Carta desde el ciberespacio 171

Sobre círculos viciosos y eternos retornos
Miedo a cambiar

Hola gente, amigos y no tan amigos. Este miércoles, en el mismo día en que S&P le elevaba su calificación a Brasil, y este país se convertía en Investment Grade, una nota de la agencia económica Bloomberg publicaba los temores de algunos expertos en el sentido que la Argentina podría tener serios problemas de financiamiento en el futuro (¿2009?, ¿2010?), que la llevarían a un segundo default en una década (pese a que aún no ha terminado de resolver y cerrar el primero), en un contexto de inflación creciente y protestas de los agricultores, sin dejar de mencionar tampoco el descrédito que han generado las estadísticas que publica la oficina oficial nacional de “desinteligencias”, el Indek. Les adjunto el link, para que lo puedan leer ustedes mismos… (http://www.bloomberg.com/apps/news?pid=20601086&sid=aUPReygAFGDg&refer=latin).
“¿Será otra conspiración más contra la Argentina, gordito?”, me preguntó irónicamente Patricia Paltrow cuando me llamó por su celular desde su buró en la Calle de la Pared. Y no se reía para nada, ella, que siempre sonríe resignadamente ante la exuberancia irracional de la Argentina como diciendo “ustedes no tiene remedio”. Me llamó la atención que me llamara desde su telefonito blutut, de paso, ya que Paltrow siempre usa la red para este tipo de conversaciones, no por ahorrar, sino por el ruido que hay normalmente en su banquito, con los famosos operadores al teléfono (que ya se modernizaron, claro), comprando y vendiendo. Esto es, comprando Brasil, vendiendo Argentina, como ocurrió de manera creciente en los últimos dos años, y arreció el día que la Argentina rompiera el termómetro para medir la inflación y hacer como que no pasaba nada. ¿Será por eso que el riesgo país de la Argentina hoy casi triplica al de Brasil?
Fue el mismo día, de paso, que Clarín, el gran diario argentino (según ellos, claro), publicara en tapa que la principal preocupación de los argentinos, hoy por hoy, es la inflación. No es nada nuevo, Obvio, Clarín no inventó la pólvora, ni la noticia, sino que por alguna razón ahora la publica en tapa (su primer objetivo en la vida es no perder lectores, claro). Ya lo saben, ¿hay que aclararlo?: la inflación no es de 8,5% como lo señala el Indek, sino que ronda 27% more o less, o más de 30% anual, si se miran las expectativas de los argentinos a futuro. Esto es, hace mucho superamos la etapa del dígito, y ya avanzamos varios casilleros más, al nivel de aceleración de la puja distributiva, al mejor estilo del correcaminos (precios), al que nunca los salarios pudieron alcanzar por demasiado tiempo.

Beep, beep. La inflación es como el correcaminos,
inalcanzable para los salarios, y siempre explota en las manos


Pero todo eso ya lo saben, lo intuyen, lo recuerdan, la memoria inflacionaria es implacable, como todos sus efectos secundarios. También deben saber las diferentes versiones sobre planes económicos, arreglos y desarreglos con el campo (en donde el gobierno logró una victoria a la Pirro, ya que les gusta ganar como sea), idas y vueltas, marchas y contramarchas y “la renuncia que no fue” de Alberto Fernández, hoy por hoy el hombre más moderado del gabinete. (“Cómo serán los otros -me dijo Paltrow anoche, cuando conversábamos por el Skype- si Alberto, hasta hace dos meses decía que la inflación del Indek era la verdadera”). Yo le miraba los ojitos, con sus nuevos anteojos que usa ella ahora y que le que quedan tan bien (qué barbaridad, todo le queda bien a esta mujer, hasta mis aburridas camisas azules que siempre me roba). Y en ese momento me di cuenta que la estoy extrañando, claro, hace tiempo que no nos vemos, justamente desde Ilhabela, o sea, Brasil.
Pero ese no es el tema de hoy, pasan cosas serias por aquí, y por Bolivia, y por Venezuela, tres países unidos por el populismo nacionalista que tan de moda estuviera en el mundo hace unos 80 años. Eso sí es vivir atrasado, qué embarazoso, en otro mundo, en otra galaxia, o más bien fuera del mundo, pidiendo a gritos una calificación CCC a S&P para luego poder echarle la culpa a Dobleiu Bush y al G7, y a la crisis financiera internacional, y a los productores agropecuarios y el terriblemente alto precio de la soja, y al petróleo, por toda la “mala suerte” que tenemos.

