Carta desde el ciberespacio número 215, del 18 de junio de 2009

Good bye Lenin: ¿Los argentinos se enteraron que cayó el muro de Berlín? http://www.youtube.com/watch?v=i7EB47ENNV0
El péndulo argentino

Hola gente, amigos y no tan amigos. “Gordito, ¿los argies se enteraron que se cayó el muro de Berlín?”, me preguntó anoche muy tarde Patricia Paltrow. Ella estaba en su cama de Park Avenue, vestidita con alguna breve y sencilla lencería de Victoria Secret, imagino que descalza por el parque como es su estilo, con la notebook apoyada en sus piernas, mirándome fijamente con sus ojitos azules como si quisiera decirme algo más. Es que hace semanas y semanas que no nos vemos, ni en Ilhabela ni en Punta el Este ni en Niúiork Niúiork ni en Cariló ni en el Solar de la Abadía ni en la pizzería El Cuartito ni caminando por el Central Park, sólo hablamos y nos encontramos a la noche en la webcam. Entre la crisis argentina y la crisis financiera internacional, el virus H1N1 y otros avatares, todos los planes cambiaron y no pudimos encontrarnos en algún lugar del planetita para decirnos Jelou y dormir cucharita, que es lo que más nos gusta y lo que aún la pacífica revolución tecnológica que estamos viviendo no nos pudo resolver. Lo concreto es que ella acababa de mirar por TN el “debate” televisivo de los candidatos a diputado nacional por la CABA y se quedó asombrada de lo que vio, claro, es que luego de haber visto en los iúesei los sucesivos debates que enfrentó Obama en las elecciones primarias, y luego en las presidenciales, debe haber pensado que su Vaio atrasaba 20 años, si lo de ayer fue un auténtico debate subdesarrollado, una lástima, cero interacción, cero diálogo, como si cada uno sólo quisiera transmitir de la mejor manera posible su cassette, su ideología, su plan de campaña, y ninguno quisiera tomarse la molestia, el riesgo, de contemplar al menos la posibilidad que el otro tuviera un poco de razón. Ya se sabe, los argentinos no nos escuchamos, para qué, si somos los dueños de la verdad, autistas, Fangio Gardel y Maradona juntos. “Flaquito, estaba mirando el debate, lo escuchaba a Carlos Heller mostrando orgulloso y fanáticamente las estadísticas oficiales sobre pobreza, desempleo, indigencia y ya no recuerdo qué más, y sentí una enorme tristeza por la Argentina, menos mal que Pino Solanas (aunque tampoco se enteró que se cayó el muro de Berlín) al menos tuvo el coraje de mostrar que tiene sangre en las venas y le respondió respetuosamente, sin agredirlo pero con firmeza, saliéndose del schedule del programa. ¿Cómo pudo el compañero Heller apoyarse en las estadísticas del Indek para sostener su cassette? ¿Acaso no sabe que son tan truchas como los llamados candidatos testimoniales?”, siguió hablando Paltrow por el skype, casi sin dejarme hablar, como si ella también fuera argentina, y de hecho lo es. “Y entonces, gordito, me acordé de aquella película tan divertida y patética, Good Bye Lenin, que vimos juntos hace poco por el canal oficial (ese que se llamaba Atc cuando al menos trataba de mostrar toda la realidad, y que hora se denomina ‘la televisión pública’, oficial, oficialista, no me acuerdo bien), y se me ocurrió pensar que aquella historia del muchacho que trata de mostrarle a su madre muy enferma una realidad irreal para que no haga malasangre y que vea la vida color de rosa es como la historia del Indek y los K, que se enamoraron de vivir en Disneylandia como si fueran Alicia en el País de las Maravillas, y ni quieren darse por enterados que la realidad está en otra parte. Pero en la peli, al menos, el muchacho creía que así la protegía a la madre y su mentira era una mentira piadosa, discutible en todo caso, pero piadosa, toda una metáfora, mientras que en la Argentina es una mentira impiadosa, infantil, que ya no cree nadie, salvo los guionistas alucinados de esa película que van inventando para engañarse a ellos mismos, como si quisieran creer que la inflación no existe, que la economía sigue creciendo, que no hay estanflación, que la pobreza real no ha trepado peligrosamente al 31% como lo demuestra tu amigo Kritz, que el desempleo no ha superado cómodamente el 10%, etcétera, etcétera…”. Yo la escuchaba, claro, si tiene una voz tan linda.

Capítulo I, ¿verdad o consecuencia?

Patricia seguía hablando, o más bien haciendo una catarsis neoyorkina, como si necesitara una “oveja”, como decía Mauricio Abadi cuando me quería explicar que la gente necesita una “oreja”, alguien que la escuche. Y yo, mientras tanto, navegué por Internet un rato para tratar de responderme la pregunta para la que hace meses y meses no tengo respuesta: ¿la gente del gobierno creerá las estadísticas que le cuentan a la gente, o lo hacen como una estrategia equívoca para engañar a los argentinos, como si fueran idiotas? Y siempre llego a la misma conclusión ridícula: la gente no cree ni una palabra de los datos oficiales, pero los funcionarios han llegado a creer, realmente, que la situación es mucho mejor que la realidad, así como las encuestas compradas. Sólo se engañan a ellos mismos, como si estuvieran despegados del planeta tierra, como si se hubieran comprado aquella frase “miente, miente que algo quedará”… Lo concreto es que encontré un texto muy interesante en un blog español sobre Goood Bye Lenin que les copio….

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Miénteme, dime que me quieres

“Good bye, Lenin” es una comedia. Pero lo que cuenta es muy serio. La película habla de uno de los dilemas más importantes de la comunicación: la utilidad de la mentira… La protagonista de “Good bye” vive en el Berlín comunista y es una fanática militante que cree ciegamente en el régimen que impera en su país. Después de sufrir un accidente, pasa un tiempo en estado de coma y un buen día despierta. Los médicos aconsejan a su hijo que se la lleve a casa pero le advierten que, debido a su delicado estado de salud, es mejor que no tenga ningún sobresalto. Sólo hay un problema: durante los meses que ha permanecido inconsciente, el muro de Berlín ha caído y el régimen comunista ha sido sustituido por una democracia capitalista. El hijo, obligado por los acontecimientos, decide apostar todo a una carta intentando el más difícil todavía: engañar a la madre para que no descubra lo que ha ocurrido. Eso supone controlar lo que ve la madre por la ventana, lo que oye por la radio, lo que sabe a través de los periódicos… “Good bye, Lenin” se convierte así en una comedia delirante sobre las mentiras piadosas y la manipulación de la realidad. Es difícil ser terapeuta y no darse cuenta de una cosa: la mentira es, para muchas personas y en muchas ocasiones, una solución adaptativa. Si alguien se encuentra ante un problema, puede adoptar dos tácticas: la primera es interiorizar la situación poniéndose triste o ansioso. La segunda es permanecer alegre reinventándose un mundo en el que el problema se ha volatilizado…Cuando utilizamos la segunda táctica, huimos de la verdad. No queremos que nadie nos recuerde un problema ante el que nos sentimos indefensos. Creemos que ser una y otra vez conscientes de la realidad solo nos causará dolor una y otra vez. En esas ocasiones, recordamos que el sufrimiento y la impotencia son malos aliados porque al mezclarlos solo conseguimos un dolor inútil del que nada se aprende. Todos hemos vivido situaciones en las que el protagonista no quiere saber. Esa persona está siendo engañada, pero cualquier observador externo vería que ese individuo puede conocer la verdad. Lo único que tiene que hacer es preguntar a la persona adecuada. Y no lo hace porque prefiere ignorar. La protagonista de “Good bye, Lenin” es una de estas personas: al principio, da la impresión de que prefiere ignorar los hechos. Sabe que su situación física es delicada y sus fuerzas andan escasas. Poco a poco va recuperándose y, en un momento determinado, siente que ya tiene energías para enfrentarse a los hechos. Ella se conoce a sí misma y por eso dosifica su dosis de realidad.

