir. Era todo tan claro. Dos hombres, dos vidas tan diferentes, el éxito y el fracaso (esos eternos farsantes). Y le dije "te quiero", y colgé mi skype y ella seguramente colgó su nuevo IPhone 4 que estaba estrenando de manera tan triste.

¿Vos ya te compraste un IPhone 4?


La gente cree que los economistas no sienten, no tienen sentimientos, y si trabajan en un banco, menos. Pero Paltrow siguió llorando. No por Steve Jobs, no por Libia. Lloraba por el mundito este en que estamos metidos, y en donde unos pocos políticos aquí y allá creen tener la verdada revelada y siguen prometiendo revoluciones, muchas revoluciones, demasiadas.  

Al menos, lo de Steve Jobs fue la revolución de un laburante, un trabajador que tuvo un merecido éxito en su vida.

Eso es todo. Les mando esto y me voy a dormir, que mañana tengo radio el Mundo con Pablo Wende, de 9 a 11. Es tarde. Tiempo de reflexión.


Un abrazo, hasta la Victoria Secret.


El Hombre Electrónico
(políticamente incorrecto)



Carta desde el ciberespacio número 288, del 31 de agosto de 2011






Las cartas desde el ciberespacio se mudan a Twitter...

@homelectronico



La última carta




“Los pueblos tienen los dirigentes que se les parecen”

André Malraux

Hola gente, amigos y no tan amigos. Esta no es una despedida. Simplemente cambiaré mi forma de llegar a ustedes. Cuando comencé a escribir las cartas desde el ciberespacio, enviar estos correos con mis análisis económicos y mis reflexiones sobre la situación de la Argentina y de las finanzas internacionales tenía sentido. Ustedes, los lectores, tenían mucho más tiempo de leer, y más deseos de hacerlo, y lo disfrutaban, ya que la realidad era más soportable, con lo que el desafío de reflexionar era un camino de ida y vuelta que nos enriquecía a todos. Y yo sentía más placer y menos angustia, cuando trataba, modestamente, de explicar la realidad y reflexionar sobre nuestro mundo.


Empecé con mis cartas hacia setiembre de 2004, esto es, hace nada menos que 7 años, en que casi sin interrupciones les envié todos los jueves una carta como estas, algunas mejores, otras peores, pero siempre escritas con la misma pasión y el mismo respeto para quienes pensaban como yo y para quienes pensaban diferente. Es que una de las ideas era justamente este: el debate, crear un ámbito para provocar el libre pensamiento. Pero luego la Argentina profundizó otra vez el viejo camino de atarse a ideologías, antes que debatir sana y de manera respetuosa las ideas de todos.


Pero pasaron muchas cosas, en el mundo y en la Argentina, que hacen que les deje de enviar mis cartas como las escribía hasta ahora.


Ante todo, la tecnología. La ley de Moore es maravillosa: aceleró el cambio tecnológico hasta tal punto que así como las máquinas de escribir manuales ya son obsoletas (pero siempre entrañables y queridas), las computadoras empiezan también a ser “viejas” y ahora comienzan a ser sustituidas por “tablets” pequeñas y poderosas. Bienvenido el progreso, no podemos renegar de él, sino alegrarnos porque nos puede mejorar la vida a todos, si tenemos la capacidad de manejar estos instrumentos y no dejar que estos nos manejen a nosotros.


Así, el recurso del mail empieza a ser sustituido por las redes sociales, como Twitter o Facebook, entre otras. La comunicación por Internet, así, está tendiendo a ser más breve, a veces más frívola, siempre más rápida. Y eso se combina con gente que vive apurada y que ya no tiene el tiempo que tenía antes en sentarse a leer, y a disfrutar, de un diario de papel, de una revista, de un trabajo académico que se salga de las pautas del un “Power Point” y no sea rápido, conciso, certero. La frase “el tiempo es oro”, con la onza del metal rondando 1.900 dólares, se hace día a día más concreta, las personas requieren frases cortas e información digerida, porque las horas parecen durar menos de 60 minutos, pese a que la esperanza de vida aumenta (“la vida es tan corta y las horas son tan largas”, escribió Borges en su poema, quizá interpretando correctamente el sentimiento que muchos tenemos sobre el transcurrir de nuestras vidas).