Capítulo I, haciendo memoria

En estos días finalmente conseguí una copia en dividí de los programas de Tato Bores, de la época en que él, en los años noventa, jugara con aquella idea de ser un antropólogo alemán del futuro que investiga porqué en América latina hay un agujero gigante con forma de bife que, según explica, habría sido el lugar en donde había un país que desapareció, se esfumó, y no quedó nada. Ya lo sé, ya lo saben, era una metáfora, los países no desaparecen, a lo sumo entran en decadencia y caen por algunos años, algunas décadas, medio siglo, como mucho. Pero los programas de Die Argentinen Von Tato nos confirman, con su humor demoledor y nada ingenuo, que la Argentina, en repetidas ocasiones, ha enfrentado encrucijadas similares o parecidas, y en general la respuesta inicial ha sido negar la realidad y profundizar el modelo… Como parece ocurrir ahora, oia, qué casualidad, ¿otra vez sopa?, ¿la historia vuelve a repetirse?

Todo esto me recuerda una historia inquietante. Hacia mediados de los años noventa el dólar comenzó a subir en el mundo, luego de un largo período de caída muy parecido al vivido desde 2002 hasta ahora. En todo caso, en el ciclo anterior no había euros en el mundo, y una de las monedas de referencia era el marco alemán, y el yen en segundo lugar. El dólar, en esos años previos, había caído en picada contra el marco y el yen, en un porcentaje quizá no tan importante como el de estos años contra el euro, pero la diferencia no era tan elevada como muchos creen.
En aquel momento de superdólar, la contracara fue que todas las otras monedas del mundo comenzaron a retrasarse, a revaluarse más o menos contra la moneda norteamericana (qué casualidad, como ahora), hasta que en algún momento la pérdida de competitividad de los países frente se hizo demasiado intensa y los países comenzaron a devaluar. El primero de ellos fue México, con el famoso “efecto tequila” pronosticado antes de la caída por el economista Guillermo Calvo (que se hizo famoso por su pronóstico), luego vinieron los países de Asia, luego vino Rusia, luego le siguió Brasil hacia 1999. Fue un efecto en cadena, como el dólar era súper-dólar, generó en el mundo una oleada de devaluaciones. Hubo varios países que no devaluaron, uno fue la Argentina, otro fue Hong Kong (una pequeña pero potente nación dedicada a la actividad financiera), y ambos tenían un sistema de convertibilidad, con la diferencia que para la Argentina, el retraso cambiario generado por el super-dólar provocó una pérdida de competitividad, que empujaba al país a salir de ese esquema que tan bien había funcionado. Hong Kong, que no era un exportador de bienes transables sino un pequeño paraíso financiero, pudo sostenerse porque la “mercadería” que negocia es, justamente, monedas y capitales financieros, entre otras cosas.

