Carta desde el ciberespacio número 222, del 13 de agosto de 2009

Gladiador, la película, y una metáfora sobre el circo romano http://www.elbukanero.com/clip/431/futbol_mujeres_bonitas.htm
La realidad versus la magia... Menos pan, más circo
Hola gente, amigos y no tan amigos. A veces luego de almorzar me acuesto no más de 45 minutos, antes de seguir con mis actividades, como lo solía hacer Domingo Cavallo cuando era ministro de Economía y como lo hacen muchos CEO’s amigos habitualmente, aunque no puedo decir de quienes hablo porque sus jefes regionales o internacionales (que no duermen nunca) podrían mandarlos castigados al rincón, sobre todo en estos tiempos electrónicos en que el radar vigila siempre (a través del blackberry, por ejemplo) y en que el concepto mismo de productividad se ha dejado a un costado, priorizándose hoy los apuros de la coyuntura antes la verdadera salud y la competencia genuina y sana de largo plazo. Dicho crudamente, la urgencia manda por sobre la estrategia, el pragmatismo por sobre los principios. Pero esto es otra tema. Muchos de estos buenos amigos ejecutivos que tengo hasta tienen unas frazaditas muy monas de las que “regalan” en la business class de las aerolíneas serias como Lufthansa o Air France, que son demasiado chicas como para dormir cómodamente en una cama, pero muy útiles para una siestita de 45 minutos disfrutada en el sillón grande de la oficina. De paso, hay que aclarar que son absolutamente pequeñas como para cubrir a dos personas y que por eso algunas esposas no temen en dárselas tranquila y amorosamente a sus maridos, para que las tengan con qué taparse en la siestita de la oficina (esto me lo explicó Patricia Paltrow el otro día). Claro, ella de esas cosas entiende mucho, hasta promete que cuando se retire escribirá una especie de libro antropológico llamado “memorias de los hombres que la se creen”, o un “manual del nuevo rico”, o algo así, para divertirse y divertirnos a todos. De más está decir que de allí podría provenir aquella vieja frase de la “frazada corta” que tanto le gusta a los contadores para explicar los problemas fiscales de un país o de una empresa. Lo concreto es que a ella, a Paltrow, le quedan muy bien esas frazadas cortas, así como las camisas que me roba siempre cuando se levanta de la cama y que, sin duda, le quedan mejor que a mí, pese a que las usa siempre medio desabrochadas y arrugadas. Pero eso no es magia, sólo seducción de la linda Eniuai. “Gordito, ¿no estarás soñando otra vez?”, me preguntó recién Paltrow, cuando me llamó desde el móvil de Skype que me mandó de regalo antes de ayer para que pueda caminar por la casa mientras hablo con ella a través de la PC, y que de paso usa para llamarme y despertarme dulcemente desde su buró de la Calle de la Pared hasta mi escritorio de Barrancas de Belgrano, pese a las 5.250 millas de distancia que hay entre su lugar en el mundo (Niúiork Niúiork, claro) y mi lugar en el mundo (Barrancas de Belgrano). Maravilloso, para hablar por teléfono a la esquina, o por celular al centro, tengo que pagar pulsos que generan arritmias, mientras que para hablar con rulitos Paltrow a los iúesei sólo necesitamos tener las notebook encendidas, hacer Send y decir Jelou, simplemente jelou, desde mi Dell Inspiron hasta su Sony Vaio hiperfemenina y hasta con minifalda. Viva la globalización. Por lo demás, debo decir que no sé si estaba soñando o no. Ocurre que hace unos días estoy tomando un betabloqueante, y uno de sus efectos secundarios es provocar “mayor cantidad de sueños”, según el prospecto. De hecho, yo estaba escuchando radio el Mundo (Am 1070), y me parece (o lo soñé) que hablaba un experto muy conocido en granos, que le explicaba a mi amigo Nacho Riverol que así como la Corriente del Niño provocaba sequías y nos había castigado durante los últimos tiempos, ahora debería llegar la Corriente de la Niña, cuyos efectos locales serían una cuota mucho más extensa de lluvias y humedad, con el regalo adicional que cuando ello ocurre provoca en el otro lado del mundo (por aquello que en el ecosistema de Gaia todo tiene que ver con todo) una sequía que pondría en riesgo la producción de cereales y oleaginosas de nuestros compradores asiáticos, lo que a su vez podría beneficiar a las exportaciones de la Argentina y hasta a las cuentas fiscales (al mejorar la demanda y las cotizaciones). Dicho crudamente, apostemos a la malaria de los demás… Como dice Paltrow, “aidonbiliviu, flaquitogordito”. ¿Para qué esforzarnos aquí si el clima y el viento de cola pueden ayudarnos más? Pero insisto, aquella conversación radial no sé si la soñé, o si ocurrió realmente, aunque me pregunto si también ahora habrá que leer el horóscopo antes de saber si invertimos, si sembramos, si producimos, si construimos, ante la falta de un clima de negocios con señales claras y estables existente en la Argentina a lo largo de estos años, señales que nos ayuden a tomar nuestras decisiones. ¿Habrá que repartir betabloqueantes para todos, para que la vida sea un eterno vivir soñando y evadir la cruda realidad?, me pregunté. Qué bárbaro con el pensamiento mágico, esto ya parece otra vez la búsqueda de la leyenda de El Dorado, pensé. “La culpa debe ser del grupo Clarín”, se me ocurrió entónces, siguiendo con esta costumbre de los funcionarios de echarle la culpa a la comunicación y a los medios de todo lo que ocurre en el planeta, ni hasta en eso son originales. Y esto nos lleva directamente al tema de hoy: la Argentina (dirigentes y dirigidos) es un país que sigue creyendo en los reyes magos, sigue soñando que las cosas no tienen costo, o que ese costo se lo podemos trasladar a otro, sigue imaginando que pagar el precio de lo que deseamos puede evitarse mágicamente, con un simple, sencillo e infantil voluntarismo (o estatización, sin ir más lejos, o echándole la culpa al golf, o a las empresas privadas, o al gobierno anterior, o al neo-neo-neoliberalismo), como si fuéramos un país de cartoon network, de dibujito animado, de jardín de infantes, como si Dios fuera argentino, aunque existieran algunos hombres mesiánicos y providenciales que pudieran realmente ser capaces de producir un auténtico milagro argentino como bajar los impuestos por decreto, redistribuir la “riqueza” como si fueran el mismísimo Robin Hood o hacer que el fútbol pueda ser gratuito para los 40 millones de argentinos con una simple decisión de cúpula. ¿Será otro de los efectos de la kryptonita verde?, me pregunté ¿Acaso todo puede resolverse con la palabra mágica de la que tanto habla Kricri cuando da sus discursos sobre el bendito modelo, la “redistribución del ingreso”… Jeje, ¿a qué se referirá?

El fútbol y el Estado, según The Economist . La decisión del Gobierno de adquirir los derecho televisivos del fútbol fue comparada con la estatización de Aerolíneas Argentinas, el Correo Argentino y la apropiación de los fondos de las AFJP, según un informe del diario británico The Economist. En el artículo, titulado como "La mano de oro", en referencia a la famosa "mano de Dios" de Maradona, The Economist hace hincapié en la política de estatizar que adoptó el gobierno del matrimonio Kirchner. (fuente; La Nación, jueves 13 de agosto)___________________________________________________________________