Yo disfruto de escribir, sé que muchos de ustedes disfrutaban de leer, pero entre una realidad a veces difícil de tolerar y un esfuerzo competitivo por seguir en carrera que no nos deja tiempo para nosotros mismos, lo cierto es que mis cartas desde el ciberespacio deben cambiar, buscando un lenguaje, una forma, un estilo, para que los mismos contenidos les lleguen a ustedes adaptados al maravilloso y desafiante tiempo que tenemos por delante.


Pero hay otras razones que son más importantes y más graves. Estoy triste por lo que veo que le ocurre a nuestro país, y nunca quise transmitir tristeza ni pesimismo. La saga, el romance entre Patricia Paltrow y yo, no fue otra cosa de intentar mostrarles la belleza de la vida cuando transcurre con alegría, con amor, con respeto, con inteligencia y apertura mental, las condiciones para crecer como personas. Think Different, fue mi provocación de cabecera, lo que se choca con un país que marcha a un pensamiento único y regimentado.


Me había prometido a mi mismo dejar de escribir mis cartas, así como las conocen, antes de las elecciones, cualquiera fuera el resultado, aunque reconozco haberme equivocado en los pronósticos como la mayoría. Los que me conocen –que no son pocos- saben que lo que ha ocurrido no es de mi agrado, y que no soy optimista respecto a nuestro futuro. Pero debo respetarlo. Y no quiero ser yo quien lo anticipe, porque puedo equivocarme como alguna vez me ha ocurrido en el pasado. Aunque me duele enormemente ver lo que le ocurre a nuestra sociedad, a nosotros mismos. No me refiero sólo al cincuenta y pico de conciudadanos que votaron en agosto pasado a los candidatos del Kirchernismo, algunos por idealismo y honesta confianza en lo que vendrá, otros porque se sienten rehenes de planes sociales que temen perder sino votan de tal o cual manera (los miembros del famoso y sufrido cuartil inferior de nuestra socidad), y unos terceros, los que más “duelen”, por haber elegido el camino del pragmatismo, del individualismo extremo, votando más con el bolsillo que con sus propias convicciones. Como lo dijo Groucho Marx, “estos son mis principios, pero sino les gustan tengo otros”. Conozco, lamentablemente, a muchas personas de la clase media y la clase alta que han votado según estos principios intercambiables, quizá por temor a que el “síndrome de 2001” pueda volver a repetirse, por temor a una explosión, por miedo a que se repita otra vez alguna de las explosivas 5 crisis terminales que vivimos desde los años ‘70. Aunque no soy quien para juzgar a los demás, creo que se han equivocado, claro, porque si algo ha caracterizado a nuestra economía en estos últimos años es que si creció rondando 9% anual (quien lo sabe, si las estadísticas son truchas) no fue gracias a la política económica sino a pesar de ella. Más bien, “gracias a la soja, que me ha dado tanto”, gracias al viento de cola internacional, a la suma de los habitantes de China, India, algunos países asiáticos que venían del subdesarrollo y la catarata de revoluciones africanas que afortunadamente se sacaron de encima a dictadores con décadas en el poder, anhelando (y quizá lo consigan con los años) construir sociedades más igualitarias, respetuosas, y ambicionando genuinamente y con todo derecho de dejar de ser los excluidos del mundo. Y esto, en sí mismo, es una gran noticia que no debemos pasar por alto. El mundo, salvo la Argentina, camina hacia el futuro. Y los gobernantes de cualquier lugar, esos, que se quieren quedar eternamente, deberían aprender estas lecciones: que no somos eternos ni mucho menos, que la muerte nos llega como a todos, obres o ricos, poderosos o gente de la calle. Y que la sociedades, en este maravilloso y pujante siglo XXI, no está dispuesta a aceptar nuevos dictadores, aunque se vistan con el ropaje de la democracia, pero se quieran quedar porque se creen mesiánicos, imprescindibles. Nadie, amigos, es imprescindible, por suerte.


¿Cuándo se terminarán las diferencias irreconciliables?