Todo esto viene a cuento por varias razones. La primera, porque no está del todo demostrado que la convertibilidad se hubiera hecho insostenible si en el mundo no hubiera aparecido una nueva realidad, el súper-dólar de la segunda Presidencia de Bill Clinton. La segunda es de sentido común, ante el cambio de la situación internacional, se imponía hacerle un “service” al esquema, para adaptarlo antes que sea tarde a las nuevas condiciones (la palabrita de moda), de manera de resolver estas dificultades y otras relacionadas, como un frente fiscal, que se estaba complicando en aquellos años más por responsabilidades propias que ajenas y alimentaba el problema de manera drástica.
Pero nadie se atrevió a hacerlo, pese a que, como suele ocurrir, cuando el dólar sube en el mundo, los precios de los commodities suelen bajar en una proporción parecida, algo que suele ser especialmente perjudicial para un país del perfil exportador de la Argentina.
En los últimos años tuve el privilegio de conversar largamente sobre estos temas con todos los involucrados en aquel ciclo pendular anterior, desde Carlos Menem hasta Domingo Cavallo, desde Roque Fernández hasta Ricardo López Murphy, y también hablé con otros expertos de primer nivel que en estos años opinaran sobre el tema, aunque a algunos no puedo nombrarlos, sabrán comprender.
Pero la conclusión que era casi unánime en todas estas conversaciones es que efectivamente habría que haber salido de la convertibilidad por las buenas, y mucho antes de que se complicaran las cosas, porque en esas situaciones lo que suele ocurrir es que, con las expectativas en contra, ya no es posible salir por las buenas. El mismo Domingo Cavallo opinaba que habría que haber salido de la convertibilidad hacia 1997, un alo después del tequila, aunque él ya no era ministro de Economía. Ricardo López Murphy opinó algo parecido, 1996 o 1997, aunque él veía los problemas más por las dificultades fiscales que el país enfrentaba, que impactaban de manera indirecta sobre la paridad real. Roque Fernández, siguiendo con la lista, sostuvo que en aquel momento, hacia 1997, no era aconsejable –ni “nesario”- salir de la convertibilidad, aunque reconoce que la polémica existió e incluyó a muy importantes funcionarios internacionales que opinaban a favor de esto, justamente ante la oleada devaluatoria iniciada con el Tequila. Y va más lejos, con honestidad explica que visto lo que ocurrió después, es decir, la explosión de la convertibilidad combinada con el default hacia fines de 2001, hubiera sido mejor salir antes, hacia 1997. Pero insiste, él no creía eso en aquel momento, no pensaba que fuera necesario replantear el esquema con algún tipo de flotación, devaluación ni nada parecido, para él las cosas lucían bien y sólo comenzaron a deteriorarse desde principios del año 2000, con el advenimiento de la Alianza al poder, el impuestazo y una caída de los precios internacionales de los productos exportables por la Argentina. Todo junto y por la misma plata, como decía Tato, y yo agrego que por alguna razón, en la vida cuando las cosas se complican, se complican todas juntas y usualmente sin avisar. Demás está decir que el resto de los expertos con los que conversé en los últimos tiempos opinaron algo parecido, en todo caso modificando su visión sobre cuál era el momento ideal para salir de la convertibilidad, pero todos de acuerdo que aprovechando un buen momento de la economía argentina, anticipándose a la posibilidad –siempre a la vuelta de la esquina- que las expectativas, o la situación real del país o del mundo, se modificaran para peor y se produjera una salida por malas malas. El economista Ricardo Arriazu es el único que sostuvo que no habría que haber salido de la convertibilidad. Hombre favorable a un esquema de cambio fijo, puso un énfasis mucho mayor en el ciclo internacional de movimiento de capitales, y consideró que ya fuera con cambio fijo o flotante las cosas suelen ser parecidas y complicadas para países como la Argentina (países tomadores de precios) en el momento que cambia el ciclo económico internacional, y los capitales que llegaban y revaluaban la moneda (en términos reales o nominales) empiezan a irse, despacito o en manada. Esto es, cuando la lluvia de dólares deja lugar a una sequía de dólares.

Capítulo II, ¿para qué cambiar si está todo bien?