Quizás no estaría mal vivir en un mundo así, en el que pudiéramos elegir cuánta verdad queremos saber. Quizás “Good bye, Lenin” sea una metáfora de la vida. La madre postrada en cama ve lo que los demás quieren mostrarle. Estos, como cualquier director de cine o redactor de noticias para un telediario, deciden lo que le enseñan y lo que no, cambiando los escenarios para adaptarlos a la historia que le quieren contar. Supuestamente, ellos toman las decisiones en función de lo que su madre quiere saber: es ella la que se dosifica la información. Lo mismo que ocurre en la vida con el cine y los medios de comunicación…¿O no? Luis Muiño, en la web de psicoterapia
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Y entonces, me pregunté si este buen señor español a quien no conozco, Luis Muiño, sabría que en la Argentina hay un gobierno que se dedica a falsear las estadísticas oficiales, y luego a creérselas, increíble pero cierto, y que también hay una sociedad que sufrió demasiado y que, por ello, elige casi conscientemente obviar la realidad, postergar el golpe, y seguir pensando que así se evitará volver a sufrir, una y otra vez hasta que aprendamos que “nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”. Se trata de gente que a su manera prefiere seguir creyendo, como el hijo de Good Bye Lenin y su madre, que el muro de Berlín no sólo no cayó el 9 de noviembre de 1989, hace nada menos que 20 años…
Vladimir Ilich Lenin en su última travesía, luego de la caída del muro de Berlín, hace 20 años. (foto de “Good Bye Lenin”)
Capítulo II, ¿otra vuelta del péndulo? Sin embargo, ayer si hubo un debate en la Argentina, también subdesarrollado, pero debate al fin. No fue el debate pulcro, organizadito, demasiado producido, por momentos desapasionado, casi frío y con un toque de autismo por parte de los adversarios de las próximas elecciones, como el protagonizado por los candidatos de la CABA en TN (aunque al menos fue respetuoso y civilizado, lo que no es un dato menor en esta Argentina crispada por la letra K). El “otro debate” lo inició antes de ayer Mauricio Macri (seguramente sin querer queriendo), cuando sostuvo que “volvería a privatizar Aerolíneas Argentinas y los fondos jubilatorios”. Para qué…. Le dio al matrimonio Kirchner y aledaños letra para “profundizar el modelo”. Y esto lleva a dos reflexiones adicionales, muy relacionadas con la película “Good Bye Lenin”, la caída del muro, la vieja polémica entre Estado versus Mercado, las diferencias entre crecimiento genuino versus redistribución de la riqueza y el recurrente volver al pasado de la Argentina. Ante todo, Macri puso sobre la mesa un debate pendiente sobre el rol del Estado en la Argentina, un tema que traza una raya que divide en dos a la sociedad, entre estatistas y privatistas, ambos con información insuficiente y equívoca, en mi opinión, sobre el verdadero significado de esta aparente pero falsa opción. Al mismo tiempo, mientras la Argentina volvía a subirse a la máquina del tiempo y a acercarse riesgosamente a los años ochenta, si, ochenta, Barack Obama estaba presentado su proyecto de legislación para regular con mayor intensidad y sintonía fina a las entidades financieras y bancarias a través de la Fed y de la creación de nuevos organismos de contralor, incluso con un énfasis especial para proteger a los consumidores de tarjetas de crédito. Si algunos en la Argentina creyeron ver en esto a un “Obama estatizador” para justificar sus propias ideas (o ideologías, más bien), se equivocaron. Obama se cuida muy bien, cada vez que tiene una intervención pública, de aclarar que cree en un Estado regulador que proteja, promueva y estimule a la economía, pero que no está en sus planes que el Estado deba suplir el rol del mercado ni del sector privado en la producción de bienes y servicios. Su modelo es capitalismo más democracia, sin duda. Dicho de manera simple, Obama es “cero Estado Empresario” (por si alguien en la Argentina tiene dudas), y sólo acude a la vieja tradición clásica de utilizar el Estado para regular, controlar, promover la competencia y la desregulación, pero en lo posible no intervenir, salvo en situaciones extraordinarias como la de estos meses en que el Estado debió salir a socorrer transitoriamente a sectores de la economía con problemas lo suficientemente graves como para poner en riesgo a toda la economía (el sistema financiero en sentido amplia, concretamente). Pero más allá de lo que ocurra con los Estados Unidos (a la que a las pocas horas le siguió Europa, con una estrategia parecida), lo concreto es que la Argentina parece estar oscilando nuevamente en el viejo péndulo que describiera tan bien el desaparecido ingeniero Marcelo Diamond, un empresario serio y estudioso del enigma argentino, que consiste en oscilar exagerada y casi frenéticamente de un lado al otro del arco ideológico, ubicándonos (gobiernos y sociedad) durante unos años en la derecha privatizadora y otros años en la izquierda estatizadora, oscilando de manera extrema de una punta a la otra. Así, los años ’90 fueron privatizadores y no hubo nada peor que el “maldito neoliberalismo” de Carlos Menem, para pasarnos sin prisa pero sin pausa desde el año 2001 hasta el otro lado del arco ideológico y convertirnos en fervientes defensores del Estado Interventor, Gastador, Intervensionista, Empresario, Inversor, Previsional y tanto más. El maldito modelo estatista, como seguramente lo llamarán los mismos argentinos (dirigentes y dirigidos) en unos años más…
¿Otra vez el péndulo?
¿Qué hubiera dicho Marcelo Diamand (un heterodoxo serio, hay que aclarar que los hay) sobre toda esta polémica que se ha desatado otra vez en la Argentina? Que el péndulo no sirve, que oscilar de una punta a la otra es destructivo porque siempre nos devuelve al punto de partida para tener que volver a empezar, que ni Macri ni los Kirchner tienen razón, que sólo un equilibrio intermedio entre estos dos extremos sería la receta óptima para que el Estado se dedique a lo suyo. Que algunas de las privatizaciones de los años noventa fallaron, básicamente, en su instrumentación, y en sus regulaciones (o en la falta de ellas), con lo que no fueron ni competitivas ni tuvieron los incentivos necesarios para que las empresas cumplieran todas sus promesas de inversión, pese a que el desarrollo de la infraestructura de servicios que generó aquel proceso privatizador dejó sin duda un stock de bienes de capital modernos, de última generación, que le dieron a los que vinieron luego en esta década (Duhalde-Lavagna, Kirchner-Kirchner y Kirchner) una economía moderna con una buena capacidad potencial de crecer, lo que estuvo en la base misma de la posibilidad concreta de que el país pudiera expandirse al 9% anual durante cinco años, more o less. Amigos y no tan amigos, no es lo mismo intervenir que regular. El rol del Estado en una nación moderna no es el de un Estado bobo, sino el de un Estado fuerte que haga lo que tiene que hacer, que no es otra cosa que generar el escenario pro-inversor, el clima de negocios, las regulaciones de control y competencia y todo lo que promueva el desarrollo de una actividad privada que pueda desenvolverse. Eso no ocurrió en todos los casos en los años noventa, hay que decirlo, así como en estos años el Estado no está promoviendo, sino asfixiando a la actividad privada y jugando a eso que se dio en llamar el “capitalismo de amigos”, no muy diferente al capitalismo de Estado de la Alemania Nazi, ni de Unión soviética. Ya se saben, los extremos siempre se unen. Para terminar, se me ocurrió pensar en las tristes muertes de estos días. Especialmente en la del actor y comunicador Fernando Peña y la del historiador José Ignacio García Hamilton. La muerte de un artista decente como Peña, que siempre dijo lo que pensaba aunque a veces no lo compartiéramos, y la de un historiador (y Diputado) como lo fuera García Hamilton, quien nos ayudaba a no olvidar nuestro pasado, nos muestra lo mejor de una sociedad que piensa y se expresa con libertad, y que para crecer no ignora su pasado, sino que lo asume como propio.

¿El Péndulo anora nos lleva a la izquierda o a la derecha?

Nada más, la semana que viene no habrá carta desde el ciberespacio, para que cada uno tenga su momento de reflexión antes de las elecciones. Y mientras, no dejen de leer la excelente columna de Rosendo Fraga en la Nación de hoy, se la recomiendo especialmente a todos los integrantes de la oposición, y especialmente a mis buenos amigos de la Coalición, demasiado confundidos sobre quienes son los amigos y quienes los enemigos. http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1140635&pid=6692414&toi=6262 Un abrazo, y hasta la Victoria Secret. El Hombre Electrónico