Capítulo único, qué inteligente, para enfrentar la realidad a Kirchner se le ocurrió la magia y el circo romano Cada tanto me acuerdo de Pinky y Cerebro, los simpáticos ratoncitos del dibujito animado de Cartoon Network. Es algo que me ocurre últimamente cada vez que la escucho hablar a Kricri o su admirado marido ganancial Néstor (que debe estar tomando muchos betabloqueantes, por lo tranquilo y reposado que se lo ve pese a todo). De repente, se me aparece la famosa frase del ratoncito Cerebro cuando Pinky le pregunta “qué vamos a hacer esa noche”, y él le responde, con su cara de malo y amargado, “lo mismo que hacemos todas las noches, Pinky, tratar de conquistar al mundo…” ¿No es una frase que podría decir Néstor en cualquier momento, ya que siempre parece estar pensando obsesivamente en cómo ganar su eterna pulseada de hombre enojado y colérico contra ese equipo llamado “resto del mundo”? ¿Habrá nacido enojado con la vida ese hombre? ¿Por qué él pobre hombre ve enemigos por todas partes, hasta que finalmente termina generándose enemigos por todas partes. ¿Tendrá Sigmund Freud la respuesta o será too much?
Aunque la mayoría de las veces Pinky es insultado por Cerebro, disfruta pasar tiempo con él. Pinky siempre le pregunta... “¿Qué vamos a hacer esta noche, Cerebro”, cuando se quedan solos en el laboratorio Acme, a lo que él responde: “Lo mismo que hacemos todas las noches, Pinky, tratar de conquistar al mundo” (fuente: Wikipuedia)
Lo concreto es que todo lo que ocurre en la Argentina de estos días recuerda demasiado a las viejas (o nuevas) películas sobre el circo romano que veíamos desde que éramos chicos, cuando el centro del drama era que a los pobres los entretenían con pan y circo. El pan, lo tiraban hacia el Coliseo desde las mismas arenas, y luego aparecían los gladiadores de Boca y de River a competir para ver quien le ganaba al otro, en aquella época se mataban con arcos y flechas, con carrozas, con tigres que aparecían de las grandes fosas que estaban allí mismo, con hombres blindados y enmascarados que sacaban martillos, hachas y otras armas que ni sé cómo se llamaban, y el juego se llamaba “todo o nada”, te mato o me matás, correte porque te piso y otras tantas formas de “competir sanamente”. Entre el público, claro, estaban el Nerón o el César de turno, que por alguna razón era malo, muy malo, tanto que los odiaba a todos como si fuera un Luis D’Elía cualquiera, odiaba al mundo, odiaba especialmente a los productores agropecuarios de la mesa de enlace, odiaba a los cristianos, a los judíos, a los ateos, a los que no creían lo que él creía, o simplemente a quienes no les gustaban por cuestiones de piel. Les recomiendo una película que seguramente habrán visto: Gladiador, con Russel Crowe, el actor australiano, es casi una película que podría haber ocurrido en la Argentina actual, con senadores que se olvidaron del sueño de defender la República, con líderes mesiánicos caprichosos, con mujeres sometidas a los caprichos del jefe de turno, con representantes del pueblo que se olvidaban del pueblo, aquí y allá, etcétera. La obra, ya lo dije, se llama Pan y Circo, y podrán verla próximamente en la televisión pública, gratis, claro, porque esa es la idea, ya que por alguna razón la gente ya se cansó de Marcelo Tinelli y piden emociones más violentas. Y de paso, así como quien no quiere la cosa, le pegamos al grupo Clarín, o a lo mejor esa era el verdadero, el único objetivo, y lo demás son sólo fuegos artificiales. Junous. Lo usamos a Grondona, que de paso necesita unos mangos, y listo.
Milagro argentino: Julio Grondona hablando de futbol “gratis”
con la Presidenta Kirchner (foto La Nación)
Epílogo Amigos y no tan amigos, el tema de hoy es sencillito, pavorosamente sencillo, ni números ni gráficos ni cuadros estadísticos se necesitan esta vez para entender qué pasa: la realidad de todos los días que enfrentan los argentinos versus los intentos cada día más desesperados para compensar, ocultar, disfrazar o amortiguar esa realidad, con medidas populistas desde el gobierno nacional para distraer la atención, cambiar la agenda, ganar tiempo y de paso salvar al mundo (como Pinky y Cerebro, claro). · La crisis energética ya está aquí, y el gobierno no encuentra cómo enfrentar la desinversión y la caída de la producción acumulada en años de tarifas subsidiadas. · La crisis fiscal ya está aquí, y no por la crisis financiera o económica mundial, ni mucho menos, sino por haber usado el gasto público para comprar operativos choripán, y entonces el gobierno intenta ahora, con una frazadita corta (como la de la siesta) sacarle a unos para darle a otros, con discutibles y peligrosamente discrecionales medidas de “redistribución” del ingreso. · La crisis del sector agropecuario, el sector más moderno y competitivo de la Argentina, sigue aquí, pero el gobierno no se quiere dar por enterado, y no sólo por las aludidas razones fiscales (que se enfrentan produciendo más, no menos), sino por un severo prejuicio ideológico con los productores, muy lejos de ser los “oligarcas” que alucinan los “muchachos” del oficialismo que se quedaron en los años setenta. · La pobreza ya está aquí otra vez y es un verdadero escándalo, con cifras serias que casi duplican las cifras de mentiritas que reconocen las estadísticas oficiales. · Y el fenómeno gravísimo de la estanflación ya está aquí, pero el gobierno persiste con recetas que no estimulan la inversión, mientras promueve, permite o tolera aumentos de costos, salarios y otros precios de bienes y servicios, aunque los niegue luego en las cifras dibujadas del Indec. Etcétera. El problema es que el “modelo” falló lastimosamente otra vez. La solución es buscar culpables aquí y allá. Y sustituir al sector privado por el Estado, bajo el supuesto que éste lo hará mejor. La solución es negar la realidad, a la oposición y al resultado de las elecciones, mientras se habla pomposamente de “democracia” y respeto. El objetivo es permanecer a cualquier precio, y hacer tiempo como sea. La estrategia es esconder los efectos de la crisis de alto costo político, usando la palabra redistribución y atacando como sea a quienes se opongan. La táctica es echarle la culpa a los medios, a todos los que piensan diferente, de paso. Para todo, el gobierno nacional está encontrando la misma solución de manual de escuela primaria de los años ‘30 o ‘40 del siglo pasado: estatizaciones, nacionalizaciones, retornos al pasado, ocultar la realidad, inventar conflictos allí adonde no existen, y si todo eso falla (que fallará), con la vieja fórmula utilizada durante la caída del imperio romano: pan y circo, en este caso menos pan (porque ni el trigo alcanzará la próxima campaña agrícola), y más circo, o futbol supuestamente gratis. Aunque en economía la única palabra que no existe es la palabra gratis.
Milagro argentino: el futbol finalmente
será gratis para todos (menos para los contribuyentes, claro)
Un abrazo, y hasta la Victoria Secret. El Hombre Electrónico (Políticamente incorrecto)