Hoy por hoy, el dilema es muy parecido, aunque no se trate de la convertibilidad, sino de una política económica heterodoxa, productivista y con aspectos positivos y negativos diferentes a los del pasado. Pero la tendencia de los argentinos, dirigentes y dirigidos, es a “no hacer olas”, no cambiar nada, no hacer un service, sino profundizar el esquema, es decir, acentuar los problemas en vez de observar con más objetividad la realidad y hacer “el service del auto” por las buenas, antes que se rompa la cadena del distribuidor en la ruta, por ejemplo en medio de La Pampa yendo al sur, siguiendo con el tema, antes que lo haga el mercado por las malas, que no es otra cosa que la gente de aquí, más que la de afuera.
El último mes es una prueba inquietante en este sentido. Desde el costado político, la reacción oficial fue no escuchar ni ver las señales de una realidad interna e internacional que se está modificando día a día (¿para que cambiar, si esto es un éxito y tenemos 50.000 millones de dólares de reservas para disciplinar a cualquiera?). Desde el costado de la política económica, pese a que la “política anti-inflacionaria” de Guillermo Moreno (primero acuerdos de precios, luego controles de precios, finalmente romper el termómetro y negar que la inflación sea un tema grave o preocupante), todo indica que hacia delante se marcha hacia algún tipo de acuerdo social entre sindicalistas (domesticados por Hugo Moyano, alias “siempre listo”) para “congelar los precios” de común acuerdo, algo así como un divorcio de diferencias irreconciliables en donde las dos partes hacen un armisticio para no llegar a una remake de “La guerra de los Roses”. Por lo demás, la profundización de la actual política económica sería más de lo mismo, manteniendo el esquema productivista en el que creen tanto la pareja presidencial como sus funcionarios cercanos, con escaso espíritu critico, aunque muy obedientes (¿para que cambiar, Néstor, si esto es un éxito y tenemos 50.000 millones de dólares de reservas para disciplinar a cualquiera?). Si uno mira el pasado argentino, la profundización del modelo no sería otra cosa que apuntar, junto con un acuerdo de precios y salarios (ya que se nos rompió el termómetro, la solución es prohibir la inflación por decreto), a un esquema de tipos de cambios múltiples, en donde el dólar alto sea para actividades como el turismo y aledaños, un dólar en el medio para sobreproteger a la industria, y un dólar más bajo para el sector agropecuario (de paso se dice que evitaría que suban los precios de los productos que se consumen aquí o en el exterior, indistintamente). De paso, cambia el eje de la discusión y deja el tema de las retenciones en un segundo plano ya que el esquema sería de tipo fiscalista para no arriesgar los niveles de recaudación actuales, necesarios para sostener el esquema.
Amigos y no tan amigos, lo dicho no es información ni mucho menos, todos saben que hay rumores de todo tipo dando vueltas y tratando de anticipar qué hará la Presidenta Kirchner el 25 de mayo próximo, supuestamente el día D si todo no se complica antes. Pero nunca me gustó llevar y traer rumores. Lo que sostengo, sospecho, supongo, es que si hay profundización vamos en ese camino. Y esto es puro análisis, con alguna experiencia por haber vivido –y sobrevivido- a por lo menos cuatro crisis “terminales” que sufrimos en carne propia los argentinos, en parte por haber intentado negar la realidad..
La pregunta siguiente es si un esquema así podría funcionar en este contexto. Mi respuesta es no, jamás funcionó en la Argentina por mucho tiempo un esquema de tipos de cambio múltiples, ni explícito ni implícito en una política fiscal. ¿Por qué iba a funcionar esta vez? La respuesta es 50.000 millones de dólares de reservas, y los famosos, incuestionables y bienvenidos superávit fiscal y comercial. ¿Será?
Y la siguiente pregunta es si alcanza con esto. La respuesta es “depende”. ¿De qué? Del contexto internacional. Si persiste el viento de cola, podría funcionar para ganar tiempo (aunque no resuelve del todo los motores de la actual inflación de demanda por recalentamiento de la economía ni la feroz insuficiencia de la inversión productiva, dejando de lado las expectativas negativas en ascenso por parte de la población).