Carta desde el ciberespacio número 213, del 4 junio de 2009

Buenos Aires – Brasilia, 2.380 kilómetros
Buenos Aires – Caracas, 5.090 kilómetros
¿BUENOS AIRES ESTA MAS CERCA DE CARACAS O DE BRASILIA?
La profundización
Lo único que se necesita para que el mal triunfe es que los hombres buenos no hagan nada. Anthony Burke
Hola gente, amigos y no tan amigos. La frase de moda hoy es “profundizar el modelo”, aunque hay diversas versiones y teorías sobre el significado que tendrá esto en la Argentina de Krikri. Patricia Paltrow, desde su apartamento en Park Avenue, me miraba anoche con sus ojitos azules color siete mares, de notebook a notebook, desde su cama a la mía, y se sonreía con un poco de ironía, cómo invitándome a que me tome el American Airlines de esta noche desde EZE a JFK para explicarme qué significa la profundización del modelo, y mientras me miraba desde la webcam me ayudaba a calcular la distancia que hay entre Caracas y Buenos Aires, y entre Brasilia y Buenos Aires. Debo reconocer que me demoré un rato largo en encontrar cómo trazar las rayitas entre esas ciudades para calcular la distancia en los maravillosos mapas de Google Earth. Ella insistía (con su mentalidad cosmo) que debía calcular la distancia exacta (es más obsesiva que yo, claro) desde el Palacio de Miraflores (la casa oficial de Hugo Chávez) hasta la Quinta de Olivos, y desde allí hasta el Palacio de Planalto, en Brasilia (la casa oficial de Lula, el “presidente mais grande do mundo”), mientras yo insistía que no había que ser tan precisos, que eso no hacía la diferencia, pero bueno, ella perdió pero me ganó, afortunadamente siempre me gana. Por supuesto que comprobamos lo obvio: que la distancia entre Buenos Aires y Caracas es de 5.090 kilómetros, más del doble que la distancia que hay entre Buenos Aires y Brasilia, que es de 2.380 kilómetros. Pero de repente Paltrow se puso como los mismísimos Kichner y empezó a negar la realidad a lo grande: “No es tan obvio como parece, flaquito gordito, sobre todo si calculamos la distancia entre el Palacio Miraflores y la Quinta de Olivos, en ese caso claramente Caracas está más cerca de Buenos Aires que el Palacio de Planalto, ni que decir de Itamaraty”, me dijo como si supiera, cosa de mujeres seguras de sí mismas, cosa de brujas, como quien asegura que el perfume Carolina Herrera es mucho mejor que el Chanel n° 5 con el que se vestía Marilyn Monroe todas las noches. Junous con las maravillosas mujeres que nos alegran la vida y le ponen adrenalina. Pero, ¿tendría razón? ¿Funcionará la metáfora? Eniuai, Paltrow se quedó hasta las doce y media de la noche (y eso que madruga para ir a darse contra la Calle de la Pared, finalmente sólo es una banquera en tiempos de crisis) para tratar de convencerme que estamos más cerca de Caracas que de Brasilia, y eso que todavía Néstor Kirchner no había duplicado la apuesta otra vez contra el Grupo Techint (lo que ocurrió hoy mismo, demostrando que ya no pudo con su genio otra vez y que la dosis de RR, Rivotril Roche fue insuficiente para calmarlo). Pero terminó dándole hoy la razón a Paltrow, otra vez. “Claramente estamos más cerca del Palacio Miraflores que del Planalto, y la profundización no es otra cosa que eso, Beibi –me dijo ella anoche, jugando no sé a qué con su pijama Victoria Secret nuevo-: más Estado, más capitalismo de amigos, más de doblar la apuesta y triplicar puntos palabra como en el scrabble, casi como la frase que solía decir tu amigo Sturzenegger (padre) hace años cuando sostenía que la Argentina es un capitalismo sin mercado y un socialismo sin plan, pero claro, Adolfo se refería a los años de Alfonsín, pobre Alfonsín, al lado de esta ‘vieja economía’ era una carmelita descalza. Y a las 0:30 am en punto se fue a dormir, claro, no si antes decirme un beso y aclararme que “los muchachos” (así le dice a los operadores en el touchpad) debieran tener un poco de cuidado con esa idea que el dólar se caerá en picada y que vendrá la inflación en los Usas, y que vendrá el Apocalípsis otra vez (ese Apocalípsis que ya pronosticaron hace 4 meses en medio del ataque de pánico anterior). Fuer por eso que en estos días salieron a comprarse cualquier cosa nominada en euros, yuanes, yenes, reales, metales, commodities de lo que sea y hasta canguros australianos. “Me parece que están subestimando al trío Obama-Timoteo-Bernanke, gordito, que cuanto tengan que rebobinar los T-Bonds y aspirar los dólares emitidos para salvarnos de la crisis no dudarán ni un nanosegundo en hacerlo en su medida y armoniosamente, con lo que todos los que pronosticaron otra vez el fin del capitalismo, del dólar y de los iúesei se quedarán tostaditos y arrebatados como un asado a la neocelandesa, iunou, beibi”. Y me mandó un beso de los suyos y se fue a dormir, dejándome desvelado con la preguntita del millón de ¿dólares?, ¿euros?, ¿remimbis?, o sea, ¿qué es la profundización?, ¿estamos más cerca de Caracas que de Brasilia?, ¿se cae el imperio americano y ahora viene el chinaway?, o como dijo Rosendo, estamos más cerca de Moscú, del Moscú de Putín, Groucho Marx y el capitalismo de amigos, claro, no del de su primo Carlos. Capítulo Unico, la profundización de la profundización
Néstor “luckyman” Kirchner (Fuente: Ciclo Broda, junio 2009)
Si alguien hubiera dicho que entre abril y junio (un poco después que el gobierno adelantó las elecciones por “culpa” de la crisis financiera internacional) los indicadores internacionales mejorarían como mejoraron en estos largos tres meses pasados, le hubieran dicho que estaba crazy y nadie le hubiera creído. Pero Néstor Kirchner es un hombre se suerte, le empiezan a decir Luckyman, de hecho. El cuadro del estudio Broda que está arriba confirma la espectacular mejora de todos los índices verificada desde el 9 de marzo, momento en que la crisis mundial se tomó vacaciones, nadie sabe si hasta el 29 de junio (un veranito para demostrar que Dios es kirchnerista, con perdón de la metáfora) o por más tiempo. El Don Jones subió 33,2% desde el 9 de marzo, el Bovespa subió 48,3%, la soja subió 40,7%, el dólar en el mundo cayó 12,3% (contra el euro) y el real brasileño se revaluó 18,2%, todo lo que terminó provocando que el riesgo argentino cayera 644 puntos por única y exclusiva “culpa” de la crisis financiera internacional por la cual debieron anticiparse las elecciones, ya que el mundo se “estaba cayendo a pedazos”, como lo explicara la Presidente y Presidenta Kirchner en los fundamentos que la llevaron a adelantar las elecciones. ¡Eso es timming! Pese a esto, el kirchnerismo siguió alejándose del mundo y acercándose al paradigma de “vivir con lo nuestro”, con un componente crecientemente estatizador (que no es lo mismo que nacionalizador) de la política económica. Y esto es lo que viene, aunque en dosis mayores, a partir del 29 de junio, y pese a que Néstor Kirchner abrace a la gente, diga discursos educados, acuse “respetuosamente” a quienes no piensan como él y les regale besos a los bebés y las abuelas en los actos de la campaña pre-electoral del famoso “cono urbano”. ¿Se trata que el recordado teorema de Baglini (veasé en Internet “Blaglini”) está funcionando al fin, y a medida que la realidad acecha los funcionarios entran en razones? Lamentablemente no parece ser el caso, lástima, hubiera sido todo un detalle, pero parece que no, más bien es sólo un simulacro, sólo cosmética, ya que como lo sostiene Paltrow, mi asesora de cabecera desde Niúiork Niúiork, se viene la profundización de la profundización del modelo. O puesto en términos geográficos, la Argentina no se acercará a Brasilia ni a Lula, aunque tampoco se alejará demasiado, y por ahora los Kirchner seguirán más cerca de la Venezuela de Hugo Chávez. Pero, ¿la Argentina mira sólo a Caracas, o también le da una miradita al Moscú de Putin, como lo sostuvo Rosendo Fraga en estos días, aunque nadie sabe si esto es ir a Guatemala o a Guatepeor. El miércoles, durante el ciclo mensual del Estudio Broda, quedaron claras varias cosas… · Luckyman I. La crisis internacional estaría tocando fondo, de hecho las economías ya están cayendo más despacio, y hacia delante la economía norteamericana empezará a recuperarse moderadamente, traccionando al resto de un mundo que mientras tanto se llena la boca pronosticando la caída del imperio americano y apostando en contra (en contra de sí mismos, claro, veasé el caso europeo, sin ir más lejos). Miguel Angel Broda, navegando entre los pronósticos pesimistas y optimistas, apuesta con bastante realismo que habrá una recuperación a partir del 2010, que ya podría insinuarse en el último trimestre de este año. Hay que decir que, contra la corriente, tanto Miguel Angel Broda como Patricia Paltrow se mantuvieron en estos meses, muy cabezaduras ellos, sosteniendo que la feroz política hiperactiva anticrisis de Ben Bernancke y del Tesoro norteamericano, y su apuesta a una sincronización internacional de estas políticas, evitarían que la explosión de las burbujas se convirtiera en una crisis de la profundidad de la ocurrida en los años ’30. Todo indica que no se equivocaron, más allá de algunos sube y bajas y malos números macro que seguirán apareciendo (empleo, por ejemplo). · Luckyman II. Nadie sabe si porque el país está lejos del mundanal ruido, o porque la soja está volando otra vez y el dólar real mejoró aquí gracias a que cayó en el mundo, o porque se pudo evitar una caída violenta del desempleo, o porque de tanto negar y negar que hay crisis, inflación y estancamiento los Kirchner lograron impensadamente amortiguar el impacto, o porque los argentinos también son negadores de la realidad (ya que nos creemos el ombligo del mundo), lo cierto es que la economía parece haber comenzado a amesetarse en algunos indicadores que tienen que ver con la demanda doméstica de bienes no durables (ventas en supermercados y shoppings, consumo de servicios públicos…). Y hasta la industria comenzó a mostrar algunos síntomas de que hay vida después del Apocalipsis que faltó a la cita. Los datos son de Broda, pero coinciden también con los de mi amigo Luciano Laspina, el “chief economist” del Banco Ciudad (no confundir con Banco City).
Néstor “luckyman” Kirchner (Fuente: Ciclo Broda, junio 2009)
· Luckyman III. Pese a esto, la salud de la economía muestra sus dificultades, y graves, en todos los indicadores que se relacionan con el largo plazo. Las inversiones productivas han caído ferozmente, así como la siembra de granos y las otras producciones de ciclo mediano o largo. Las importaciones se pulverizaron, las ventas de autos y propiedades se siguen desplomando, el empleo en el sector construcciones destruyó muchos puestos de trabajo mientras el empleo en blanco se está reduciendo (pese a la publicidad oficial que anuncia que está “tudo bem, tudo legal”, una excelente estrategia para atacar el empleo en negro que se atrasó 5 o 6 años y que se instrumenta justamente cuando las empresas en lo que menos piensan es en crear nuevos puestos de trabajo, ni blancos, ni grises ni negros). Con estos datos, todo indica que Luckyman tiene suerte de corto plazo, interna e internacional, y ya se sabe que en la Argentina el largo plazo es una época que a nadie le interesa, agobiados como están los argentinos preguntándose todas las mañanas al salir de su casa si los atrapará un mosquito dengue, un colectivo cruzando una luz roja, un chico de 15 años jugando a Bonnie & Clyde, la gripe porcina o la imposibilidad de conseguir algo tan trivial como monedas para transportarse y comprarse un chocolatín. Dicho de otra forma: “die argentinien von Tato no tiene futuro”, sólo vive en un eterno presente. Amigos y no tan amigos. Este mismo miércoles, en el ciclo económico del Estudio Broda, quedó flotando una conclusión adicional, impensada. Si Kirchner se siente ganador el 29 de junio, se verá tentado a duplicar la apuesta y profundizar el famoso “modelo”. Y si Kirchner se descubre perdedor, más inseguro, derrotado, más debilitado, intentará retomar la iniciativa, inclinándose más hacía Chávez que hacia Lula. De las dos maneras hará lo mismo, ya que su lógica (en la fortuna o en la desgracia, en la salud o la enfermedad, en las buenas o las malas) no es otra que duplicar siempre la apuesta. Este es el pronóstico del día 29, si es que la oposición sigue jugando a polemizar y acusarse los unos a los otros, infantilmente, para hacer felices a los Kirchner, en vez de juntarse para promover -antes de las elecciones- un acuerdo sobre los grandes temas en los que todos están de acuerdo (la salud de la República, por resumir la idea). Sólo esta señal de una oposición unida en los grandes temas les daría a los diarios del lunes 29 de junio la posibilidad de titular que “ganó la oposición con un 65%, more o less”. Rosendo Fraga lo señaló con todas las letras en su análisis político este mismo miércoles, lúcido como nunca: “la clave de la oposición es un acuerdo parlamentario que justifique la suma de votos en la noche del 28 de junio”. ¿Quedó claro? Epílogo, sobrevivir con lo nuestro El modelo de “vivir con lo nuestro” es la frase que mejor resume lo que vendrá en esta pronosticada profundización del modelo. Más Estado. Menos Mercado. Más intervención. Menos sector privado. Más presiones, más pensamiento único, menos República. Queda claro que el modelo de “vivir con lo nuestro” consiste en una economía en donde, poco a poco, se han ido eliminando los motores del desarrollo económico genuino y sustentable. Primero el gobierno confrontó con el sector agropecuario (que ahora siembra e invierte mucho menos), ahora confronta de manera creciente con la industria (que ya está invirtiendo mucho menos). ¿Cuáles serán los motores que seducirán las inversiones productivas que motoricen un aumento del PIB, entonces, si la llamada economía real deja de invertir en la Argentina? ¿Alcanzará con el Estado Gastador? ¿Alcanzarán los servicios reales y financieros en el sector privado? ¿Alcanzará con el Estado Empresario, Inversor y Empleador? La Argentina ya probó esa fórmula en el pasado, sin éxito, y ahora lo que viene es una remake de la década del 80, con más empleo improductivo y menos inversiones productivas. Aquella vez todo terminó en estanflación, con crecimiento modesto y puja distributiva, en una economía sin fuerza, sin estímulos, sin señales. Eso, y no otra cosa, es el capitalismo de amigos, no es un camino al socialismo, no es el modelo de Hugo Chávez de estatización de empresas nacionales y nacionalización de empresas extranjeras. Es simplemente sobrevivir con lo nuestro, hasta que se agote, claro.
¿Profundizamos?
Les envío estas cartas y me voy a conversar con Paltrow sobre la supuesta caída del imperio americano, jeje. Un abrazo, y hasta la Victoria Secret.

El Hombre Electrónico (Políticamente incorrecto)