Carta desde el ciberespacio número 221, del 6 de agosto de 2009

Un monólogo llamado diálogo… Síndrome de Estocolmo
Hola gente, amigos y no tan amigos. “Bwana -así me dice Patricia Paltrow cuando juega a ser una mujer sometida que en cualquier momento me morderá, o me hará algo mejor-, la oposición parece una mujer golpeada que se quedó tan asustada y amenazada que teme decir lo que le ocurrió, y teme también defender sus propias ideas. ¿No te recuerda a Patty Hearst luego de su secuestro, cuando al final terminó uniéndose al grupo terrorista que la había secuestrado?”. Yo caminaba por Palermo Hollywood, ella por el Boulevard Hollywood a secas, estaba visitando una sucursal de su banquito y me acababa de llamar desde su Blackberry, mientras manejaba entre calles y palmeras un auto marca Hertz que la esperaba en el airport, y claro, se le ocurrían cosas locas como es su sano estilo y obviamente me las tenía que comentar a mi mientras jugaba por allí a suite ejecutiva. Estábamos planificando encontrarnos de una vez en algún lugar del mundo, ahora que las diversas crisis sufridas en estos meses empiezan a superarse (la crisis financiera, la crisis económica, la huidiza pandemia, etc…), y así como la avaricia suele ganarle al miedo, el deseo de caminar juntos por una playa desierta nos volvía a ganar. Era hora, hace meses que sólo nos vemos por Skype, esto no es vida. Y mientras pensábamos en Ilhabela, ella se salió con aquel “Bwana, ¿qué le pasó a la oposición?”, una de sus preguntitas con cara de “yo no fui”. Yo no me reí, no es un tema para reírse, claro, en realidad más de una vez en estos días pensé también en esa metáfora del síndrome de Estocolmo para describir la situación argentina, cuando ya pasaron nada menos que cinco semanas de las elecciones y el gobierno sigue en el medio del cuadrilátero (su manera de concebir a la política), autista, en las nubes, haciéndose el educado, democrático y dialoguista, mientras fija como siempre la agenda y gana un precioso tiempo, mientras casi todos los inocentes miembros de la oposición (a quienes seguramente no les gusta ni la playa ni hacer olitas) siguen mostrándose como hombres y mujeres moderados, prudentes y respetuosos, y dejan que los traten de idiotas y se olvidan que ganaron las elecciones y que los argentinos los votaron para que hagan algo (si, ya sé, de repente recordé ser demasiado políticamente incorrecto, me dirán). ¿Acaso no perciben el fastidio de la gente que los votó para que los represente? Cuando llegué a casa entré en Internet, le pedí al señor Google que me busque «síndrome de Estocolmo» y esperé la respuesta de Wikipedia, que en 30 segundos me respondió, siempre más amable que el famoso personaje de Gasalla donde hace de empleada pública, claro: “El síndrome de Estocolmo –me dijo Wiki- es una respuesta psicológica en el que la víctima de un secuestro, o una persona detenida contra su propia voluntad, desarrolla una relación de complicidad con su secuestrador. En ocasiones, los prisioneros pueden acabar ayudando a los captores a alcanzar sus fines o evadir a la policía… En 1973 se produjo un robo en el banco Kreditbanken, en Estocolmo Los delincuentes debieron mantener como rehenes a los ocupantes de la institución durante 6 días. Al entregarse los captores, las cámaras periodísticas captaron el momento en que una de las víctimas besaba a uno de los captores. Y, además, los secuestrados defendieron a los delincuentes y se negaron a colaborar en el proceso legal posterior”. Allí nació esta idea del síndrome de Estocolmo. Y allí estaba aquella famosa foto de Patricia Hearst (la alguna vez heredera del imperio periodístico de Randolf Hearst, aquel hombre mítico que según muchos fuera el inspirador de la película “El Ciudadano”, un millonario que sólo quería jugar con su trineo llamado Rosebud)…
Patty Hearst, de joven millonaria a ladrona de bancos
Todo esto coincidió con el regreso de Elisa Carrió de sus vacaciones, que como buena pitonisa se dio cuenta el mismísimo 29 de junio pasado que el Kirchnerismo, como siempre, tendría su respuesta estándar ante las situaciones en que sufre una pérdida histórica: desaparecen de la escena, se van al Calafate (“su lugar en el mundo”, claro, y nunca estuvo tan bien elegida la frase…), se dedican a mirar el glacial (antes que el cambio climático se los derrita), hacen tiempo, no atienden el teléfono, no aceptan la realidad y se fugan hacia delante. Lo hicieron en Misiones. Lo hicieron cuando perdieron la votación con el campo. Lo hicieron luego de la multitudinaria manifestación de medio millón de argentinos pidiendo seguridad en el caso Blumberg. Y lo volverán a hacer una y otra vez si los dejan, ya que este “modus operandi” parece funcionarles bien en el corto plazo, aunque tenga el defecto que sólo amortigua el golpe, pero no resuelve nunca el problema, sino que lo posterga y en general complica las cosas en el famoso futuro.
Elisa Carrió vuelve de sus vacaciones y explica porqué no participó del llamado diálogo político, (Foto La Nación, 6 de agosto 2009)
Capítulo único, sobre estática y dinámica económica, una visión bolichera de la economía Y entonces, amigos y no tan amigos, pensé en el bueno y carismático de Ricardo Alfonsín, que en las últimas semanas defendió al Consejo de la Magistratura (ideado por su padre en la Constitución de 1994, qué casualidad), el mismo Ricardo Alfonsín que hizo campaña sosteniendo que el llamado Peronismo Disidente terminaría siendo igual al Kirchnerismo (confundiendo a adversarios de enemigos, de paso, una costumbre muy argentina), y que ahora sostiene que no hay que reducir las retenciones a la soja porque hay que cuidar las cuentas públicas. Se lo comenté a Paltrow, que estaba perdida en Hollywood y en un día femenino de aquellos. Y ya no me dijo dulcemente “Bwana, ¿cuando nos vemos?”, en cambio casi me ladró… “Beibi, se ve que el muchacho sólo estudió “Boliches I”, ni contabilidad debe haber estudiado, se debe haber quedado tildado con la ecuación de Wilkins Micawber (aquel simpático personaje de Dickens), ni estática ni dinámica económica, sólo pasó la materia contabilidad y con un 4”, me dijo a miles de millas de distancia, enojadísima porque no puede creer que en la Argentina la oposición se preocupe por ser tan amable con un oficialismo que los trata de tontos, que juega a dividirlos y a subdividirlos, y encima ellos, pobrecitos, ponen la otra mejilla y terminan defendiéndolos, jugando al diálogo con quienes apenas saben monologar, ni tan siquiera escuchar, no vaya a ser cosa que los acusen de promover el caos o de ser destituyentes, , que barbaridad, o peor, derechistas, golpistas y todas esas pavadas que les dicen los K cuando quieren descalificar a los que no piensan como ellos, o sea, la mayoría de los argentinos, sin contabilizar aquí a todos los países del mundo que miran a la Argentina como una curiosidad zoológica o psicoanalítica. “Pero Paltrow, que ellos sean caníbales no significa que uno se convierta en un caníbal”, le respondí yo, para calmarla, pero nada…. “Flaquitogordito. Una cosa es ser amable, una cosa es ser respetuoso, una cosa es defender el equilibrio fiscal, y otra muy diferente es dejarte maltratar, y comprarte los argumentos del gobierno y dejarte convencer que si bajás las retenciones se va todo al diablo, cuando en realidad en la Argentina ya se fue todo al diablo por pura incapacidad de los Kirchner. ¿No ves que este año los agricultores sembrarán 2 millones menos de hectáreas que en el 2007, que de 16 millones de toneladas de trigo cosechados en esa campaña, en la que viene se producirán sólo entre 5 o 6 millones de toneladas, que este año habrá la misma cantidad de cabezas de ganado que en 1975, o sea, 30 años atrás, apenas algo más de 56,5 millones de vaquitas y vaquitos, como diría Kricri, que las exportaciones de carne caerán a cerca de la mitad que las de 2006, que la producción de leche volvió al nivel de 1999? ¿Así quieren recaudar más?”… Recaudariala. Ella siguió así un rato más, tirándome cifras a miles de millas de distancia gracias al famoso Blackberry, más enojada que antes, ¿acaso el impuestazo del gas habría llegado hasta Niúiork Niúiotk?, me pregunté. Pero no le dije nada, para qué, si tenía razón. Y me colgó, claro, no estaba enojada conmigo, pero estaba enojada como pocas veces la escuché, claro, ella nació en la Argentina y le duele ver como nuestro país ya no se compara ni siquiera con Brasil, ni con América latina, sino con Africa (con perdón por los africanos), y se pregunta, como se lo preguntaba Vargas Llosa en Conversación en la Catedral, “en qué momento se jodió todo”, aunque él hablaba de Perú, claro, que ahora tiene un Presidente que con los años creció y aprendió de sus errores, mientras nosotros seguimos volviendo al pasado una y otra vez. Así que me puse a mirar las cifras de Miguel Angel Broda, buscando los últimos datos de recaudación. Ayer mismo había estado en su seminario mensual, allí el banco Itaú, con Susana Merlo dando sus catastróficas cifras sobre la penosa situación del sector agropecuario, que confirmaban todas y cada una de los datos que me dio Patricia, con Ricardo López Murphy que estaba contento porque fue abuelo y triste porque también él mismo se debe preguntar “en qué momento se jodió todo”, y con Rosendo Fraga, siempre anticipándose a lo que hará Kirchner porque es demasiado previsible, fácil, simplemente “piensa mal y acertarás” (“Kirchner está yendo en la dirección contraria a la que muestra la sociedad”, observó Rosendo, con sencillez de argumentos).
(Fuente: Estudio Broda, ciclo económico agosto de 2009) La recaudación ya cayó en términos reales desde hace meses, mucho antes que las elecciones, sin que se hayan bajado las famosas retenciones, sin poder echarle la culpa de la caída a la crisis financiera y económica internacional, por el simple “mérito” de un “modelo económico” que llevó la economía a la estanflación, con fuga de capitales, desincentivos a la inversión, sesgo antiexportador y la ausencia total de un clima de negocios.
Amigos y no tan amigos. El sábado pasado lo escuché a Hugo Biolcati, presidente de la Sociedad Rural, en su excelente discurso de inauguración de la Exposición Rural. El hombre no fue complaciente, pero tampoco fue maleducado ni insultante con los K, encontró el tono justo, sencillamente fue firme, contundente y claro, cero tibieza. Y más político que muchos políticos de esos que se dedican hace años a esa “profesión” que podría ser bella cuando ayuda a la gente, pero que en la Argentina se ha degradado por más ideologías que ideas, y por excesivo pragmatismo, casi al borde del cinismo. Hubo algo que especialmente me sorprendió. Biolcati, supuestamente un hombre de derecha (porque en la Argentina existe el prejuicio que si viene de la Rural debería ser de derecha y sólo pensar en ganar más plata), habló de la pobreza y de la patria., ese fue el eje central de su discurso, y se preguntó cómo en un país rico como la Argentina, con todos los recursos naturales que tenemos, ha llegado a esta situación de miseria humana y económica, en una nación que en vez de fabricar nuevos ricos fabrica cada día más nuevos pobres. Biolcati, así, tomó las banderas del progresismo, que en la Argentina parece ser propiedad privada de la izquierda, y las hizo suyas, de los hombres del campo, que en los años pasados, con incentivos razonables, inundaron al país y al mundo de más alimentos (primarios e industrializados). Así, sencillamente, dejó planteadas dos preguntas sencillitas: Una, ¿qué es ser progresista en el siglo XXI (de paso el título de un libro de Fernando Iglesias que ya comentaré en otra carta del ciberespacio). Dos, ¿la industrialización argentina debe basarse sólo en los fierros, la metalmecánica y las manufacturas de origen industrial? Para terminar, amigos y no tan amigos, el debate actual sobre si hay que reducir o no las retenciones al agro, de cara a cuentas fiscales que ya están en rojo (por obra y gracia del kirchnerismo, hay que aclararlo), no se resume en esa “nueva” frase bolichera y contable que plantea ahora el oficialismo para frenar las presiones sectoriales y que consiste en decir “no se puede”, agregando que “si quieren rebajas de impuestos, que digan cómo se financiarán las cuentas públicas”. Les falta decir que “el ahorro es la base de la fortuna”, frase bolichera, estéril, triste y poco productiva, si las hay. Se trata de otro de los tantos falsos debates en que nos dividimos y nos cansamos los argentinos, más llenos de viejas ideologías, conservadorismo y prejuicios que de ideas inteligentes que, de paso, ya están inventadas hace años y funcionan en todo el mundo moderno que ya se dio cuenta que empezó el siglo XXI y que cayó el muro de Berlín. Lo concreto es que en una visión contable de la Argentina, que no es capaz de observar los fenómenos económicos de manera dinámica y creativa, la economía sería como un gran juego de suma cero, en donde si se gasta más de un lado, hay que ahorrar menos de otro, como si todo consistiera en contar porotos en el debe y el haber. Pero la vida es más compleja y rica que eso. La economía, la dinámica, la que es una genuina política económica, la que supera a la famosa ecuación Micawber de la que hablaba Charles Dickens en “David Cooperfield”, tiene herramientas y mecanismos más profundos, sutiles, inteligentes, que pueden hacer que una reducción de las retenciones (en un clima de estabilidad y reglas de juego estables) haga que los productores siembren más hectáreas, y apliquen más innovaciones para producir más por cada hectárea. Y que retengan más animales en sus campos de cría y engorde, y que mejoren su productividad, hasta que se endeuden con entusiasmo porque creen en el futuro. Y si todo ello ocurre, en el próximo ciclo, que todos ellos cosechen más, y así que aumenten la producción de carne y de lácteos y granos, y todo ese círculo virtuoso logrará más recaudación, no menos. ¿Eso es magia? No, sencillamente es inteligencia aplicada, es no resignarse a creer que los ajustes son sólo gastar menos, sino que pueden consistir en producir más. Es una visión dinámica de la vida, creativa, de crecimiento, en donde a lo sumo hay que resolver un problema financiero que no es difícil (¿cómo financiar ese proceso?, micro y macro-económicamente)
¿El ahorro es la base de la fortuna?
Un abrazo, y hasta la Victoria Secret. El Hombre Electrónico (políticamente incorrecto)