Más claro que el agua mineral

Pero todo indica que la idea oficial de “profundizar el esquema” no tiene demasiadas posibilidades, ya que todos ustedes me piden que sea optimista. Primero, porque los argentinos tienen memoria inflacionaria y experiencia en estas políticas que no llevan certidumbre a la población y terminan alimentando la ley de Gresham (salgamos del dinero malo y vayamos al bueno). Segundo, porque el dólar dejó de caer en el mundo y es posible que apunte en la dirección contraria, lenta y armoniosamente, así como los mercados financieros, lo que anticipa una baja de los commodities. Si a esto le sumamos que la Argentina revela un descrédito creciente en el mundo, y más acá y más allá de la General Paz (falta de crédito, digamos), un esquema de este tipo no parece adecuado para enfrentar una crisis en que la realidad, la simple realidad, está cambiando y el piloto y el copiloto de la nave (el que lleva los mapas, digamos) siguen pensando la vieja frase “para que cambiar, si hasta ahora nos fue bien con esto y es en lo que realmente creemos.











En el año 2455, o algo así, una experta trata de explicar porqué desapareció la Argentina, según Die Argentinien Von Tato


Gente, amigos y no tan amigos, eso es todo por hoy, espero que esta carta les llegue, pese a que Fibertel no está funcionando en casa, Arnet dejó de funcionar en febrero y las comunicaciones en la Argentina son una actividad cuasi monopólica y no hay mucha gente para quejarse. Y luego me iré al cine a ver “Muerte en un funeral”, me parece una buena forma de negar la realidad (para ver que se siente vivir en un taper). Total, Paltrow está agobiada en Niú York, Niú York,comprando Brasil y vendiendo Argentina, pese a que, como lo comentó Pablo Wende hoy en la radio, Guillermo Moreno, hace unos dos años, pronosticó que Brasil se iba al diablo, y la Argentina estaba condenada a crecer, o algo así. Eso sí es tener visión de futuro.


Un abrazo,

El Homble Elecrlónico
(políticamente incolecto)

Carta desde el ciberespacio número 170


(¿Hace falta decir que son los Locos Adams?)

Como antes, la Argentina no aprendió de sus errores
Sobre crisis innecesarias y oportunidades perdidas