Carta desde el ciberespacio número 207, del 2 de abril de 2009

EN TIEMPOS DE UNA DEMOCRACIA HERIDA La segunda muerte de Alfonsín
Los pueblos tienen los dirigentes que se les parecen André Malraux
Hola gente, amigos y no tan amigos. Hoy es dos de abril, una fecha que suele ser especial en la Argentina, vaya uno a saber porqué. Es un día que cada tanto nos plantea encrucijadas, dolor, dilemas difíciles y más preguntas que respuestas. “Sentí que otra vez era huérfana”, me dijo el martes a la noche la señora que trabaja en casa hace años, una tucumana buena, sencilla y humilde, llorando, cuando escuchó en la radio que se había muerto Raúl Alfonsín. Me dejó pensando, sin entender todavía, qué estaba pasando de nuevo e inesperado. Yo mismo me emocioné y lloré un poco, y me quedé triste desde aquel momento. Debo decir que nunca conocí personalmente al Presidente Alfonsín, pese a haber trabajado para su gobierno como mucha de la gente de mi generación, que se enamoró de él, de su discurso democrático y respetuoso, de su dignidad, de su sencillez, de cierto cabezadurismo que no por ello se olvidó de palabras como tolerancia y pluralismo, todo lo que extrañamos en estos días de furia y crispación generada por el matrimonio presidencial de Néstor y Cristina Kirchner, crispación que no sólo afecta a quienes no pensamos como ellos sino a quienes sí piensan como ellos y se conducen como si fueran los dueños de la Argentina. Entonces me di cuenta qué estaba pasando, a mí y a mucha gente: la democracia que comenzó a construir Raúl Alfonsín en 1983 está herida, otra vez herida, y los argentinos están cansados, otra vez, del maltrato, y éste es el trasfondo que puede explicar todo lo que se desencadenó a partir de las 20:30 del martes, cuando nos enteramos que el hombre finalmente había muerto. No nos engañemos: Raúl Alfonsín era un ser humano que también se equivocó y mucho, que dejó al país en medio de la hiperinflación de 1989, que tuvo una participación controversial en el gravísimo Pacto de Olivos; que “no supo, no quiso o no pudo” defender al gobierno de la Alianza en una caída que llevó a la Argentina hacia un nuevo desastre que culminó en la crisis de 2002. Con todo, los argentinos parecen haber elegido en estos días (y con alguna sabiduría) recordar al mejor Alfonsín, a aquel hombre que sacó lo mejor de nosotros y que muchos, en estos días, han calificado como el “padre de la democracia” porque encabezó la dura transición iniciada hacia fines de 1983 para recuperar a la República. Parece una buena elección. El mensaje de muchísimos argentinos, miles, quizá millones, que en este mismo día están acompañando de una u otra forma a Alfonsín hasta el cementerio, de repente, no es otro que el que encarnó siempre el ex Presidente: más democracia, no menos; más República, no menos, más instituciones, no menos, lo que no debería de pasar desapercibido por nadie a menos de tres meses de las próximas elecciones legislativas que vienen con pronóstico reservado, debido a la decisión del kirchnerismo de forzar un adelantamiento de los comicios aduciendo ridículas razones relacionadas con la crisis financiera internacional. Hasta el martes, el debate mediático de la semana era la aparición de la epidemia de dengue (escondida vergonzosa e irresponsablemente por las máximas autoridades de la provincia del Chaco, otro matrimonio con aires imperiales), mientras la gente trataba de entender el nuevo cuento chino (el swap por 10.000 millones de dólares) diseñado para amortiguar la persistente salida de capitales y el cambio de portafolio que, sin prisa pero sin pausa, los argentinos (con demasiada experiencia en este tema), están adoptando para resguardarse de lo que vendrá. El debate también era Maradona, un futbolista genial devenido (sin títulos, sin formación) en director técnico de la selección, como si para este cargo con ser Maradona alcanzara para cualquier cosa. La agenda se conformaba, por lo demás, con la reunión del G20 en Londres, en donde Cristina de Kirchner esperaba proponer una pomposamente llamada nueva arquitectura para los organismos internacionales y un rediseño del FMI, con más votos y fondos para los países emergentes, mientras de paso reclamaba por las Islas Malvinas, lo que siempre es un detalle que no debe pasar por alto cualquier Presidente sensible y políticamente correcto. Pero Raúl Alfonsín, cabezadura como siempre, se tuvo que morir sin avisar, cambiando la agenda oficial, incluso habilitando al Vicepresidente Cobos a aparecer en escena en un elevado y merecido perfil, lo que posiblemente haya generado más de un ataque al hígado y el aumento de consumo de Buscapina en los aledaños de Olivos, y posiblemente en Piccadilly Circus también. Hay una pregunta que no debemos dejar de hacernos en un día como el de hoy, un dos de abril, y de respondernos con honestidad, mirándonos en el espejo. La pregunta es compleja y de difícil respuesta, me la he hecho muchas veces desde 1982 en delante. ¿Qué hubiera pasado si Leopoldo Galtieri hubiera logrado, luego de la recuperación de las Islas Malvinas, una relativa victoria en la negociación con Gran Bretaña y se hubiera llegado a una salida negociada que implicara hacia el futuro algún tipo de solución digna al diferendo de Malvinas? ¿Hubiera habido elecciones en 1983? ¿Los militares se hubieran quedado en el poder por mucho tiempo más en la Argentina? ¿Se hubiera producido el desastre que llevó a la caída de aquella Junta Militar y a la elección de una nueva Junta que no tuvo otro remedio que convocar un rápido retorno a la democracia? Lo que quiero preguntar es una cuestión políticamente incorrecta: ¿los argentinos somos tan democráticos como creemos serlo? ¿Los argentinos recuperamos la democracia en 1983, o es que los militares perdieron el poder por la suma de sus propias ineficacias? Se trata de una respuesta para la que no tengo respuesta, y menos en un día como el de hoy, en que todos nos sentimos profundamente sensibilizados por la muerte de Alfonsín y por las otras cosas que están ocurriendo en nuestro país. Aquí, cada uno debe encontrar su propia respuesta, ya que la pregunta es demasiado grande. Si la respondemos acertadamente, creceremos como personas y como sociedad. Hay una historia que no puedo pasar por alto. Ocurrió el 18 de junio de 1999, cuando Alfonsín tuvo un grave accidente en la provincia de Río Negro y estuvo a punto de morir. Yo estaba en la redacción de El Cronista aquella noche y las noticias que nos llegaban eran las peores, por lo que decidimos hacer la contratapa del diario suponiendo lo peor, tarea dolorosa que me realizar a mí. Realmente no sabíamos qué sucedería, pero en los diarios siempre hay que estar preparados para lo peor. Aquella noche me quedé hasta tarde en el diario escribiendo aquella dolorosa contratapa haciendo una semblanza de Raúl Alfonsín, incluso amigándome con él, aunque con el pasar de las horas el peligro fue cediendo y el ex Presidente, cabezadura y con un feroz instinto de vida, le ganó a la muerte, se recuperó y vivió unos 10 años más. Aquella “contratapa por las dudas” no tuvo que ser publicada, afortunadamente, y su destino fue curioso: meses después le llevé la “fotografía” de la misma a mi amigo Jesús Rodríguez, para que se la entregara al mismo Alfonsín como un recuerdo de aquella primera muerte a la que él no se presentó. Si alguna vez llegó a leerla o no, nunca lo supe, pero estoy tranquilo, posiblemente hoy escribiría algo muy parecido a lo dicho en aquella noche de desvelos. Pero esta vez, Raúl Alfonsín sí se presentó a su cita con la historia, y posiblemente en un momento en que quizá, sin saberlo, le esté haciendo un nuevo servicio, el último, a su país y a sus convicciones democráticas y republicanas, despertando y encendiendo nuevamente en la gente, en los argentinos, aquel espíritu respetuoso, manso, no de confrontación sino de construcción, no de crispación sin de serenidad y paz, que el país está necesitando como el agua en el desierto. Mi respuesta ante todos estos interrogantes es que los argentinos somos seres humanos, como el mismo Raúl Alfonsín lo fue, y aunque algunos son más humanos que otros, y aunque no somos perfectos, aunque solemos equivocarnos a veces y acertar otras veces, lo cierto es que hoy, por alguna razón, enfrentamos una nueva encrucijada en que Raúl Alfonsín está otra vez sacando lo mejor de nosotros incluso después de muerto, desencadenando hechos que no esperábamos en nosotros mismos hasta el martes pasado, anhelando como nunca vivir en un ambiente de respeto a las instituciones, los valores y los principios de la República, con más tolerancia, en democracia y con una deseada libertad de pensamiento que en los últimos años ha sido opacada por dirigentes grises que se llenan la boca usando estas palabras, mientras apuntan exactamente en la dirección contraria. No debe ser casual que mientras escribo esta carta, a las 16 horas, en la Recoleta decenas de miles de argentinos pugnan por acompañar a Raúl Alfonsín hasta su última morada, y no se han quedado afuera del cementerio, como suelen hacerlo no pocos políticos cuando acompañan a sus líderes hasta la tumba, aunque se quedan en la puerta, sin entrar. En cambio, en este mismo momento hay miles de argentinos que desean entrar al cementerio para despedirse, acompañar a su ex presidente hasta el final y despedirlo con un emotivo aplauso. No, seguramente no es casual. Y este es el último servicio que Raúl Alfonsín vino a brindarle a su país, con su muerte, como si en 1999 el destino hubiera decidido que aún no era la hora de su partida y él hubiera esperado hasta ahora, como sabiendo que los argentinos volverían a necesitarlo para que él les recordara el preámbulo de la Constitución, que no todos los argentinos leyeron, ni suelen respetar, aunque se disfracen de democráticos, buenos y respetuosos. Un abrazo. El Hombre Electrónico (políticamente incorrecto)

Carta desde el ciberespacio número 204, del 5 de marzo de 2009

Pieter Bruegel, la Torre de Babel
Shock financiero,económico y social
¿La primera crisis global?
Hola gente, amigos y no tan amigos. Como no es agradable dar malas noticias y cómo nuestro nivel de tolerancia a las mismas es cercano a cero en estos últimos tiempos, en febrero me dediqué a leer, descansar y reflexionar sobre lo que está pasando, socorro, exiliado en el ciberespacio y con algunas salidas homeopáticas a la llamada realidad, de la mano de Patricia Paltrow, que estuvo todo el mes visitando Buenos Aires, claro, se escapó del frío de Niúiork Niúiork y del frío de la Calle de la Pared (no es bueno que una banquera como ella esté sola en estos tiempos de cólera). Así que nos dedicamos a pasear por Buenos Aires, que en verano es una belleza sobre todo porque no hay mucha gente, ni mucho tránsito. El programa era sencillito: tomar helados de marrón glacé y chocolate blanco (ella tomaba de chocolate blanco y marrón glacé, para mostrar su independencia de criterio), hacer minuturismo por la zona norte (lo que podemos llamar “turismo de aventura” dada la inseguridad ambiente), ver muchas películas viejas y nuevas por la noche (no se pierdan Suite Ejecutiva en TCM , para comprender que los actuales discusiones en el mundo de los negocios son las mismas de hace 50 años), visitar amigos (preferentemente con pileta y jardín) para poder dedicarme a mi pasatiempo favorito que consiste en pasarle el limpiahojas a la piscina al atardecer (sea o no mía, me relaja) y caminar, caminar todo lo posible por las callecitas de Belgrano o Belgrano Erre, que tienen ese qué se yo, luego de la cena, demostrando que somos dos personas audaces. Y algunas otras cosas, claro, como nuestras conversaciones al amanecer sobre los grandes temas que nos preocupan, que son los mismos que les preocupan a ustedes, y cuidarnos en no confundir el sexo con el amor, uno de los males de nuestro tiempo. Pero ella ya se volvió a los iuesei, la llevé al erport la semana pasada y se volvió a la guerra, preocupada porque cuando vino las acciones de su banco se ubicaban en 10 dólares y cuando se fue estaban en 7 dólares, aunque si algo queda clara es la decisión del nuevo gobierno y de la Fed de no dejar caer a ninguno de los 19 grandes bancos, aunque estén muy estresados. Cuando nos despedimos, yo la abracé y ella me dio su habitual beso de RRII (las demostraciones de afecto las deja para cuando estamos solos en la madrugada). Y le dije mi frase habitual que copié del diario El País, “no te preocupes, el capitalismo tiene los siglos contados”, y ella me miró con sus ojos celestes caribe, riendo, y me retrucó que sí, que esta era, nada más ni nada menos, que la primera crisis global de la globalización (a ella le fascina jugar con las palabras). “Luego cuando llegue allí hablamos por skype y te explico, flaquito gordito”, dijo, como si me hubiera dicho “la próxima vez que vayamos a Volta probemos un helado de otro gusto”. Y se fue solita, como toda una mujer cosmo, por la gate 23, con su valijita con ruedas tan chiquita como ella (con su Vaio a cuestas y todo), finalmente vino al verano de Buenos Aires y sólo necesitó un poco de ropa, no mucha, total ella siempre usa mis bermudas de jean agujeradas y mis camisas blancas que le quedan tan bien. Obviamente, tenía una campera gruesa para cuando llegara a JKF y se subiera a un yellowcab manejado por algún barbudo enojado con la vida, al que le gustara tener la ventana abierta, para llevarla hasta su pisito de Park Avenue. Yo la miré irse y me pregunté lo mismo que todos nos preguntamos en estos días: “¿falta mucho para que la crisis llegue al piso, o esta crisis viene con subsuelo?”.