Por otra parte, la presión favorable para la Argentina que generó un Brasil invirtiendo y creciendo fuerte, incluyendo en el consumo a más y más pobres que pasaron y pasarán a la clase media, todo lo que arrastró a la Argentina para que produjera más autos y otros productos. Ambos países, como siempre, en la contratara: Brasil creando ahora más nuevos ricos, y la Argentina ahora creando más nuevos pobres, más allá de lo que digan las estadísticas y algo que es simplemente constatable caminando por las calles de la ciudad: la miseria humano que no queremos mirar.
Y claro, no puedo dejar de mencionar al insostenible y peligroso boom del consumo interno generado por una política económica burdamente keynesiana, exactamente en momentos en que había que ser mesurados, prudentes, para construir una economía y una sociedad que fueran sustentables y en donde ese keynesianismo sano promoviera a su vez un desarrollo sano, con inclusión, y gente que aprendiera que la magia no existe, ya que la única manera de crecer es con premios y castigos, trabajando, esforzándose, y no esperando que la “teta” del Papá Estado les resuelva su vida y los convierta en gente que va por la vida eligiendo una y otra vez el camino más fácil. El facilismo, amigos y no tan amigos, nunca llevó a buenos resultados. Seguramente Keynes, desde el pargo plazo de la muerte, debe estar riéndose de quienes en la Argentina, en su nombre, construyen una economía con las semillas de su propia destrucción.


Pero también estoy enojado con parte del otro 50% de la sociedad argentina, o más bien entristecido, porque vi a empresarios callarse la boca, a periodistas con temor, a jubilados sin esperanza, a políticos de la oposición que mezquinamente fueron incapaces (no todos, claro) de tener el gran gesto de generosidad de “bajarse”, renunciar, y apoyar al mejor.


La Argentina tiene dos tipos de problemas. Unos, los problemas subestimados, que son los institucionales ¿a quien le importan esas pavadas, dicen, sin haber leído el poema de Bertold Brecht (“pero ahora vienen por mi, pero ya es tarde”). Nuestra justicia funciona muy mal (¿hay que decirlo?), nuestro Poder Legislativo se compra, se vende, se cambia, se negocia, y como Groucho Marx, tiene en general principios intercambiables según las necesidades.


Y aunque hay muchas y honrosas excepciones que prometen un cambio positivo a futuro, no han podido en este año construir una masa crítica de personas capaces de darse cuenta que sin República, sin instituciones, sin justicia, sin seguridad, sin orden, no queda ninguna posibilidad que el país avance, se desarrolle. Logrará producir y vender muchos autos, plasmas y ladrillos, generará consumidores ávidos de llegar como sea a comprar esos productos, pero si las instituciones fallan, caminar por la calle nos podrá seguir costando perder en un segundo la vida, esto es, todo lo que hemos logrado. Pasa en TNT, pasa en la vida, pasa en la Argentina.


Mi conclusión, la mía, la personal, la meditada por años, es que somos una sociedad que está fallando y mucho. No son los Kirchner ni los Menem ni los Alfonsines ni los militares ni los terroristas, solamente. Somos nosotros, todos nosotros, que nos creemos los dueños de la verdad, que manejamos con prepotencia, que rozamos la psicopatía, manejamos la culpa, manipulamos y defraudamos, además de darnos vuelta y querer estar en misa y en procesión al mismo tiempo.


Y hasta que nosotros no cambiemos, no mejoremos, no nos demos cuenta que la vida no es pragmatismo, individualismo, “nomeimportismo” y “sálvese quien pueda”, podremos seguir creciendo al 9% anual (aunque ahora ya ni eso, ya han vuelto los déficit gemelos, la inflación, las distorsiones peligrosas), pero no construiremos una sociedad con jóvenes que quieran quedarse, con viejitos que no se mueran de angustia, ni pobres muy pobres que se pelean y se matan con otros pobres muy pobres. Somos nosotros, claro, nadie más. No le echemos la culpa a nadie, como lo dice un buen amigo de Radio el Mundo.