Hola gente, amigos y no tan amigos. El otro día estaba mirando el programa de TV de Marcelo Longobardi, cuando el analista político Rosendo Fraga, un buen amigo, dijo así como al pasar una frase sencillita que me dejó pensando, aunque no dijera nada que no supiéramos: “esta es la crisis más gratuita de la historia argentina”, explicó. Es posible que no la recuerde textual, pero dijo algo así. Yo le cambiaría una palabrita para hacerla más patéticamente perfecta, si se trata de describir lo que parece estar ocurriendo: “Esta es la crisis más innecesaria de la historia argentina”.
Nuevamente volví a preguntarme sobre el enigma argentino, ese “algo” que hace que pudiendo ser un país exitoso en el mundo, continuemos nadando camino a Africa Mía, con perdón por los africanos, a quienes, de paso, les empieza a ir en muchos casos mejor que a nosotros y se lo merecen, claro, porque vienen de muy abajo y nunca tuvieron ni siquiera la “suerte” de sufrir la enfermedad holandesa (la típica enfermedad de los nuevos pobres).
Me pregunté entonces si las anteriores graves crisis que vivimos también habían sido innecesarias y se podrían haber evitado, como se podía y se puede evitar aún la actual crisis ya desatada. Mi respuesta es que sí, que se pudo evitar en el pasado y que se podría evitar ahora, si se hubiera cambiado a tiempo, y si la ideología no hubiera sido más importante que las ideas, y si el Poder no hubiera sido más importante que todo lo demás, y si los argentinos fuéramos alemanes, o brasileños.
Esta vez, cuando menos, la realidad se ve tan ridículamente clara que permite asegurar que esta crisis, si se profundiza como se teme, será la más innecesaria de todas las vividas antes, aunque cuidado, el “patrón de comportamiento”, su origen, sigue siendo el mismo, aunque hoy no está el FMI (el malo de la película) para echarle la culpa, claro, como me lo recuerda mi amiga Claudia Peirano. Además, hoy la Argentina está distanciada pavorosamente de todo, sola en la madrugada, lejos del mundanal ruido por decisiones propias, pese a que el planeta no nos hizo nada y no hay ninguna conspiración a la vista.
Visto de otra forma: como hacía décadas que no ocurría, el mundo, esta aldea global, nos brindó esta vez el escenario económico internacional más positivo en años y no supimos aprovecharlo, como de costumbre. Hasta ahora, claro, en que hasta eso comienza a cambiar y el viento de cola está variando su dirección, y nuestro país, pese a lo que se diga de los “blindajes blindados”, no parece estar muy bien preparado para una recuperación del dólar en el mundo, y de los mercados financieros, y una simétrica caída de los commodities. Aunque los chinos, los hindúes y sobre todo el aumento del área sembrada en EE.UU. con granos para producir bio-combustibles, esté cambiando las curvas de oferta y demanda mundial, como no deja de remarcarlo mi amigo Luis Rappoport.
Y este es el punto crucial: en este caso, como en el pasado, la Argentina no tiene los reaseguros suficientes para enfrentar una posible caída del precio de los commodities, si llegara a ser de magnitud, lo que es posible. Como lo dijo Miguel Angel Broda hace unas semanas, si los precios de la soja vuelven al nivel promedio de 2006 “somos boleta”, pero no por culpa de los commodities, ni de alguna conspiración planetaria, sino por nuestra propia responsabilidad (o irresponsabilidad, más bien), por no haberse aprovechado estos años de bonanza de precios, crecimiento y liquidez internacional abundante para generar un clima de inversiones que hicieran sustentable la recuperación de la Argentina iniciada con fuerza previsible en el año 2003 gracias al típico rebote post-crisis que me fuera muy bien anticipado por Alfonso Prat-Gay, en un amigable almuerzo para hablar sobre el futuro complejo, allá por el año 2002. Todos señalan lo inteligente que es Nestor K y se preguntan por el secreto de su éxito. Creo que se equivocan, sólo ha sido vivo, muy vivo y audaz, pero la sabiduría no lleva al mismo lugar que la tradicional y “admirada” viveza criolla. No es lo mismo llegar alto que llegar lejos.

Eniuai. Me deprimí bastante con estas reflexiones tan optimistas, claro, así que apagué el televisor y me fui al escritorio a hablar por skype con Patricia Paltrow, que sigue en Niú York, Niú york, comprando y vendiendo, más comprando que vendiendo desde hace dos semanas, en su guerrita de todos los días en la Calle de la Pared, surfeando en la ola del Don Jones, con sus armas habituales (el auricular blutut en la oreja, sus post-it personales color celeste como sus ojos que cuelga ella misma por todas partes, todas toditas, su lápiz común y silvestre todo mordido delicadamente por sus labios famosos, sus camisas blancas siempre un poco desabrochadas a propósito para distraer al prójimo y ganarle (mujer al fin), y su Palm ya viejita, que va con ella hasta cuando se toma un minuto para revisarse su look en el batrum unisex de su buró. Pero bueno, ya era de noche y preferí escuchar sus comentarios divertidos sobre el mundanal ruido que pensar en Die Argentinien Von Tato…,


¿Qué fue de la Argentina de Tato?