Carta desde el ciberespacio 220, del 30 de julio de 2009

A los superpoderes les llegó la kryptonita
El síndrome de 2002
Hola gente, amigos y no tan amigos. “Gordito, a la Argentina le llegó el efecto kryptonita”, me dijo Patricia Paltrow mientras caminaba por la Quinta Avenida yendo a su lugar en el mundo (Gucci, mujer al fin) a comprarse su cuota mensual de zapatos, botas o sandalias (o todo la vez) para regalarse a sí misma, mujer cosmo al fin cuyo profundo y sabio concepto de inversión es tirarse encima 25% de sus ingresos mensuales, para verse más bonita y femenina a medida que el tiempo pasa. Tenía motivos para mimarse, anoche mismo me comentó que su posición está muy cerca de recuperar todo lo que había perdido en la crisis financiera internacional. Y me invitó a visitarla a Niúiork Niúiork para celebrar conmigo la ocasión, claro. No es poco. Y se lo merece, pese a quienes piensen que la actividad financiera es una actividad estéril, insustancial, poco productiva y alejada de la llamada pomposamente “economía real”. Qué le pregunten a la Argentina, sino, que por repudiar a los bancos, a los mercados, al FMI, al mundo de los negocios, a las finanzas, está como está. Que por hacer corralones y declarar default selectivos y seriales, canjes supuestamente pícaros e inteligentes, estatizaciones nacionalistas y otras medidas supuestamente soberanas ha llevado al país a que en la actualidad no tenga ninguna capacidad de financiar ni sus gastos corrientes ni extraordinarios, ni públicos o privados, ni de corto o de largo plazo. Ni sus inversiones reales, ¿hay que aclararlo? Qué envidia de Brasil, amigos, que lanzaron un bonito nuevo y tuvieron una oferta de fondos 10 veces superior a la oferta, esos socialistas…
La nueva Gucci en el 725 de la 5th Avenue, el segundo hogar de Paltrow (¿ya inauguraron, o es el pequeño edificio viejo?, junous)
Mientras pensaba todas estas cosas, ella, Paltrow (mi chica, como le gusta decir a Robertito), seguía caminando por su quinta (avenida), mientras yo pensaba en Kricri, a quien cada vez que la escucho hablar (en “su” quinta de Olivos o en “su” casa rosada) me hace preguntar si no me estaré volviendo loco, crazy, delirado, espiralizado, preguntándome si habré escuchado bien cuando dijo, con esa cara de “yo no fui”, ayer nomás sin ir más lejos, que la economía va a seguir creciendo en este año 2009 (sí, lo dijo, y la escuché con mis propios ojos y oídos, no lo soñé…). Y todo eso mientras tengo delante mío los informes de todos mis amigos consultores e hiperconsultores, cuya única duda es si el PIB caerá este año 3%, 4%, 5% o más (y hablo de Broda, hablo de Monteverde, hablo de Ricardo LM, hablo de Federico Muñoz, de Esteban Fernández Medrano, de Luciano Laspina, de Daniel Artana, de Rodolfo Santángelo y Melconián y Obes, de Hernán Hirsch, hasta de Roberto Cachanovsky o Jorge Todesca y de tantos más que no se chupan el dedo, hablo de amigos liberales, neoliberales y heterodoxos serios, para que no queden dudas). Hablo de todos. ¿O todos estarán tan equivocados y sólo Kricri la tiene clara? Junous, coman pasto, millones de vacas no pueden equivocarse. Es que Kricri me puede, amigos y no tan amigos, me lleva a pensar que yo mismo estoy loco, enloqueciendo, me hace dudar hasta de mi espejo, me hace creer que vivo en la dimensión desconocida, que estoy equivocado, que vivo equivocado, que estoy en un planeta paralelo, todo eso, pese a que miro mi pantalla y hasta tengo el último informe de mi amigo Abel Viglione que me muestra que el Indice de Producción Industrial de Fiel (IPI) del primer semestre de 2009 ya cayó 10,7% respecto al mismo semestre del año anterior. ¿Hace falta decir que todos los motores de la economía se muestran en la misma dirección, para abajo? (la industria, el campo, la construcción, las automotrices, la maquinaria agrícola, las compras, las ventas, las expos, las impos, las inversiones, la demanda agregada, la oferta agregada.. Sólo aumentó la demanda de barbijos y alcohol en gel, y levemente la demanda de bienes de consumo no durable, obvio, si la comida es lo último que se corta en el presupuesto familiar. Etcétera.
Capítulo I, chau superpoderes Pero mientras la economía sigue cayendo aunque el Indec no lo registre, mientras la Argentina tiene un feroz y llamativo superávit comercial que se acerca a 15.000 millones de dólares (“gracias” a que el gobierno está pisando las importaciones y “gracias” a la recesión, lo que es muy oportuno para financiar la salida de capitales sin que bajen demasiado las reservas internacionales), mientras está en marcha un feroz reajuste hacia arriba de precios relativos en los servicios públicos y privados (salud, expensas, educación, luz y gas), mientras la pobreza ya involucra a más de 31% de los argentinos (pese a lo que digan las cifras oficiales), mientras todo ello ocurre, aquí está “tudo bem, tudo legal” y los funcionarios y los legisladores del oficialismo siguen repitiendo el cassette que dice que nuestra economía se va sobreponiendo bien a la gravísima crisis financiera y económica mundial (que, aunque ellos ni lo notaron, ya está cediendo). Es en ese contexto, en que la realidad y la ficción se confunden (los argentinos viven en la realidad mientras “ellos” viven en una Disenylandia subdesarrollada), que la Presidenta habló ayer de los famosos superpoderes, claro. Cristina Kirchner, antes que la oposición se los revoque en el Congreso, se adelantó (hay que reconocerle ese mérito) y propuso que a partir de ahora el gobierno (el jefe de Gabinete), se auto-limite a no gastar discrecionalmente más del 5% de las partidas presupuestarias sin el aval del Congreso. Nada nuevo, otra fuga hacia adelante, ya que las grandes erogaciones del Tesoro no salían (escapaban, más bien) gracias a los superpoderes y a la reasignación de las llamadas partidas presupuestarias clave, sino a través de unos pocos decretos de necesidad y urgencia que cada tanto, de una vez, reasignaban a una especie de agujero negro (en el pasado, cuando había viento de cola internacional, cuando la soja subía y subía, cuando el boom del consumo interno funcionaba) miles de millones de pesos provenientes de un superávit fiscal “extra” logrado por una economía en que se aprobaba un Presupuesto irreal que subestimaba el crecimiento de la economía, lo que hacía al final que mágicamente apareciera de regalo el famoso “súper-superávit fiscal” que alimentaba la caja, las provincias, los operativos choripán, el clientelismo, las faraónicas obras públicas virtuales, los maravillosos casino royale, los trenes bala y tantas cosas más que quedaron fuera de la declaración de impuestos. Pero los superpoderes son mucho más que la reasignación presupuestaria con tope de 5%. “Les llegó la kriptonita”, como dice Paltrow mientras camina por la Quinta Avenida en otro día espectacular para los mercados financieros del mundo, uníos, y me llama para darme más ideas para esta carta. “Flaquito, los superpoderes son el Consejo de la Magistratura que tenía atemorizados a los jueces que querían ser decentes, los superpoderes son el manejo manipulado del Indec, los superpoderes son la discrecionalidad de Willy Moreno cuando frenaba las exportaciones de quesos y lácteos en general o echaba a los empleados del Indec honestos con su trabajo, los superpoderes eran fijar las retenciones de la soja al 35% o la resolución 125 supuestamente para des-sojizar el campo argentino, los superpoderes eran manejar el Indec y manipular las tasas de inflación, de pobreza e indigencia, de empleo, de crecimiento, echándole la culpa a los bonos ajustables por CER que se querían “quedar con los ahorros de los argentinos”…. Y se cortó el celular, claro, ella está caminando por la quinta Avenida haciendo Shopping mientras yo trata de reconstruir la irreal realidad argentina, ese país que no miramos, o que nos duele mirar, más bien. Pero la Kriptonita verde, nos guste o no nos guste, está debilitando al gobierno, que se desgaja día a día sin tomar nota de lo que le está ocurriendo. Con el agravante que así como el oficialismo no quiere aceptar que perdió por paliza las elecciones, la oposición no quiere darse cuenta que ganó las elecciones y que no puede mirar para otro lado y hacerse la distraída. Así, la suma de las dos cosas, un gobierno atontado por la kryponita verde y sin más superpoderes y una oposición que teme tener que hacerse cargo de las distorsiones y desequilibrios económicos, financieros, inflacionarios y cambiarios que aparecen aquí y allá, siguen bailando en la cubierta de una nave que se acerca peligrosamente a un iceberg, como ya ocurriera en el año 2001, pese a un contexto internacional que, pese a todo lo que digan aquí y allá, es menos malo de lo que parece y está lleno de oportunidades para la Argentina, una economía con desequilibrios serios, pero no dramáticos, si son tomados y asumidos y enfrentados a tiempo. ¿Será esta una remake de la película Titánic? Junous, como dice Paltrow, que no deja de decirme “es la política, estúpido, ¿acaso no se dan cuenta?”