Capítulo I, crisis global, ¿qué crisis global? Ayer nomás el estudio Broda comenzó con su ciclo anual, como lo viene haciendo hace 22 años (una de las pocas “instituciones” estables que quedan en la Argentina) el primer miércoles de marzo de cada año. Estaba lleno de sus clientes, hombres de negocios, economistas, diplomáticos, los conocidos de siempre pero más. Ellos tampoco habían tomado demasiado sol este año (“es para cuidarse del sol, que viene muy fuerte, explican). Rosendo Fraga y Ricardo López Murphy hicieron sus disertaciones (la realidad política y la reflexión económica), en donde si algo quedó claro es que la estrategia de Barack Obama enfrenta mayores dificultades financieras, económicas, políticas y geopolíticas que las imaginadas inicialmente. La Obamanía se desinfló un poco, ante la magnitud de una crisis que empezó en los iuesei pero que se está potenciando en esta aldea global en donde nadie es inocente, hay que decirlo. Con respecto al capítulo argentino, ni hablar, para muchos la coalición kirchnerista cae en picada (“en el campo político se cree que ya no hay margen para Kirchner 2011 y que incluso el oficialismo puede perder las legislativas de 2009”, explicó Rosendo, aunque aclaró que “el ex presidente ha perdido la guerra., pero todavía puede ganar batallas”). Dicho crudamente, algunos peronistas no saben si ir o no ir al cementerio, y si entrarán o se quedarán afuera saludando a los pocos deudos. La experiencia indica que se quedarán afuera, como es la costumbre, pero algunos no se deciden y piensan que “todavía puede ser prematuro para la traición”. Pero todo aquello es irrelevante. Yo me había quedado pensando en aquella frase sobre la primera crisis global de la globalización que me deslizó Patricia así como al pasar, y Broda empezó como si ellos hubieran hablado un rato antes: con un cuadrito que decía más que mil palabras, revelando cómo ya en el IV trimestre del año pasado el mundo mostró un verdadero colapso en el nivel de actividad: no habló de un país, sino del mundo, claro, y si miran los datos en detalle (abajo) verán que asustan por dos razones. La primera, por la magnitud de la caída, y la segunda, porque se observa una sincronización en la caída y cómo la teoría del “desacople”, tan de moda el año pasado, sucumbió ante la realidad. Así, profundidad de la caída, la velocidad (acentuada porque estamos en un mundo online) y la sincronización de los hechos se están combinando para complicar el panorama y explicar porque el mundo está ante un problema diferente a los anteriores. “Esta crisis no es ni será algo parecido a la crisis del ’30, flaquito”, me decía Paltrow anoche, hablando por el skype. Yo le pregunté si será peor. “No -me respondió-, no debería ser peor, el mundo aprendió y está reaccionando globalmente para enfrentar la situación, encabezado por la visión global de los norteamericanos y los chinitos y sus decisiones concretas para ponerle un piso a la recesión. Que sea una crisis global no significa que sea peor, o más profunda, o más larga o más corta, sólo que será diferente, y el denominador común es que les pegará a todos, desde los euro-escleróticos de la UE hasta los europeos orientales, pasando por la paliza que están sufriendo países como Corea, Japón e incluso la Argentina (que sigue mirando para otro lado como si fuera a salvarse porque inventó la heterodoxia, jeje, inventariola)”. Eso me dijo, optimista, aunque tratando de observar los sucesos desde una perspectiva “cosmo” a lo que está ocurriendo en el planetita. Cuando me habla así, tengo que decirlo, me gustan aún más sus ojitos, y su mirada de “yo no fui” que es puro teatro para seducir, claro. Sabe hacerse la tontita como ninguna.

Fuente: Estudio Broda, ciclo económico marzo de 2009

Y justamente esta mañana, como si los bancos centrales le estuvieran dando la razón a Paltrow, y luego de los estímulos que planea China para su economía, trascendió que hasta el Banco Central Europea bajaría las tasas de interés de corto plazo a la tibia velocidad de Jean Claude Trichet (de 2% a 1,5% anual), mientras los ingleses iban a la ofensiva y las reducían hasta 0,5% anual, demostrando que por algo fueron los que inventaron el capitalismo salvaje. “Gordito –me dijo anoche en la cama, desde su Vaio hasta mi Dell, a 5000 millas de distancia, moroles-, lo que nadie se da cuenta aún es que estamos viviendo una época la humanidad nueva, diferente, y nos guste o no estamos globalizados, en las buenas y en las malas, en lo económico y en lo social, en las costumbres, en la comunicación instantánea, en las expectativas, en los hábitos, en las modas, y también en la forma de relacionarnos, hasta de amarnos o de odiarnos. De paso, ¿viste Babel de nuevo?”, volvió a preguntarme. Si la había visto, claro. Y luego de terminar de conversar con ella un rato más, y de hacer End con las compus, intenté con todos estos datos construir algunas certezas mínimas sobre lo que está ocurriendo. · La Argentina está sufriendo una crisis más profunda que lo esperado, porque acumula una serie de distorsiones en sus precios relativos que no ha resuelto a tiempo (dólar, tarifas, inflación de costos) y que la llevan a una estanflación en un mundo en deflación, con los famosos superávit gemelos en disminución acelerada. · En estos tiempos lo peor que uno puede hacer es engañarse, mentirse y mentir con las estadísticas. Sólo reconociendo a la realidad en vez de negarla se puede empezar a tomar medidas para evitar más efectos negativos. Y una vez que se acepta la realidad, habrá que tomar medidas desde una óptica menos ideológica y más objetiva, algo que no parece probable si se miran los comportamientos del pasado. · El recurso de echarle la culpa de todo lo que ocurre y ocurrirá a nivel doméstico a la crisis económico internacional es una excusa muy “oportuna” que el gobierno argentino está utilizando a todo o nada, pero que posiblemente no alcanzará para convencer a la gente. La crisis económica comenzó en la Argentina el año pasado, antes de la caída global y la gente lo percibe. Y el riesgo de perder totalmente la confianza, como le pasó al pastorcito, está a la vuelta de la esquina. · Los Estados Unidos no dejarán caer ningún banco más, y posiblemente ninguna gran empresa emblemática, y tienen claro que a diferencia de la crisis del ‘30 hay que usar a pleno la política monetaria y fiscal, y ya lo están haciendo. Los riesgos de una posterior inflación y de un endeudamiento fiscal inédito son exagerados. Los Estados Unidos tienen la máquina de hacer dólares, y de absorberlos cuando sea necesario. Y el actual endeudamiento fiscal se está tomando a tasas cercanas a 0%, lo que implica menores costos de cancelación futura que los que se creen. · El resto de los países están funcionando más y más sincronizadamente con esta estrategia y así como la crisis financiera y económica es global, la política económica empieza a tener también características globales. · El gran problema del mundo es de expectativas ferozmente negativas, con pánico y desconcierto ante una crisis inédita y desconocida. Los gurúes de todo el mundo, con sus pronósticos apocalípticos (dar malas noticias vende siempre más que dar buenas noticias), sólo alimentan estas expectativas negativas y llevan a un círculo vicioso hacia la caída que puede pronunciarse. Este es el gran riesgo: expectativas negativas que puedan profundizarse con comportamientos en manada. Como diría el rey de España, “¿por qué no te callas? Yo no sería contundente, no hay que callar a nadie nunca más, sólo hacerles un test de alcoholemia antes que se pongan a hacer pronósticos gratuitos por los medios. Capítulo II, Babel, ¿la primera película global? Armados con un rifle dos niños marroquíes salen a cazar chacales para asegurar el bienestar de su rebaño de cabras. En el desierto, los niños dan rienda suelta a sus travesuras, son niños como los que vemos por la calle en Buenos Aires, aunque hayan crecido de golpe y sin dirección ni responsabilidad alguna, que en vez de haber sido educados han sido deseducados –o no educados- por padres ausentes, también como muchos niños argentinos.

Entre otras cosas estos niños deciden probar el rifle, pero la bala va más lejos de lo que ellos imaginaron, haciendo colisionar en un instante las vidas de cuatro grupos de personas, separadas en tres continentes: una pareja de turistas estadounidenses que se hallan atrapados en medio de un accidente que escapa al control de todos; una adolescente japonesa sordomuda; el padre de la anterior, quien era el dueño original del rifle y se lo regala al marroquí, y una niñera mexicana que, sin medir las consecuencias cruza la frontera con los hijos de los turistas estadounidenses que estaban a su cargo, desencadenado otra historia en la que ella misma pierde todo lo que había logrado en años de vivir en los EE.UU. Ninguno de los grupos de personajes conocerán nunca. La película está basada en la Torre de Babel.
Imágenes de la primera “película global”, Babel, con Brad Pitt y Cate Blanchet
Amigos y no tan amigos, ¿qué tiene que ver todo esto con la crisis financiera y económica mundial? La palabra clave es interacción. Es como la historia de la mariposa que aletea en Pekín y desencadena un tifón en California. Es como el cambio climático, que tendrá que enfrentar y resolver todo el mundo porque ya no depende de que unos pocos países hagan buena letra. Afortunadamente, enfrentar el cambio climático está en la mismísima agenda del nuevo gobierno de los EE.UU. En este caso, el ejemplo es una simple bala perdida en las montañas de Marruecos, que provoca toda una serie de impactos sobre la vida de personas que viven en los Estados Unidos, en Japón y en el mismo desierto de aquel país desde donde partió la bala perdida. Y así como en estos años se habla livianamente de la globalización, ya sea criticándola o aclamándola, la realidad innegable es que estamos viviendo la primera crisis financiera, económica y posiblemente social de la globalización, que seguramente se resolverá cuando también a nivel global se revierta este pánico que cunde en todo el mundo y que será reemplazado por una nueva era de esperanzas y expectativas positivas, que se contagiarán al mundo a la misma rápida velocidad a la que hoy “viajan” estas expectativas irracionales, negativas, pesimistas, aterradoras. Y ese es el tema. Nuestros problemas (el amor, la educación de nuestros hijos, la economía, las relaciones humanas, el trabajo, los valores que defendemos) hoy son los problemas de todos. Como nunca, vale la frase trivial de “todo tiene que ver con todo”. Las decisiones que cada persona desea tomar hoy ya no dependen sólo de lo que ocurra en su pueblo, su ciudad, su región, su provincia, su país, sino de una dinámica compleja e interconectada de la que no se puede escapar, para bien o para mal. Esta es la parte negativa, pero tampoco podemos quedarnos con un pesimismo como el que revela esta película. ¿Porqué no ver las cosas positivas que tienen estos mismos hechos? Por ejemplo, un remedio o una invención para curar enfermedades inventado en Suiza, por ejemplo, que llegará más rápido a cualquier parte del mundo, o la posibilidad de que Paltrow y yo podamos comunicarnos y sostener una relación especial pese a vivir a 5000 kilómetros de distancia. O la belleza que significa para una personas con pocos recursos de conocer y comunicarse con otras personas que viven en las antípodas gracias a una computadora alquilada a un dólar la hora en cualquier cibercafé, y que jamás hubiera conocido tan sólo unas décadas atrás. O el avance productivo que significa para todo el mundo la especialización de las economías, que está haciendo realidad el mágico sueño de Adam Smith cuando imaginaba economías más abiertas y transparentes en un contexto de división internacional del trabajo en que cada país pueda especializarse en producir lo que hace mejor, y aumenta así la producción disponible para todos los consumidores el mundo. Lo que, de paso, termina con el paradigma de “vivir con lo nuestro”, que lleva a una mayor pobreza. Etcétera. La lista es larga y podemos hacerla entre todos. Alimentarla, hacerla crecer. Lo que está cayendo no es el capitalismo, lo que está terminando es una época de mayor aislamiento, de nacionalismos inútiles, de ideologías cerradas en sí mismas, y está comenzando otra época que, posiblemente, podrá ser mejor que la anterior, con mayor tolerancia y respeto a las ideas y a las personas, piensen como piensen. Asusta. Pero también genera la posibilidad de un mundo mejor y con mayores posibilidades para todos. Si uno mira hacia atrás, los seres humanos han enfrentado otros desafíos y los han resuelto creciendo, mejorando, innovando. Si uno mira al mundo desde el satélite de Google, descubre lo chiquito que es el planeta, y lo interconectado que está, cada día más, nos guste o no nos guste. A mi, claro, me encanta que sea así. La necesidad del hombre de trepar al cielo, de crecer, de llegar a más, viene desde la Torre de Babel, y llega hasta el deseo de construir las grandes torres modernas, incluso aunque algunas hayan sido arrasadas por gente que quería volver al pasado y la pequeñez. Lamento el largo de esta carta. En medio de tanta inquietud, incertidumbre, vulnerabilidad y temores aquí y allá al estilo del pensador Zigmunt Bauman con su “amor líquido”, me parece que es la hora de “achicar el pánico”, como decíamos cuando éramos tan jóvenes. Un abrazo y hasta la Victoria Secret. El Hombre Electrónico (políticamente incorrecto)