Tenemos que cambiar, así de simple, tenemos que dejar de ser un jardín de infantes, adolescentes tardíos, y convertirnos en hombres y mujeres en serio. No hablo de todos, sino de muchos, claro. Al que le quepa el sombrero, que se lo ponga. Esa es la próxima tarea, demorará años, no días, no semanas. Quizá generaciones. Ese es el trabajo que haré, porque no sé si lo dije, pero no me iré de la Argentina, más allá de las caritas seductoras de Paltrow para que me vaya a vivir con ella a su apto de Parkaveniú…




Me queda la palabra



Eso es todo, amigos, estas son las razones por las que esta es la última carta de esta serie de amigables y entrañables palabras que en estos 7 años les fui enviando, gratuitamente, a ustedes, por el solo placer de hacerlo, para devolverle a mi país todo lo bueno que recibí a lo largo de una vida que considero feliz y afortunada, y que seguirá siendo de la misma manera hasta el último aliento, hasta que pierda la pasión.


Les agradezco a todos. No voy a hacer nombres porque sería una lista inacabable y temo olvidarme de muchos. No sé a cuantas personas les llegaban mis 3000 cartas semanales enviadas por Internet, ya que muchos las reenviaban a sus amigos y estos a otros, y porque mis amigos de la Fundación Atlas (a quienes leen miles de personas) las replicaron casi sin excepción durante estos años. Y les agradezco también a algunos pocos y honorables empresarios, que, también, me apoyaron cuando los necesité, aunque fueron pocos, hay que decirlo. Nuestros empresarios no nacieron de un repollo, son como el resto de nuestra sociedad: son demasiado pragmáticos y acomodaticios, tanto que no siquiera conocen sus propios intereses. Tanto que serían capaces de venderle la soga a las hordas de desaforados, resentidos y odiadores seriales que quisieran colgarlos en una plaza pública por creer en el capitalismo.


Tengo la conciencia tranquila. Me puedo mirar en el espejo con un poco de orgullo, aunque estas últimas palabras puedan sonarles tristes. No sé cuantas personas pueden decir lo mismo, en un mundo en que todos “se la creen” y dan cátedra y no dejan hablar a los demás porque creen haber nacido sabiendo más que los demás. Hay algo de tristeza, sin embargo: he fracasado, quería ayudar a construir una Argentina mejor y hoy no lo es, todo lo contrario, aunque haya más celulares, plasmas, ladrillos y autos.


Les pido perdón a los que he ofendido sin querer, no suelo hacerlo, no es mi estilo, pero debo hacerlo, y de corazón.


Por último, está conmigo Patricia Paltrow, la mujer de Niúiork Niúiork, la banquera de la Calle de la Pared, con quien nos divertimos y nos amamos mientras yo hacía estas cartas y ella me ayudaba con su particular estilo seductor que siempre me desconcertaba con sus ojitos de colores, sus camisas blancas, sus short de jean siempre agujereados en el lugar más tentador, sus cabellos al viento a veces rubios y a veces castaños (nunca sabré cuál es su verdadero color). Y sus pies generalmente descalzos y juguetones, con o sin las sandalias que se compra siempre en el Gucci de la 5° Avenida, justamente para volver locos a los hombres y hacerles perder la calma.


Ya ven, esto no termina, nada termina, seguiremos conversando como antes, con menos tiempo pero con la misma amistad. Y con un objetivo diferente; ya no hablar de economía, ni de política, sino del esfuerzo que deberemos hacer cada uno para ser mejores personas, independiente de lo que hagan los demás. En una sociedad de caníbales, les propongo no comernos a los caníbales y convertirnos en uno de ellos.


Gracias por seguirme, por pensar diferente o parecido, por apoyarme en todos estos años y por alentarme a seguir adelante.


Ahora sólo me dedicaré a Patricia Paltrow y a otras cosas dulces que hace una personita a la que quiero mucho.
http://algodulceporfavor.terapower.net/


Les pido a todos los que quieran seguir leyendo mis reflexiones políticamente incorrectas que lo hagan a través de Tiwtter, el nuevo lugar desde donde me comunicaré al estilo del Siglo XXI….


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¿Te animás a crecer y a cambiar?


Un abrazo, y hasta la Victoria Secret…


El Hombre Electrónico
(políticamente incorrecto)