. Capítulo II, ¿y si todo sale mal y volvemos al 2002? Si mal no recuerdo, mi gran amigo Luis Rappoport escribió, creo que fue en el año 2001, una excelente, provocativa y anticipatoria nota llamada “¿Y si todo sale mal…?”. Se la publicamos con Hernán de Goñi en El Cronista, claro, pese a que era tan concretita que asustaba. La habíamos pegado en una columna de la redacción, como una ayuda memoria, casi como una bitácora de lo que podría venir si alguien no hacía algo para evitar lo que venía. Era casi un punteo de las cosas que podían salir mal en la economía argentina, en una secuencia que el tiempo fue haciendo realidad, punto por punto. Y entonces vino la tormenta perfecta, como la llamamos a veces los amigos de Domingo Cavallo, a quien le tocó en aquel año tener la mala idea de conducir la nave de la economía argentina, una misión imposible si las había, dada la ecuación política y casi sociológica de aquellos tiempos, a la que debía agregarse un contexto internacional muy complicado, quizá más que hoy mismo. Esta vez la situación, insisto, no es tan riesgosa desde el punto de vista técnico, económico, hasta financiero, aunque lo preocupante es que todos los días alguien repite en algún medio de comunicación, así como al pasar, que “estamos muy lejos de una crisis como la del 2001”, que las condiciones son otras, que el dólar real no está tan retrasado, que las cuentas fiscales son mejores que entonces, que la deuda pública está lejos de un nuevo default, que el abismo esta vez está muy lejos, etcétera, etcétera, etcétera, lo que me pone especialmente nervioso porque yo, como todos, me quedé con un trauma en la memoria que se ubica exactamente entre los años 2001 y 2002. Por eso, cuando escucho tan frecuentemente esa frase (“no es para tanto”) debo decirles que me preocupo mucho más, y no les cuento Paltrow, que me bombardea desde su caminata por la Quinta Avenida mientras se compra unas botas de montar color suela para el otoño que se avecina en los iúesei, diciéndome “flaquito gordito, porque no lo relees a Antonio Gramsci y su idea del empate catastrófico, como llamaba él a esas situaciones políticas en donde el poder estaba demasiado repartido, empatado, licuado, y se llegaba a una situación en donde todos miraban para otro lado desde su propia debilidad, su propia impotencia, su propia incapacidad de hacer algo justamente porque el poder estaba licuado, repartido, empatado, y por ello nadie se sentía responsable de nada y nadie quería pagar la factura de lo que vendría porque la culpa siempre es de los demás, sobre todo en un país como la Argentina, en donde como lo dice Willy Kohan a cada rato en radio El Mundo, “somos nosotros, sólo nosotros, siempre nosotros”. Capítulo III, el falso dilema del juego de suma cero Es en este contexto de empate de fuerzas, de nomeimportismo, de “la culpa la tiene los otros”, de pulseadas y pasadas de facturas, de pérdida de los superpoderes, de ecuación política dispersa, de más miseria que grandeza, de falta de liderazgo, de falsos debates, de cuentas fiscales que ya están en rojo, de mezquindades aquí y allá, de desconfianza creciente, que una situación que no es técnicamente dramática (con el Dios Soja a casi 400 dólares en Chicago, con el FMI capaz de volver a financiarnos, con una economía mundial híper-líquida y con muchos potenciales inversores haciendo cola para traer su dinero si se les ofrece un adecuado clima de negocios, podría convertirse en otra tormenta perfecta, adonde “todo lo que puede salir mal sale mal” y nos lleva a otra crisis como la del 2002, aunque diferente (ya saben que la historia no se repite de la misma manera). Ante todo, la Argentina está otra vez en rojo desde junio…
Fuente: Massot /Monteverde y Asociados en base a datos oficiales
El debate de estos días (el falso debate) es que el gobierno, luego de llegar solito a una situación fiscal comprometida, ahora utiliza este argumento para sostener que no hay margen para reducir las retenciones del campo. De repente son “hiperrealistas” y acaban de descubrir la restricción fiscal (luego de aumentar el gasto corriente del Estado a una velocidad insólita de 37% nominal anual (ver cuadro). Y la oposición, que no quiere generar una situación extrema (por responsabilidad, por tener una visión contable de la economía, porque no hicieron los deberes), se muestra prudente, quizá demasiado prudente… Pero en el medio del “todo o nada” al que habitualmente juega Néstor Kirchner con nosotros, existen los matices, los grises, los colores. En economía, como en la vida, las cosas no son estáticas, sino dinámicas, y los juegos de suma cero son sólo ejercicios de laboratorio que no tienen nada que ver con la vida real. Dicho crudamente, una reducción programada de las retenciones al campo no necesariamente complicaría las cuentas públicas, en la medida que mejoren las expectativas, cambien las perspectivas, se dulcifique el clima de negocios y se alienten más inversiones con el sencillo recurso de no perseguirlas ni frenarlas. Dicho crudamente, una rebaja de retenciones en un escenario constructivo podría mejorar el horizonte fiscal, y no empeorarlo. ¿Es difícil de comprender algo tan sencillo, ya que mañana viernes el campo volverá a reunirse con el gobierno y debe evitarse un nuevo fracaso como los sufridos por todo el país desde marzo del 2008 y lo que va de 2009? Epílogo, ¿cómo alejarse del síndrome del 2002? A veces unas pocas señales contundentes ayudan a dar vuelta una situación dramática y contribuyen rápidamente a recuperar la confianza. La fórmula en este caso es sencillita. * “Aceptarle” la renuncia a Guillermo Moreno, agradeciéndole desde ya sus patrióticos servicios. * Volver al viejo Indec, ni siquiera inventar uno nuevo. * El gobierno debería aceptar con sinceridad que las estadísticas actuales no reflejan la realidad, y que a partir de ahora no se meterá en las que elabore un nuevo Indec igualito al viejo, garantizando que éste será un organismo autónomo y autárquico del Estado, y no una repartición a las órdenes de ningún gobierno. * Esto abriría las puertas para que la Argentina pueda volver al FMI, lo que brindaría financiamiento rápido y barato para sostener el actual rojo de las cuentas públicas hasta que la recaudación vuelva a mejorar. * Volver, sin vergüenza ni insultos, al FMI, para recuperar la confianza, frenar la corrida de capitales y la crisis fiscal. * Enviar señales pro-inversión, en un país con muchos capitales deseosos de volver a ser productivos en la argentina, capaces de generar una rápida lluvia de dólares. * Para terminar, una caminata de la Presidenta Cristina Kirchner, este mismo sábado, en la inauguración de la Sociedad Rural, con un discurso conciliador. Seguramente la aplaudirían a rabiar, creasé o no. Claro, esto significa desconocer los superpoderes de Néstor Kirchner, así como sus “ideas económicas”. ¿Lo hará Cristina, lo hará Boudou? ¿Lo apoyaría la oposición? Perdonen, como lo dijo Martin Luther King, “I have a dream”. A él, de hecho, se le cumplió. De paso, les recomiendo la última Newsletter de mi amigo Ernesto Kritz, de la Sociedad de Estudios Laborales, espectacular … http://www.selconsultores.com.ar/newsletter/julio-2009.pdf Un abrazo, y hasta la Victoria Secret. El Hombre Electrónico (políticamente incorrecto)