Carta desde el ciberespacio número 197, del 20 de noviembre de 2008

La restricción externa vuelve a la Argentina
¿Otra cajita feliz?
Hola gente, amigos y no tan amigos. Ya saben que soy un poco frívolo y cuando me despierto a la mañana enciendo el televisor y desayuno en la cama mirando el canal Fashion, de manera que el choque con la realidad venga un poco suavizado por los paisajes que siempre muestran allí (un día con Sofía Zámolo en Cartagena, u otro día con Araceli González salvando a las ballenas en el Caribe holandés, aunque ni sé si habrá, o hubo alguna vez, ballenas por allí). Tengo otros amigos que tienen otros sistemas para empezar el día: alguno de buen comer, por ejemplo, se desayuna mirando el canal Gourmet, de paso es un sistema virtual de hacer dieta. Otro, más productivo, se levanta y se va a caminar con su perrito por los jardines de su country. Lo cierto es que cada uno tiene sus formas de enfrentar un nuevo día en el paraíso. Patricia Paltrow se despierta a las seis y media de la mañana en su departamentito de 212 metros en Park Avenue (cuando supo que el código del área code de Niúiork Niúiork coincidía con los metros cuadrados, interpretó aquello como una serendipia afortunada que le enviaba el destino y lo compró sin dudar). Y lo primero que hace es decir en voz alta “buenos días con alegría gracias a Dios”, aunque no haya nadie presente. Lo segundo que hace es mirarse en el espejo que tiene en la mesa de luz para comprobar que está tan linda como el día anterior, no vaya a ser cosa. Lo tercero que hace, cuando yo no estoy de visita por allí, es levantar la tapa de su Sony Vaio que duerme en su cama king size y ver los grandes números de la economía mundial. Eso, en estos tiempos, es algo que me hace admirarla especialmente, hay que tener coraje para hacerlo en estos días, además de sus ojos azules y sus rulos siempre prolijos, casi como si no hubiera dormido. Los grandes números son el precio del petróleo, el cierre de los mercados asiáticos, la relación dólar/euro, la apertura del Dax y el FTSE en Europa, la tasa de 10 años de los T-Bonds y el precio de la soja en Chicago, argentina al fin aunque viva en el primer mundo.
El auto DeLorean usado en “Back to the future”: ¿se lo habrá comprado Néstor Kirchner para quedarse con las futuras jubilaciones de los argentinos y usarlos como política fiscal expansiva en el año 2009?
Esta mañana, cuando me desperté, ya había una foto que me enviaba Paltrow, pero no era de ella, sino del famoso auto de Back to the future, la película. “Gordito -me decía el texto del mail-, hoy es el robo del siglo, aunque lo que se roban no son activos presentes, para gastar ahora, sino que confiscan las futuras jubilaciones de millones de argentinos, unos 25.000 millones de dólares de stock más el flujo anual que dejan de su salario los trabajadores afiliados a las AFJPs para cuando sean ancianitos. Por eso el auto, ¿me entendés la metáfora, flaquito? Sin llamarlos a Sean Connery y mi amiga Zeta Jones para que hagan el trabajito”. Me costó un poco entenderla hasta que finalmente lo vi clarito y comprendí porqué los argentinos no salieron a protestar como los muchachos de la mesa en enlace del campo, que tenían algo concreto sobre qué quejarse. En aquel caso les estaban robando el presente con la famosa resolución 125 que les aumentaba los impuestos concretitos, mientras que en el caso de la destrucción del sistema previsional de capitalización y su “traslado” o confiscación a partir de aquí al Estado de sus fondos pasados, presentes y futuros, lo que están haciendo es “viajar al futuro” para robarse las jubilaciones de la gente que ahorraba para cuando ya no pudiera trabajar y debiera vivir de aquellos fondos acumulados por años y años. Nada por aquí, todo por allá, magia, hoy desaparecerán las AFJP con sus stocks y sus flujos y aparecerán las afejotapés, aunque las consecuencias los verán los argentinos en el incierto futuro de la Argentina, si es que existe el futuro ya que el mismísimo Tato Bores insistía en sus últimos años en que este país con forma de bife desaparecería del mapa, y sólo quedaría allí un gran agujero que los antropólogos del año 2499 tratarían de explicar. ¿Habrá exagerado mucho? Pero hay más noticias para este boletín. Una paradoja que me hizo ver Miguel Angel Broda hace un rato, cuando hablamos de otro tema y me envió un trabajo de un economista llamado Nicolás Magud, retitulado provisoriamente como “Argentine and the contractionary effects of expansionary policy”. El punto que sugiere el paper, publicado en “the journal of macroeconomics”, es sencillito, aunque posiblemente Néstor Kirchner, el actual ministro de Economía en las sombras de la Argentina, no lo haya comprendido en toda su inmensidad (si lo leyó, claro…): las políticas keynesianas son efectivas en la medida que se puedan financiar legítimamente, pero si el financiamiento es a costa de la destrucción de la confianza, o con una emisión monetaria excesiva, o tomando dinero del mercado que aumente la tasas de interés local, todo eso hará que la política, en vez de tener un efecto expansivo, tenga un efecto recesivo. Por si no les quedó claro: hay que tener financiamiento genuino para que una política keynesiana sea exitosa. Más o menos, eso es lo que sostiene el señor Magud, que parece conocer a nuestro país como si hubiera nacido aquí a la vuelta. ¿Será? Pero en su apasionado intento por ser más keynesiano que el mismo Lord Keynes y enfrentar lo que viene –que no es grato- con una política fiscal expansiva para el próximo año electoral, Mister K pensó en usar los fondos de las AFJPs para financiar esta nueva Cajita Feliz, aunque lo que podría haber logrado es destruir la confianza, quizá definitivamente -junto al mercado de capitales-, alejar las inversiones del sector privado para suplantarlas por inversiones de menor productividad del sector público, provocar una corrida contra el peso que luego reprimió con inusuales controles de cambios y generar otros efectos que ya comienzan a verse en una economía que ya está freezada pese al objetivo reactivador de la medida y su intento extremo por evitar un hipotético default el próximo año. Conclusión tentativa: quiso evitar la recesión y, como le ocurre muy seguido a los Kirchner con sus decisiones a las apuradas, desprolijas y más intuitivas que fundamentadas, podría lograr que la economía caiga el año que viene entre 1% y 3%, aunque claro, las estadísticas del Indek seguramente dirán que hay crecimiento económico, que está todo bien, como se dice ahora… Vale aclarar, aunque no quiero cansarlos, que si uno aumenta los impuestos para hacer política keynesiana, sólo está cambiando el dinero de lugar, y en vez de gastar o invertir el sector privado, lo hará el sector público, seguramente de mucho peor manera. Capítulo único, vuelve la restricción externa, por menos precios y más cabezadurismo Lo que sigue lo comenté varias veces en estas cartas. Hace tres o cuatro décadas, un ingeniero heterodoxo brillante que llegó a la Argentina luego de estar exilado, o preso, en Siberia, y que sabía mucho de economía de puro autodidacta y curioso que era, describió al menos tres problemas concretos de la Argentina, a la que describía como una “estructura productiva desequilibrada” (¿por no ir al psiquiatra?). Se llamaba Marcelo Diamand, fue un gran empresario electrónico y desarrolló una radio de muy largo alcance que fuera muy famosa en otros tiempos, llamada Tonomac Siete Mares. Imagino que la soledad y las largas distancias que sufrió cuando estuvo en Siberia lo hicieron idear aquel prodigio, que hoy fue superado por la globalización e Internet. Fue un gran amigo mío y el maestro de la mayoría de los economistas heterodoxos de mi generación. Describió la “economía pendular” (¿hace falta que explique qué significa?), la inflación cambiaria (¿hace falta que explique qué significa?) y la restricción externa. Esta última idea fue en realidad la consecuencia de los otros dos conceptos. ¿Qué es la restricción externa? Un fenómeno por el cual la economía se reactiva y crece sin ser todo lo competitiva, productiva y moderna que debiera ser, con lo cual las exportaciones no crecen todo lo que sería deseable, las importaciones crecen más que proporcionalmente que el Producto (PIB) y, antes que la economía llegue a lo que se llama la utilización plena de la capacidad instalada, el país ingresa en una crisis de balanza comercial que la lleva a devaluar su moneda (por las buenas o por las malas), lo que a su vez genera inflación (el la llamó “cambiaria” porque no se trataba de una clásica inflación de demanda), caída del poder adquisitivo, licuación de ingresos y gasto público y, obviamente, una rápida recesión de consecuencias políticas y sociales serias que lleva al país de una punta del péndulo al otro. Hay que aclarar que el hombre vivió en el escenario descripto por otro gran economista argentino, Raúl Prebisch, que describió el deterioro secular de los términos del intercambio para un país como la Argentina especializado en la producción de bienes agropecuarios. Por eso, ambos pensadores insistían tanto en que el destino del país no era el sector agropecuario productor de alimentos sino la industrialización, en tiempos en que las manufacturas eran caras y aún no se llamaban commodities, mientras que los productos agropecuarios eran relativamente baratos y la Argentina enfrentaba recurrentemente estos stop-go, estos ciclos de recuperación y estancamiento, con todos los efectos descriptos. En estos años pasados, el gobierno nacional se vanagloriaba de tener tres componentes macroeconómicos diferentes al viejo ciclo de la restricción externa: amplio superávit comercial, amplio superávit fiscal y la consecuencia de esos dos hechos, un nivel de reservas internacionales muy elevado, todo lo cual, supuestamente, blindaba al país contra posibles shocks externos como el que estamos sufriendo en la actualidad. Pocos hombres del gobierno, o ninguno, ocupados en otras cosas más importantes para ellos, imaginaron que el extraordinario viento de cola que disfrutó el país –y el mundo, en realidad- desde el año 2002 podría amainar, y menos darse vuelta. Ciertamente el ingreso de China e India al mercado con millones de nuevos consumidores aumentaron la demanda de productos primarios (incluso agropecuarios), desde el petróleo hasta la soja, desde lácteos a carnes vacunas, sin ir más lejos. Pero eso está ocurriendo ahora, pese a que China e India siguen estando (aunque ya crecen más despacio) y posiblemente el deterioro secular de los términos del intercambio que describía Prebisch esté hoy en tela de juicio, si se miran las tendencias de largo plazo.
Lo concreto es que la soja se cayó, bajó de precio, junto al barril de petróleo y tantos productos más que produce la Argentina. Hay que agregar, para aclarar las cosas, que la economía Argentina ya se estaba desacelerando desde el segundo semestre del año pasado, mucho antes que la crisis global se desencadenara, para que no pueda decirse que todo lo que ocurre y ocurrirá es por mera culpa de la crisis financiera internacional, una tendencia habitual del actual matrimonio presidencial de echarle la culpa de todo a los demás, estén adentro o afuera, y de alucinar con conspiraciones que no existen ni aquí y ni allá. La pregunta del millón es si por este cambio en la situación internacional el país está en condiciones de volver a sufrir una de las viejas restricciones externas como las descriptas por Marcelo Diamand para otro escenario. La respuesta es definitivamente sí. Algunos números… · El petróleo hoy costaba 50 dólares por barril contra 147 dólares que llegó a valer ayer nomás, hace apenas semanas. · El dólar, que en el mundo estaba cayendo contra todas las monedas, comenzó a revaluarse y hoy vale algo más de 20% contra el euro, lo que llevó al resto de las monedas del mundo a devaluarse en una tendencia más o menos parecida, según el caso. · La soja, el principal producto de exportación de la Argentina, llegó a valer 609,22 dólares el 3 de julio pasado, aunque hoy ronda 319 dólares, casi la mitad, y su tendencia es incierta porque la deflación no sólo ha llegado a los productos primarios sino a los industrializados, y ayer mismo el Departamento del Trabajo de los Estados Unidos (que hace las estadísticas sobre inflación, entre muchas otras) reveló que el CPI (los precios minoristas de los EE.UU.) cayeron 1% respecto ala mes anterior, aunque si se mira en detalle buena parte de esta caída se explica por la caída en rubros como combustibles y transportes, aunque los alimentos también están impactando. Con estos datos, las nuevas proyecciones de los economistas serios revelan que la Argentina está a un click de ingresar en una restricción creciente del sector externo. Por dos razones. Una, porque las exportaciones y las importaciones están cayendo y lo harán drásticamente en 2009. Dos, porque la falta de credibilidad generada por Néstor Kirchner y el Congreso Nacional con la confiscación de los fondos de las AFJP y su estatización, que apuntaba a tener fondos para mejorar el perfil fiscal del año próximo y quizá evitar un posible default, ha generado una corrida contra el peso que hace que los argentinos deseen, por las dudas, refugiarse, como siempre lo han hecho para defender su poder adquisitivo de su dinero, en dólares. Sólo un control de cambios desmesurado como el que pudo instrumentar Guillermo Moreno, el chico de los mandados de K, pudo aplacar esta tendencia, por ahora, claro. Porque la desconfianza es tal y la sensación de los argentinos que este gobierno es capaz de hacer cualquier cosa, que la batalla continúa. Más cifras… Para el consultor Federico Muñoz, el saldo comercial de 2009 se proyecta ya a 3.100 millones de dólares para el año 2009, un valor riesgoso y no sustentable si persiste la actual fuga de divisas generada por el mismo gobierno.
Fuente: Federico Muñoz & asociados
Para el hiperconsultor Miguel Angel Broda el escenario 2009 es bastante más moderado, aunque igualmente inquietante por la salida de divisas que desató la estatización de las AFJPs. En el mejor de los casos, habría un saldo comercial de entre 6.900 millones de dólares y 9.900 millones (con la soja en 330 dólares como promedio para todo el año próximo y el petróleo en 70 dólares el barril). Vale aclarar que la diferencia proyectada entre ambos valores se explica básicamente por una fuerte caída de las importaciones generada por el actual “parate” económico. Así, las exportaciones se ubicarían en 66.900 millones de dólares y las exportaciones entre 57.000 millones y 60.000 millones, muy por debajo de la proyección de Muñoz. Es que Broda anticipa un derrumbe de las importaciones generado por la feroz desaceleración económica, desatada por el efecto AFJP que, paradójicamente, atenuaría la caída del superávit comercial por estas menores importaciones. Una Victoria a lo Pirro, par decirlo elegantemente. Con todo, el Estudio Broda no descarta un escenario de peores precios internacionales de la soja y el petróleo, los precios clave en la economía. Así, con la soja en 300 dólares FOB la tonelada y el petróleo en 60 dólares el barril, un escenario no muy lejano al actual, las exportaciones perderían 3.000 millones de dólares adicionales, con lo que si se combinan con importaciones por 60.000 millones, se llega al peor escenario: un superávit comercial de sólo 3.900 millones, ya no muy diferente al proyectado por Muñoz y otros consultores. ¿Otra vez sopa? Hace unas semanas, de hecho, el economista Mario Brodersohn (de Econométrica), se refirió muy concretamente al retorno de la restricción externa a la Argentina. En su trabajo señaló que el problema argentino para 2009 no será la falta de pesos (que estos días desvelaba por la suba de tasas) sino de dólares, ante las fuertes demandas de los diferentes rubros de la balanza de pagos, en un escenario en que señaló que “en el 2009 desaparece por completo el superávit comercial externo, que en el 2008 seria de 14.600 millones de dólares, debido a la caída en los precios internacionales de los productos de exportación. Para obtener los dólares el gobierno tiene dos alternativas: conseguir que le presten dólares, o utilizar los pesos sobrantes para comprarle al Banco Central los dólares necesarios, lo cual implica reducir las reservas internacionales”. Les recomiendo el artículo completo, que está en http://www.econometrica.com.ar/ Amigos y no tan amigos. La crisis argentina comenzó en el segundo semestre del año pasado, aunque no encontrarán en el Indek estadísticas serias que confirmen esta afirmación en la que coinciden la mayoría de los economistas y consultoras. Ahora, llegó la crisis internacional, se acabó el viento de cola y el país no parece preparado para el temporal. O peor, está haciendo todo lo posible para complicar aún más las cosas. Como dice la abuela de Paltrow en su ley número 4, “si quieres que alguien te quiera, dale su libertad”, que como lo dice Pato no es otra cosa que si quieres aumentar el consumo y la inversión, déjalo ser”… Mientras el matrimonio presidencial se dispondrá desde mañana mismo a utilizar los fondos de las AFJPs para un nuevo plan Cajita Feliz para alegrar a los chicos en el 2009 -sin percibir que una medida keynesiana fuera de contexto puede ser contractiva-, vale recordar que en la cajita de Pandora lo que quedó en el fondo fue la esperanza, lo último que se pierde, claro. Un abrazo, ajusten su cinturón de seguridad, si manejan no tomen, si toman no manejen. Y hasta la Victoria Secret. El Hombre Electrónico (políticamente incorrecto)