Carta desde el ciberespacio número 219, del 23 de julio de 2009

http://www.youtube.com/watch?v=wrlew2G6nvA&feature=related “Parole, Parole, Parole”, la telenovela MIENTRAS EL GOBIERNO JUEGA AL MONOLOGO, LA OPOSICIÓN INTENTA DIALOGAR Y LOS ARGENTINOS VIVEN ANGUSTIADOS...
¿El Indec o la realidad?
Hola gente, amigos y no tan amigos. “Gordito, el martes se cumple un mes de las elecciones, ¿te acordás?, lo que significa que el gobierno ya ganó un mes de tiempo sin hacer nada, mientras sigue imperturbable en el medio de la escena, mientras maneja la agenda de todos (amigos y no tan amigos, como decís vos) y nadie sabe hacia adonde vamos”, me dijo Patricia Paltrow desde su buró en la Calle de la Pared, otra vez en un día de rally de los mercados que la tenía aceleradita. “Bueno, flaquito –agregó-, en realidad, todos lo sabemos: en esta fuga hacia delante vamos a la profundización de la profundización de la profundización del modelo, hasta que choquemos con la famosa realidad”. Yo la escuchaba mientras sufría una nueva versión de la “Era del Hielo”, versión pingüino, brrrrrrrr, y tuve unos deseos irrefrenables de llamarla a mi amiga Sabrina Rinaldi (la de Hanton Travel, claro), para pedirle un ticket ya mismo a Niúiork Niúyork para exiliarme en la casa de Paltrow, y desde allí escribir mis cartas del ciberespacio desde un lugar menos agresivo que lo que se ha convertido nuestro querido país. Pero no lo hice, soy muy cabezadura, me gusta ver el final de la película desde la fila 3, bien adelante, como si estuviera hipnotizado y no pudiera tomar la decisión de fugarme yo también de toda esta pesadilla, pese a la enorme cantidad de fugas que se ven por aquí. Fuga de funcionarios. Fuga de ex funcionarios. Fuga de capitales. Fuga hacia delante de los Kirchner, mientras hacen como que dialogan con una oposición tibia que confunde respeto a la democracia con dejar que una topadora les pase por encima, los gasten, ponen la otra mejilla, se les rían en la cara y encima les digan la famosa frase “perdimos porque la gente no nos entendió, fallamos en la comunicación”. ¿La llamaba o no la llamaba a Sabrina? Pero era jueves al mediodía y los mercados en el mundo subían otra vez ferozmente, hasta el punto que el Don Jones pasó (hacia arriba) los 9.000 puntos, algo que no ocurría desde enero pasado y que demuestra que, más allá de las malas noticias que seguirán llegando (el desempleo todavía subirá en los iúesei, aunque la economía deje de caer), se acerca la hora de la reaparición de las buenas noticias. Por eso Paltrow me dijo “gordito, te quiero pero ya sabés que de día mi vida pertenece al banquito que me paga el mercedes benz, el depto de Park Ave y las tarjetas con las que cancelo los zapatos de Gucci, las sandalias de Prüne, los viajes de American Airlines (y el millaje que me gano, de paso) y esa ropita de Victoria Secret que tanto te gusta cuando nos vemos”. Y me colgó, claro, el rally continuaba y no todos los días el Don Jones pasa de los 9000 puntos hacia arriba, otra vez. Capítulo I, fuga hacia delante, para hacer tiempo Amigos, me preguntaba qué gana el gobierno “haciendo tiempo”, además de intentar (con algún éxito) dividir a la oposición, dejar que las cosas se calmen, confiar que la soja y el viento de cola internacional se recuperen (como si los problemas argentinos fueran culpa de la crisis mundial) e “inventar” nuevas medidas para mejorar la caja, como sea. Me acordé entonces de una frase de “Lo que el viento se llevó”, que decía justamente “no malgastes el tiempo, es de lo que está hecha la vida”. Y entonces encontré una frase de mi buen amigo Vicente Massot, director de la Nueva Provincia, que me dio una clave desde la Newsletter que distribuye hace años con Agustín Monteverde, otro amigo de estos años…
“El Estado soy yo”, una película con Néstor y Cristina Kirchner
Se refería muy concretamente a “la política de no ceder en dos asuntos que se hallan en el centro del reclamo opositor a los cuales el santacruceño considera innegociables: la actual estructura de las retenciones a la soja y la del Consejo de la Magistratura. Si retrocediese en el tema por el que se enfrentó con el campo el año pasado, Kirchner se quedaría sin caja y sufriría una capitis diminutio en su política difícil de llevar. Si acaso se modificase la constitución del Consejo de la Magistratura, ya no tendría el control de los jueces y peligraría en buena medida el sistema de impunidad montado desde mayo del 2003”. Eso es lo que escribió Massot esta semana. Tiene su lógica impecable, claro. Sin el superávit fiscal de los años pasados, la política de compra de voluntades con que construyó el kirchnerismo su poder haría agua, y de hecho es lo que está ocurriendo ahora, en la medida que la Argentina ha pasado de la zona de superávit a acercarse peligrosamente a la zona de déficit, y si ya en 2008 esta tendencia se insinuaba con un resultado primario (superávit) de 3,2% del PIB y un resultado financiero de 1,4% del PIB, ya en los primeros 5 meses de 2009 los números apuntan a sólo 1,4% resultado primario y -0,02% de resultado financiero (según datos del Estudio Broda), aunque en junio pasado los números empeoraron más y ya fueron claramente negativos. Dicho crudamente, Kirchner ya no tiene caja para comprar o repartir. Y si a esto se le agrega una posible pérdida de influencia sobre el Consejo de la Magistratura, queda claro que estos dos efectos le pegarían al corazón mismo del ya debilitado actual gobierno. Pero esto no es todo. Está el tema del Indec, claro, que podría parecer un tema menor al lado de los dos anteriores, pero no lo es, en la medida que el Indec está en la base misma de la justificación de un poder construido en base al ocultamiento de los simples datos de la realidad. ¿Puede el Kirchnerismo desprenderse de Guillermo Moreno?, ante todo. Sí, puede, y ganaría más de lo que perdería, aunque Néstor Kirchner se aferre a su vieja costumbre de “no ceder nunca” en su estilo de jugar a “todo o nada”. Es probable que si lo hiciera, incluso, el gobierno hasta lograría una descompresión de un malestar social insoportable, ya que la gente ve en este hombre –en Moreno, claro- a la encarnación misma de una forma de gobernar que esconde la realidad, o que la falsea directamente, y que para ello se ha mostrado muy dispuesto a utilizar la prepotencia y a callar a quien haga falta. Todo esto es, de hecho, lo que los argentinos votaron en contra hace casi un mes. Así, la prepotencia, la crispación, el estilo desafiante, la mentira y el ocultamiento explican mejor que otras cosas el casi 70% de la sociedad que votó en contra de este “modelo” de gobernar. No perdieron las elecciones por problemas de comunicación, sino por el Estilo Moreno, que no es otro que el estilo del kirchnerismo, aunque los expertos en autopsias insistan livianamente que “es la comunicación, estúpido”, una explicación de jardín de infantes. Pero aunque el gobierno pudiera prescindir de Guillermo Moreno, y eso seguramente lo ayudaría a ganar tiempo, a descomprimir un clima de crispación colectivo y a recuperar un poco de confianza, con eso parece no alcanzar. Ocurre que el Indec no es sólo una “fabrica” de estadísticas oficiales que no le interesan a nadie. Es mucho más. Es otra fuga hacia delante para ganar tiempo de un problema irresoluble. Es un termómetro que esconde nada menos que la grave enfermedad del paciente. Es ocultar la crisis, negarla, pensando que escondiendo los síntomas el paciente se curará más rápido. Es tratar de convencer a la gente que la Argentina es Disneylandia. Es intentar convencerse y convencer que la inflación es “nada más” que un tercio de lo que es en realidad, minimizando el problema, subestimándolo. Es querer ocultar que la pobreza ya abarca a más de 32% de la población total (como lo demuestran las mediciones privadas más serias), insistiendo que es de sólo 15% (una diferencia de millones de personas. Es no querer asumir que la Argentina ya ingresó en una recesión en el cuarto trimestre de 2008, y que en 2009 el PIB caería nada menos que 4 o 5% anual. Y es no querer aceptar que la Argentina ya está viviendo la enfermedad más peligrosa de todas, la estanflación, que es la anomalía tan temida, ya que implica inflación y caída económica al mismo tiempo, el peor de los escenarios. Todo eso es el Indec, además de la prepotencia con que se ha tratado a sus funcionarios. Capítulo II, ¿qué hacer con el Indec? ¿Sinceramiento o sincericidio?

Hoja de ruta del próximo Indec

Amigos y no tan amigos, la realidad actual es que “el grueso de los bonistas daminificados por la subestimación de la inflación no sólo está dentro del país, sino que –el principal- es el propio Estado. Los inversores externos no deben tener más de u$s 3.000 millones de deuda indexada (por CER)”, como lo señala el estudio de Federico Muñoz y Asociados, confirmando que los principales perdedores de la mentira estadística de la inflación son quienes se quedaron con los fondos de las AFJP, esto es, el mismo Estado argentino, poniendo en peligro a los ahorros e ingresos reales de los futuros jubilados.