Carta desde el ciberespacio número 196, del 13 de noviembre de 2008

¿Las Islas Maldivas desaparecerán?

Más esfuerzos para comprender el enigma argentino

Rompecabezas para armar

“No había regresado a la Argentina desde mi partida, desde mi huída espantada, no por lo que estaba pasando, sino por la sensación de que nunca dejaría de pasar.” Enrique Szewach en “Historia de un suicidio” Hola gente, amigos y no tan amigos. Mientras el Indek dice que apenas hay inflación (0,4% en octubre, contra 1,2% que le dio a Fiel), mientras la Presidenta Cristina De Kirchner asegura con gran seguridad que no hay ni mayores despidos ni desempleo ni más pobres que antes, mientras el Presidente Néstor Kirchner (¿la presidencia es un bien ganancial?) se fue a Chile al Foro Anual del Progresismo (aquí viene la sonrisa del perrito Patán, ¿se acuerdan?), mientras el gran diario argentino publica grandes avisos de una o dos páginas con grandes ofertas de grandes cadenas de supermercados y grandes negocios de electrodomésticos ofreciendo grandes descuentos, anticipándose a las obvias menores ventas, mientras uno circula por Buenos Aires y los balcones de la ciudad muestran grandes carteles de venta o alquiler y una desacostumbrada cantidad de autos con cartelitos de “vendo” en la luneta trasera, mientras filas de taxis van por la derecha, vacíos, claro, mientras C5N y muchos otros comunicadores le echan la culpa de todo lo que funciona mal de este lado de la General Paz a Mauricio Macri y más allá de la General Paz a la crisis financiera planetaria, mientras Guillermo Moreno intenta ganarle su pulseada a los mercados a través de meter miedo, amenazas y prepotencia (todo sea por no gastar más reservas, cuyas ventas masivas e inútiles de las semanas anteriores sólo sirvieron para alimentar más desconfianza), mientras en el Congreso muchos senadores de la Nación se aprestan a aprobar la confiscación de los ahorros para el futuro de quienes eligieron, reeligieron y re-reeligieron desde 1994 el sistema de capitalización y las polémicas AFJP (confirmando que el Poder Legislativo ha vuelto a ser una mera escribanía que da fe de que hace lo que le dicen que hagan), mientras todo esto ocurre en Macondo, algunos hombres lúcidos de la Argentina intentaban, intentan y seguirán intentando pensar, entender y explicarle a otros argentinos qué le ocurre a este país que para muchos (entre ellos el célebre pensador Tato Bores) podría desaparecer del mapa como las mismísimas islas Maldivas, aunque ellas desaparecerán por un factor climático, mientras que Die Argentinien von Tato por puro mérito propio. Y mientras todo esto ocurre, también, la televisión sigue mostrando programas xxx a las 22 horas en los canales abiertos, disfrazados de arte y de un espectáculo para toda la familia. Hablo de Tinelli, claro, que tranquilamente podría haber hecho una versión nacional de pobrísimo nivel de “Bajos Instintos”, the film. El resto de los canales de aire, en un alarde de creatividad pasmosa y penosa, repiten por las dudas lo ocurrido la noche anterior en el programa de Tinelli, claro, en el horario de protección al menor, por si algún niño de 10 a 15 años se lo perdió (¿para eso sí son mayores de edad?)…
Tinelli XXX
Y mientras todo esto ocurre, los argentinos, la famosa mayoría silenciosa que sólo se expresa por las encuestas, están al borde de un ataque de nervios, con síntomas claros de depresión, desgano, enojo contenido y anomia social, confirmando que lo que está pasando es, al menos por ahora, una feroz implosión cuyas consecuencias suelen ser viejas y nuevas enfermedades de origen psicosocial. Capítulo único sobre suicidios “implícitos”, sistemas de normas y creencias y comportamientos chantas “Gordito, ¿las islas Maldivas son argentinas?” –me preguntó Patricia Paltrow desde la calle de la pared, seguramente abrigada por la época, aunque por siempre fashion con unas medias de lana de colores alegres y una pollerita voladora combinada con alguno de aquellos colores, y descalza, claro, que es su manera de andar por la vida y por su buró, ya no tan impecable desde que los bancos de inversión dejaron de ser bancos de inversión y empiezan a ser una división más de los grandes bancos comerciales-. Yo le pregunté por qué, aunque me veía venir su humorada. “porque también van a desaparecer del mapa, flaquito, así que te pido de nuevo, y si querés te lo pido de rodillas, que te vengas a Niúiork Niúiork ahora que tengo cama nueva. Prometo hacerte sopita de pollo tan rica como la que te hace Lucy (la señora que hace años trabaja en casa) y otras cosas más, dale flaquito gordito, no quiero enviudar sin habernos casado, dale, porfi, porfi, te juro que me porto mal, muy mal, tanto que ni te vas a dar cuenta en qué momento te ocurrió eso”. Yo le expliqué que no quería irme de la Argentina, este histórico suicidio “implícito” parecido al que describe el “divertido” libro de mi gran amigo Enrique Tato Szewach. “No quiero irme de aquí, Pato, quiero estar el día en que los Kirchner abandonen el poder, más por culpa de sus propios errores tras errores que por los aciertos de una oposición que se la pasa peleándose por el sillón de Rivadavia casi esquina Balcarce y haciéndole el juego a Néstor, que lo que mejor hace es dividir, antes que multiplicar”. Y seguí hablando solo, porque ella me había colgado el celular porque esta conversación ocurrió ayer a la tarde, una hora antes del cierre de los mercados, en el momento exacto en que pasaron de rojo rabioso a verde rabioso sin que hubiera ni una buena noticia a la vista: “…también quiero estar aquí para ver el día que Feiman, Rozín y Domán, los trillizos de oro, empiecen a dejar de ser tan oficialistas, porque huelen el cambio de mando, y eso será todo un indicador líder que se acerca el principio del fin. Y quiero estar aquí cuando los argentinos se cansen de bailar, soñar, patinar y nadar por un sueño y cambien de canal. Eso quiero verlo, si es que ocurre, claro”. Fue allí que me di cuenta que Paltrow me había dejado colgado, como siempre, porque el Don Jones, el Don Nasdaq, el standarandpurs y hasta los eteefes habían empezado a volar por contagio, en una de estas montañas rusas a que se han acostumbrado los mercados en los últimos meses. ¿Se habría ido a comprar o a vender?, me pregunté, sabiendo que más tarde me lo contaría como si fuera una novela de amor que termina bien. Yo seguí con los tres libros que estaba leyendo al mismo tiempo, no para ser más culto sino de puro ansioso. Uno era el de Enrique SZ (EWZ, le digo yo, que es la marca de un ETF emergente muy exitoso), “Historia de un suicidio”, una novela de suspenso en donde una mujer se suicida (¿cansada de ser argentina?, ¿porque no soporta más ser argentina?, ¿por amor al país?, ¿por amor a un hombre?, ¿porque se cansó que la atiendan los muchachos del call center de Telecom-Personal por un trámite?). Su hermano viene desde el exterior a ocuparse de los penosos “trámites” de esos casos, y allí comienza a tratar de comprender las causas de la triste historia que también lo involucra, pese a que ya no vive en el país hace años y años (justamente porque no soportó el “argentine way” y las crisis recurrentes). A partir de esta sencillita y triste historia, EWZ realiza una reflexión sobre los argentinos pendulares y sus ideas económicas, sociales y hasta políticas que ya ni en Europa se consiguen, como serán de viejas, antiguas, ancianas, superadas y anacrónicas. El otro libro es uno que publicó mi gran amigo Carlos Tato Mira a fines del año pasado, creo, llamado “Así somos y así nos va”, que ya no es una novela sino un ensayo sobre esta sociedad anónima, bastante chanta y especial que conformamos los simpáticos argentinos, tan especial que llevó a decir al premio Nobel Simón Kuznets –hace décadas, vale aclararlo- su famosa frase-enigma que ni él mismo pudo responder: “Existen cuatro clase de naciones; países desarrollados, países en desarrollo, Japón y la Argentina. El Japón constituye una categoría aparte porque a pesar de no tener recursos naturales alcanzó altos niveles de ingreso per cápita; la Argentina está en otra categoría porque a pesar de tener todos los recursos naturales no se desarrolló”… Ello alimentó, también, el famoso enigma argentino sobre “porqué somos como somos” que utiliza Carlos Mira como parte del título de su libro, que describe de manera excelente el “estilo argentino” de ser y de comportarnos, un poco chantas, un poco genios, bastante soberbios y autistas, creyéndonos siempre los dueños de la verdad (así empezamos nuestras oraciones, muchas veces…” la verdad es que….”), siempre incomprendidos porque tenemos la autoestima tan alta que diera lugar a aquella definición de ganar plata comprando a un argentino por lo que vale, para venderlo por lo que cree que vale, claro, si se consigue a alguien que quiera comprarlo. Con el riesgo país a 1800 puntos no parece fácil. Y menos que ahora Ecuador entró en default. En el centro de la idea de Mira se encuentra la misma existencia de un sistema de premios y castigos invertidos, en donde se premia a los vagos y mal entretenidos y se castiga a los que se esfuerzan cotidianamente y se comportan de acuerdo a principios que la mayoría sostiene pero no cumple, lo que le permite hacer un retrato casi perfecto del chanta argentino, hacer hasta comparaciones internacionales, desarrollar una teoría de la culpa (de los otros, claro, si nosotros somos perfectos) y hasta bucear en las religiones y su relación con el progreso y el desarrollo económico. Hay momentos en que parece que hablara de Néstor y Cristina Kirchner, los presidentes gananciales, pero no, es más profundo, habla también de todos nosotros, o de buena parte de los argentinos. Y una frase de este libro me lleva directamente al tercer libro en cuestión: “después de ser colonos de España, lo somos de nuestros gobiernos patrios”… Es que el tercer libro lo presentó esta misma semana en la Biblioteca Nacional mi gran amigo Luis Tato Rappoport. Se trata de un largo ensayo que contiene una larga revisión histórica de nuestros países, de la Europa de las monarquías y los reyes, y de las diversas conquistas y colonizaciones ocurridas en América desde entonces, de acuerdo a las características que tenían aquellos reyes europeos y de la diferente impronta que estos reinados llevaron, trasladaron, contagiaron o provocaron desde la misma génesis del nuevo continente en las nuevas o viejas sociedades (según sea el caso) que se asentaron en América. Luisito, así lo llamamos los amigos vaya uno a saber porqué, empieza su libro en la tapa, con dos definiciones fuertes: la ilustración es una pintura de René Magritte de 1938 que se llama, no casualmente porque aquí ya nadie cree en las casualidades, “la Memoria”, quizá porque el autor hace el enorme esfuerzo de recordarnos lo que todos queremos olvidar (hace 4 años que viene con este proyecto faraónico de reconstrucción, mientras se despachaba con otros menores). La otra definición es el mismo título de su trabajo: “Intolerancia y Transgresión”, y nuevamente aquí uno podría pensar que está hablando del matrimonio ganancial (los increíbles Kirchner), pero no, no sólo habla de ellos, sino que realiza una larga mirada histórica que desmenuza porqué los Estados Unidos son como son (protestantes al fin), porque Brasil es como es (desde la misma época que el imperio portugués se asentó, o asiló, en aquel territorio) y porqué los pueblos “colonizados” por España son como son, en la medida que todas sus instituciones fueron “exportadas” a las colonias americanas, mientras se la pasaban buscando El Dorado y desarrollaban las Leyes de Indias, que dieran a su vez a luz a aquella frase tan conocida que dice “acato pero no cumplo”, que pareciera estar detrás mismo del título de este libro, ya que desde allí hasta la intolerancia y la transgresión hay un viaje muy corto, demasiado lineal, tan lineal que hasta alguien que desconoce la existencia misma del inconsciente (cualquier chanta que anda por ahí) debería poder comprender, sino fuera que prefiere no saber, no recordar, no aprender, y seguir así por la vida, entre prepotente y psicópata disfrazado de transgresor idealista que hace un culto de vivir fuera de la ley. Y aquí viene un paréntesis. Luisito empieza su libro explicando que “intolerancia y transgresión” es un intento de entender a la Argentina y a Hispanoamérica”. Pero en estos días yo me preguntaba qué tiene que ver la Argentina caprichosa en que vivimos con los otros países del vecindario, con el pujante Chile por ejemplo, o con los pacíficos y respetuosos uruguayos. O con las supuestas pequeñas repúblicas “bananeras” de Centroamérica, o con la gran payasada del Emperador Hugo Chávez y su hipócrita revolución bolivariana, o yendo al otro extremo, con el México casi socio comercial de los Estados Unidos, Investment Grade y todo, hasta que me llegó un video de youtube que muchos de ustedes habrán visto a través de los diarios, sobre un mexicano quejándose sobre cómo son los mexicanos como sociedad, que hasta podría ser un primo hermano del mismísimo Carlos Tato Mira por sus visión de aquel país picante que parece tan diferente a la Argentina y termina resultando en muchas facetas tan parecido… http://www.youtube.com/user/leonz28. La respuesta está en el libro, aunque la idea es clara: somos hijos de la misma conquista llamada colonización, que ha tenido cosas buenas y cosas malas, particularidades, geografías diferentes, climas y hasta distancias, y diferentes dotaciones de recursos. A nosotros nos tocaron climas variados, paisajes y riquezas increíbles, pero Dios para compensar le al país a los argentinos, como dice el viejo chiste. ¿Explicará esto todas las diferencias entre nuestros países? No lo sé, no me siento capaz de dar una respuesta a este interrogante, pero cuando miré el video mexicano y terminé de verlo dije “oia, cómo nos parecemos, pese a nuestras diferencias”. Los parecidos los define Rappoport en su libro: un sistema de normas y creencias directamente importado desde España hace varios siglos y que parecen dotar a todo el vecindario hispanoamericano de un patrón bastante parecido de comportamientos. Y las diferencias, los éxitos y los fracasos, los avances y los retrocesos, vienen de las diferentes circunstancias que le tocaron especialmente a cada país de esta gran película de aventuras cuyos protagonistas somos nosotros, que hacemos de malos y de buenos al mismo tiempo… Aquí vienen tres aclaraciones finales. La primera, que yo no soy un crítico literario y esos párrafos no pretenden hacer nada por el estilo, sino sólo reflexionar sobre el enorme esfuerzo que están haciendo muchos argentinos por comprender qué nos pasa, para tratar de ser mejores como personas y como sociedad poniéndonos un espejo delante nuestro, ya que el argentine way está claramente en el límite mismo y atravesamos lo que yo llamaría “la crisis de las crisis”, luego de algo más de tres décadas (sin ir más lejos) en que recurrentemente hemos enfrentado nada menos que cuatro (sí, leyó bien, 4) tsunamis económicos, políticos y sociales que dejaron muchos heridos, infartados o con otras enfermedades aparentemente individuales, amnésicos, agotados, líderes mesiánicos, anómicos y anémicos, psicópatas sociales y, lamentablemente, muertos en vida, o suicidas “implícitos”, siguiendo la definición de EWZ. La segunda aclaración es que conozco a muchos argentinos (ni que decir uruguayos, chilenos, peruanos, venezolanos y tantos más) que son serios, que tiene principios y viven de acuerdo a ellos, que sufren por todo lo que le ocurre a nuestro país, gente mansa que se siente impotente y enferma de vivir así, en un país en donde casi siempre ganan los perdedores y pierden los ganadores, los mejores, los más capacitados, los más idóneos. La tercera aclaración es que estos tres libros, escritos por tres personas diferentes con vidas diferentes, han llegado por distintos caminos a unas conclusiones muy parecidas: estamos mal, pero vamos mal… Los tres hombres que son protagonistas de la carta desde el ciberespacio de hoy (dos son economistas, uno es abogado) merecen mi respeto. Mientras muchos se acuestan mirando a Tinelli, ellos le dedicaron pedazos de su tiempo a hacer las preguntas que debemos hacernos para empezar a crecer como sociedad, para dejar la adolescencia de una vez. Aunque no son tres, si lo incluimos a Tato Bores, son cuatro. Tan sólo por el esfuerzo que realizaron. Y porque hay gente que se defiende de la angustia que genera vivir en este tiempo y en esta Argentina pensando, creciendo, aprendiendo, recordando, investigando, creando, haciendo algo para ayudar a los demás a ser mejores personas, que es lo único que nos va a salvar de esta locura colectiva en que estamos metidos, no sólo por culpa de los Kirchner, ya que a lo largo de nuestra historia hemos generado demasiados líderes e iluminados, intolerantes y transgresores. Y porque el viejo recurso de echarle la culpa a los otros no va más, como imagino que lo diría Carlos Mira.
Die Argentinien Von Tato (Tato Bores antropólogo, investigando cómo fue que desapareció la Argentina en el año 2400 y pico…
Me voy a cenar y hablar con Paltrow, aunque hoy necesito, como todos, un abrazo para compartir, porque la noche está estrellada y ella no está conmigo, sino en Niúiork Niúiork. Cosas de la globalización. Les dejo una canción de una película de Fassbinder que les gustará y que descubrí en youtube… http://www.youtube.com/watch?v=ZggV1HUhqKw Un abrazo, ajusten su cinturón de seguridad, si manejan no tomen, si toman no manejen. Y hasta la Victoria Secret. El Hombre Electrónico (políticamente incorrecto)