Fuente: Federico Muñoz y Asociados
Por ello, el argumento habitual que sostiene que un sinceramiento de la inflación que mide el Indec (en precios minoristas) resolvería un problema pero generaría otro mayor, esto es, la acentuación de los problemas fiscales, una nueva demanda de los acreedores externos y un posible nuevo default, es una severa (o equivocada o malintencionada…) interpretación. Hoy la deuda pública indexada por la inflación minorista es de un 34% de la deuda total, y 67% de la misma se encuentra en manos del sector público. Con lo cual la razón para no sincerar el Indec no es esta, como suele alegarse cuando se habla del tema….
Fuente: Federico Muñoz y Asociados
La realidad es que el Gobierno no puede, ni quiere, sincerar las estadísticas oficiales ni transparentar el Indec, por una razón que no es financiera, sino moral: cualquier intento serio de profesionalizar otra vez el Indec y volver la situación al punto de partida tendría necesariamente que partir de la base de un reconocimiento explícito del gobierno nacional de que todo el sistema de estadísticas públicas oficial ha sido violentado desde hace más de dos años, construyéndose y difundiéndose a partir de entonces, de manera creciente, cifras de inflación, de empleo, de pobreza e indigencia, de producción industrial y de actividad económica que son lisa y llanamente erróneas, o si quieren usar la palabra más sencilla, falsas. ¿Puede el gobierno aceptar que ha mentido? ¿Podría de un día para el otro el oficialismo reconocer que la población que hoy se encuentra dentro de los niveles de pobreza e indigencia supera el 31 o 32% del total, cuando las estadísticas oficiales sostienen (en base a cifras de inflación que subestiman groseramente la inflación real) que el número de pobres ronda sólo 15? No, no puede, sin aceptar de una u otra forma que se ha ocultado la realidad de manera premeditada. No hay ingeniería estadística que pueda resolver este hecho. Es por esa razón que se explican las idas y vueltas de la “siempre inminente” renuncia de Guillermo Moreno, las renuncias de los ministros de Economía anteriores y la nueva política anunciada por el ministro de Economía, Boudou, cuando anunció esta misma semana que el Indec pasará a depender directamente de su órbita. Vale aclarar que el Indec ya dependía del ministerio de Economía, desde hace años, y más precisamente de la Secretaría de Política Económica de este ministerio, lo que revela que cambiarlo de jerarquía sin sacarlo de la órbita del gobierno no es la solución sino la continuación del mismo problema, aunque se ponga un grupo de notables de diversas universidades públicas o privadas que quieran hacer una nueva operación de cosmética sobre las estadísticas oficiales. La única solución es reconocer el ocultamiento de estos años, y luego empezar de nuevo, dándole al Indec la autonomía necesaria para hacerlo un ente autónomo y autárquico que no dependa de ningún gobierno de turno, integrado por profesionales serios elegidos por concurso y que no no reporten a éste ni a ningún gobierno, sino a otros poderes (quizá al Congreso Nacional, quizá a un director elegido por el Congreso, por ejemplo). Amigos y no tan amigos, los problemas del Indec se esconden detrás de la severa confusión existente en la Argentina entre un gobierno y el Estado. Cuando un gobierno, cualquiera, considera que puede conquistar al Estado y manejarlo para sus propios fines, entonces el país, la gente, y el mismo gobierno, está en problemas. Hasta que esto no se comprenda, el Indec seguirá fabricando estadísticas a pedido del poder de turno. Y el debate será como aquella vieja canción que cantaba Mina, “Parole, parole, parole”, se llamaba… http://www.youtube.com/watch?v=wrlew2G6nvA&feature=related Ya se sabe, nunca es tarde la verdad, lo que no tiene es remedio.
Escena de “La Fuga”, una vieja película sobre los buenos y los malos de Sam Peckinpah, con Ali Mc Graw y Steve Mc Queen
Un abrazo, y hasta la Victoria Secret. El Hombre Electrónico (Políticamente incorrecto)

Carta desde el ciberespacio número 215, del 18 de junio de 2009

Good bye Lenin: ¿Los argentinos se enteraron que cayó el muro de Berlín? http://www.youtube.com/watch?v=i7EB47ENNV0
El péndulo argentino

Hola gente, amigos y no tan amigos. “Gordito, ¿los argies se enteraron que se cayó el muro de Berlín?”, me preguntó anoche muy tarde Patricia Paltrow. Ella estaba en su cama de Park Avenue, vestidita con alguna breve y sencilla lencería de Victoria Secret, imagino que descalza por el parque como es su estilo, con la notebook apoyada en sus piernas, mirándome fijamente con sus ojitos azules como si quisiera decirme algo más. Es que hace semanas y semanas que no nos vemos, ni en Ilhabela ni en Punta el Este ni en Niúiork Niúiork ni en Cariló ni en el Solar de la Abadía ni en la pizzería El Cuartito ni caminando por el Central Park, sólo hablamos y nos encontramos a la noche en la webcam. Entre la crisis argentina y la crisis financiera internacional, el virus H1N1 y otros avatares, todos los planes cambiaron y no pudimos encontrarnos en algún lugar del planetita para decirnos Jelou y dormir cucharita, que es lo que más nos gusta y lo que aún la pacífica revolución tecnológica que estamos viviendo no nos pudo resolver. Lo concreto es que ella acababa de mirar por TN el “debate” televisivo de los candidatos a diputado nacional por la CABA y se quedó asombrada de lo que vio, claro, es que luego de haber visto en los iúesei los sucesivos debates que enfrentó Obama en las elecciones primarias, y luego en las presidenciales, debe haber pensado que su Vaio atrasaba 20 años, si lo de ayer fue un auténtico debate subdesarrollado, una lástima, cero interacción, cero diálogo, como si cada uno sólo quisiera transmitir de la mejor manera posible su cassette, su ideología, su plan de campaña, y ninguno quisiera tomarse la molestia, el riesgo, de contemplar al menos la posibilidad que el otro tuviera un poco de razón. Ya se sabe, los argentinos no nos escuchamos, para qué, si somos los dueños de la verdad, autistas, Fangio Gardel y Maradona juntos. “Flaquito, estaba mirando el debate, lo escuchaba a Carlos Heller mostrando orgulloso y fanáticamente las estadísticas oficiales sobre pobreza, desempleo, indigencia y ya no recuerdo qué más, y sentí una enorme tristeza por la Argentina, menos mal que Pino Solanas (aunque tampoco se enteró que se cayó el muro de Berlín) al menos tuvo el coraje de mostrar que tiene sangre en las venas y le respondió respetuosamente, sin agredirlo pero con firmeza, saliéndose del schedule del programa. ¿Cómo pudo el compañero Heller apoyarse en las estadísticas del Indek para sostener su cassette? ¿Acaso no sabe que son tan truchas como los llamados candidatos testimoniales?”, siguió hablando Paltrow por el skype, casi sin dejarme hablar, como si ella también fuera argentina, y de hecho lo es. “Y entonces, gordito, me acordé de aquella película tan divertida y patética, Good Bye Lenin, que vimos juntos hace poco por el canal oficial (ese que se llamaba Atc cuando al menos trataba de mostrar toda la realidad, y que hora se denomina ‘la televisión pública’, oficial, oficialista, no me acuerdo bien), y se me ocurrió pensar que aquella historia del muchacho que trata de mostrarle a su madre muy enferma una realidad irreal para que no haga malasangre y que vea la vida color de rosa es como la historia del Indek y los K, que se enamoraron de vivir en Disneylandia como si fueran Alicia en el País de las Maravillas, y ni quieren darse por enterados que la realidad está en otra parte. Pero en la peli, al menos, el muchacho creía que así la protegía a la madre y su mentira era una mentira piadosa, discutible en todo caso, pero piadosa, toda una metáfora, mientras que en la Argentina es una mentira impiadosa, infantil, que ya no cree nadie, salvo los guionistas alucinados de esa película que van inventando para engañarse a ellos mismos, como si quisieran creer que la inflación no existe, que la economía sigue creciendo, que no hay estanflación, que la pobreza real no ha trepado peligrosamente al 31% como lo demuestra tu amigo Kritz, que el desempleo no ha superado cómodamente el 10%, etcétera, etcétera…”. Yo la escuchaba, claro, si tiene una voz tan linda.

Capítulo I, ¿verdad o consecuencia?

Patricia seguía hablando, o más bien haciendo una catarsis neoyorkina, como si necesitara una “oveja”, como decía Mauricio Abadi cuando me quería explicar que la gente necesita una “oreja”, alguien que la escuche. Y yo, mientras tanto, navegué por Internet un rato para tratar de responderme la pregunta para la que hace meses y meses no tengo respuesta: ¿la gente del gobierno creerá las estadísticas que le cuentan a la gente, o lo hacen como una estrategia equívoca para engañar a los argentinos, como si fueran idiotas? Y siempre llego a la misma conclusión ridícula: la gente no cree ni una palabra de los datos oficiales, pero los funcionarios han llegado a creer, realmente, que la situación es mucho mejor que la realidad, así como las encuestas compradas. Sólo se engañan a ellos mismos, como si estuvieran despegados del planeta tierra, como si se hubieran comprado aquella frase “miente, miente que algo quedará”… Lo concreto es que encontré un texto muy interesante en un blog español sobre Goood Bye Lenin que les copio….

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Miénteme, dime que me quieres

“Good bye, Lenin” es una comedia. Pero lo que cuenta es muy serio. La película habla de uno de los dilemas más importantes de la comunicación: la utilidad de la mentira… La protagonista de “Good bye” vive en el Berlín comunista y es una fanática militante que cree ciegamente en el régimen que impera en su país. Después de sufrir un accidente, pasa un tiempo en estado de coma y un buen día despierta. Los médicos aconsejan a su hijo que se la lleve a casa pero le advierten que, debido a su delicado estado de salud, es mejor que no tenga ningún sobresalto. Sólo hay un problema: durante los meses que ha permanecido inconsciente, el muro de Berlín ha caído y el régimen comunista ha sido sustituido por una democracia capitalista. El hijo, obligado por los acontecimientos, decide apostar todo a una carta intentando el más difícil todavía: engañar a la madre para que no descubra lo que ha ocurrido. Eso supone controlar lo que ve la madre por la ventana, lo que oye por la radio, lo que sabe a través de los periódicos… “Good bye, Lenin” se convierte así en una comedia delirante sobre las mentiras piadosas y la manipulación de la realidad. Es difícil ser terapeuta y no darse cuenta de una cosa: la mentira es, para muchas personas y en muchas ocasiones, una solución adaptativa. Si alguien se encuentra ante un problema, puede adoptar dos tácticas: la primera es interiorizar la situación poniéndose triste o ansioso. La segunda es permanecer alegre reinventándose un mundo en el que el problema se ha volatilizado…Cuando utilizamos la segunda táctica, huimos de la verdad. No queremos que nadie nos recuerde un problema ante el que nos sentimos indefensos. Creemos que ser una y otra vez conscientes de la realidad solo nos causará dolor una y otra vez. En esas ocasiones, recordamos que el sufrimiento y la impotencia son malos aliados porque al mezclarlos solo conseguimos un dolor inútil del que nada se aprende. Todos hemos vivido situaciones en las que el protagonista no quiere saber. Esa persona está siendo engañada, pero cualquier observador externo vería que ese individuo puede conocer la verdad. Lo único que tiene que hacer es preguntar a la persona adecuada. Y no lo hace porque prefiere ignorar. La protagonista de “Good bye, Lenin” es una de estas personas: al principio, da la impresión de que prefiere ignorar los hechos. Sabe que su situación física es delicada y sus fuerzas andan escasas. Poco a poco va recuperándose y, en un momento determinado, siente que ya tiene energías para enfrentarse a los hechos. Ella se conoce a sí misma y por eso dosifica su dosis de realidad.

Quizás no estaría mal vivir en un mundo así, en el que pudiéramos elegir cuánta verdad queremos saber. Quizás “Good bye, Lenin” sea una metáfora de la vida. La madre postrada en cama ve lo que los demás quieren mostrarle. Estos, como cualquier director de cine o redactor de noticias para un telediario, deciden lo que le enseñan y lo que no, cambiando los escenarios para adaptarlos a la historia que le quieren contar. Supuestamente, ellos toman las decisiones en función de lo que su madre quiere saber: es ella la que se dosifica la información. Lo mismo que ocurre en la vida con el cine y los medios de comunicación…¿O no? Luis Muiño, en la web de psicoterapia
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Y entonces, me pregunté si este buen señor español a quien no conozco, Luis Muiño, sabría que en la Argentina hay un gobierno que se dedica a falsear las estadísticas oficiales, y luego a creérselas, increíble pero cierto, y que también hay una sociedad que sufrió demasiado y que, por ello, elige casi conscientemente obviar la realidad, postergar el golpe, y seguir pensando que así se evitará volver a sufrir, una y otra vez hasta que aprendamos que “nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”. Se trata de gente que a su manera prefiere seguir creyendo, como el hijo de Good Bye Lenin y su madre, que el muro de Berlín no sólo no cayó el 9 de noviembre de 1989, hace nada menos que 20 años…
Vladimir Ilich Lenin en su última travesía, luego de la caída del muro de Berlín, hace 20 años. (foto de “Good Bye Lenin”)
Capítulo II, ¿otra vuelta del péndulo? Sin embargo, ayer si hubo un debate en la Argentina, también subdesarrollado, pero debate al fin. No fue el debate pulcro, organizadito, demasiado producido, por momentos desapasionado, casi frío y con un toque de autismo por parte de los adversarios de las próximas elecciones, como el protagonizado por los candidatos de la CABA en TN (aunque al menos fue respetuoso y civilizado, lo que no es un dato menor en esta Argentina crispada por la letra K). El “otro debate” lo inició antes de ayer Mauricio Macri (seguramente sin querer queriendo), cuando sostuvo que “volvería a privatizar Aerolíneas Argentinas y los fondos jubilatorios”. Para qué…. Le dio al matrimonio Kirchner y aledaños letra para “profundizar el modelo”. Y esto lleva a dos reflexiones adicionales, muy relacionadas con la película “Good Bye Lenin”, la caída del muro, la vieja polémica entre Estado versus Mercado, las diferencias entre crecimiento genuino versus redistribución de la riqueza y el recurrente volver al pasado de la Argentina. Ante todo, Macri puso sobre la mesa un debate pendiente sobre el rol del Estado en la Argentina, un tema que traza una raya que divide en dos a la sociedad, entre estatistas y privatistas, ambos con información insuficiente y equívoca, en mi opinión, sobre el verdadero significado de esta aparente pero falsa opción. Al mismo tiempo, mientras la Argentina volvía a subirse a la máquina del tiempo y a acercarse riesgosamente a los años ochenta, si, ochenta, Barack Obama estaba presentado su proyecto de legislación para regular con mayor intensidad y sintonía fina a las entidades financieras y bancarias a través de la Fed y de la creación de nuevos organismos de contralor, incluso con un énfasis especial para proteger a los consumidores de tarjetas de crédito. Si algunos en la Argentina creyeron ver en esto a un “Obama estatizador” para justificar sus propias ideas (o ideologías, más bien), se equivocaron. Obama se cuida muy bien, cada vez que tiene una intervención pública, de aclarar que cree en un Estado regulador que proteja, promueva y estimule a la economía, pero que no está en sus planes que el Estado deba suplir el rol del mercado ni del sector privado en la producción de bienes y servicios. Su modelo es capitalismo más democracia, sin duda. Dicho de manera simple, Obama es “cero Estado Empresario” (por si alguien en la Argentina tiene dudas), y sólo acude a la vieja tradición clásica de utilizar el Estado para regular, controlar, promover la competencia y la desregulación, pero en lo posible no intervenir, salvo en situaciones extraordinarias como la de estos meses en que el Estado debió salir a socorrer transitoriamente a sectores de la economía con problemas lo suficientemente graves como para poner en riesgo a toda la economía (el sistema financiero en sentido amplia, concretamente). Pero más allá de lo que ocurra con los Estados Unidos (a la que a las pocas horas le siguió Europa, con una estrategia parecida), lo concreto es que la Argentina parece estar oscilando nuevamente en el viejo péndulo que describiera tan bien el desaparecido ingeniero Marcelo Diamond, un empresario serio y estudioso del enigma argentino, que consiste en oscilar exagerada y casi frenéticamente de un lado al otro del arco ideológico, ubicándonos (gobiernos y sociedad) durante unos años en la derecha privatizadora y otros años en la izquierda estatizadora, oscilando de manera extrema de una punta a la otra. Así, los años ’90 fueron privatizadores y no hubo nada peor que el “maldito neoliberalismo” de Carlos Menem, para pasarnos sin prisa pero sin pausa desde el año 2001 hasta el otro lado del arco ideológico y convertirnos en fervientes defensores del Estado Interventor, Gastador, Intervensionista, Empresario, Inversor, Previsional y tanto más. El maldito modelo estatista, como seguramente lo llamarán los mismos argentinos (dirigentes y dirigidos) en unos años más…
¿Otra vez el péndulo?
¿Qué hubiera dicho Marcelo Diamand (un heterodoxo serio, hay que aclarar que los hay) sobre toda esta polémica que se ha desatado otra vez en la Argentina? Que el péndulo no sirve, que oscilar de una punta a la otra es destructivo porque siempre nos devuelve al punto de partida para tener que volver a empezar, que ni Macri ni los Kirchner tienen razón, que sólo un equilibrio intermedio entre estos dos extremos sería la receta óptima para que el Estado se dedique a lo suyo. Que algunas de las privatizaciones de los años noventa fallaron, básicamente, en su instrumentación, y en sus regulaciones (o en la falta de ellas), con lo que no fueron ni competitivas ni tuvieron los incentivos necesarios para que las empresas cumplieran todas sus promesas de inversión, pese a que el desarrollo de la infraestructura de servicios que generó aquel proceso privatizador dejó sin duda un stock de bienes de capital modernos, de última generación, que le dieron a los que vinieron luego en esta década (Duhalde-Lavagna, Kirchner-Kirchner y Kirchner) una economía moderna con una buena capacidad potencial de crecer, lo que estuvo en la base misma de la posibilidad concreta de que el país pudiera expandirse al 9% anual durante cinco años, more o less. Amigos y no tan amigos, no es lo mismo intervenir que regular. El rol del Estado en una nación moderna no es el de un Estado bobo, sino el de un Estado fuerte que haga lo que tiene que hacer, que no es otra cosa que generar el escenario pro-inversor, el clima de negocios, las regulaciones de control y competencia y todo lo que promueva el desarrollo de una actividad privada que pueda desenvolverse. Eso no ocurrió en todos los casos en los años noventa, hay que decirlo, así como en estos años el Estado no está promoviendo, sino asfixiando a la actividad privada y jugando a eso que se dio en llamar el “capitalismo de amigos”, no muy diferente al capitalismo de Estado de la Alemania Nazi, ni de Unión soviética. Ya se saben, los extremos siempre se unen. Para terminar, se me ocurrió pensar en las tristes muertes de estos días. Especialmente en la del actor y comunicador Fernando Peña y la del historiador José Ignacio García Hamilton. La muerte de un artista decente como Peña, que siempre dijo lo que pensaba aunque a veces no lo compartiéramos, y la de un historiador (y Diputado) como lo fuera García Hamilton, quien nos ayudaba a no olvidar nuestro pasado, nos muestra lo mejor de una sociedad que piensa y se expresa con libertad, y que para crecer no ignora su pasado, sino que lo asume como propio.

¿El Péndulo anora nos lleva a la izquierda o a la derecha?

Nada más, la semana que viene no habrá carta desde el ciberespacio, para que cada uno tenga su momento de reflexión antes de las elecciones. Y mientras, no dejen de leer la excelente columna de Rosendo Fraga en la Nación de hoy, se la recomiendo especialmente a todos los integrantes de la oposición, y especialmente a mis buenos amigos de la Coalición, demasiado confundidos sobre quienes son los amigos y quienes los enemigos. http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1140635&pid=6692414&toi=6262 Un abrazo, y hasta la Victoria Secret. El Hombre Electrónico