… preferí verla a ella aunque sea en la cámara web, la extrañaba demasiado y, porqué no decirlo, necesitaba su alegría habitual., un poco maníaca pero siempre haciéndome bien, hasta cuando se queja femeninamente por cualquier delikatessen. Allí estaba, claro, on line, esperándome, vivimos on line, nos intuimos incluso, conocemos nuestros horarios, “Hola beibi –me dijo-, te esperaba para mandarte unos grafiquitos re-nais que te van a encantar, que demuestran que los commodities ya son más burbuja que efecto Chindia… y ya sabés, gordito, que el destino de las burbujas, siempre, es explotar”. Y se rió como se ríe ella, sólo le faltó decírmelo cantando con su voz de nena, claro, total ella estaba en Park Avenue y yo en Barrancas de Belgrano, cerca del lugar de los hechos, no van a comparar, así cualquiera sonríe.
Hablamos un rato. Nos dimos un beso virtual, era lo que había, ella me envió los grafiquitos claros como sus ojitos, ya los verán, nos dijimos las cosas lindas de siempre y yo volví a pensar en la frase de Rosendo Fraga. Pensé que en el pasado el país enfrentó demasiadas crisis muy graves, ni hace falta que les recuerde las últimas cuatro o cinco, crisis de las que el país también se recuperó dolorosamente, una y otra vez, pero claro, en esos casos podía decirse que se trataba de crisis motivadas por razones concretas, en general externas (siempre es bueno tener a alguien para echarle la culpa de todo). En todo caso, lo que uno debiera preguntarse es cómo llegamos entonces a aquellas situaciones extremas, y empieza a ser cada día más claro: porque la sociedad argentina, dirigentes y dirigidos, no tomó, no tomamos, decisiones adultas antes de llegar a las duras explosiones o implosiones económicas, sociales y políticas que nos tocara vivir en el pasado. Y entonces le echamos la culpa al mundo, al último Presidente, total, yo no lo voté.
Como dice mi amigo Carlos Mira, “Así somos, así nos va”. Una y otra vez. ¿Hay algo nuevo bajo el sol? ¿Toda la culpa será de Kirchner esta vez, como antes lo fue de De la Rúa, como antes de Carlos Menem, como antes lo fue de Raúl Alfonsín, como antes lo fue de Leopoldo Fortunato y sus antecesores, como antes lo fue del Rodrigazo, como antes lo fue de Onganía? Etc…

Capítulo I, ¿por qué no nos dimos cuenta antes?

Aunque en el pasado hubo también shocks externos, subas de tasas, bajas de tasas, subas de commodities, bajas de commodities, crisis importadas, crisis petroleras, tequilas y caipirinhas y hasta restricciones externas feroces cuando la economía crecía más de lo que podía, en un país con deterioro secular de los precios de los commodities, shocks de devaluaciones en otros países emergentes, etcétera, etcétera. Y hubo también, no podemos negarlo, demasiados horrores internos, propios, intransferibles, demasiado pasarnos de una punta a la otra del dial, demasiado del famoso péndulo argentino, demasiada falta de políticas de Estado, demasiada economía ideologizada por la política, demasiados azules y colorados, vencedores y vencidos, unitarios y federales, montoneros y militares, laicos y libres, demasiados peronistas verticalistas versus gorilas en la niebla, demasiada política de corto plazo, demasiada adolescencia apresurada, demasiada gente creyendo que tenía la razón, demasiado poca humildad, demasiada intolerancia, demasiada soberbia de un lado y del otro.

Mientras escribo esta carta 170, lo escucho a mi amigo Enrique Szewach en FM Identidad, diciendo una frase inteligente, también impactante como la de Rosendo… “los argentinos somos los únicos que hemos convertido una oportunidad en una crisis, al revés de lo habitual”, refiriéndose a la enorme “capacidad” que ha tenido la administración Kirchner para destruir, o desaprovechar para ser suaves, el enorme viento a favor que tuviera el país gracias al boom de los commodities asociado al crecimiento mundial de los últimos años.
Hay que reconocer que no cualquiera hubiera desaprovechado, como lo hizo y lo sigue haciendo este gobierno, esa enorme oportunidad importada, había que hacer muy mal las cosas, había que hacer una pésima política económica (¿y donde está el piloto?), había que negar demasiado la realidad, había que romper demasiados termómetros y esconder debajo de la alfombra demasiada inflación, había que ponerse al mundo en contra, a los inversores de corto y de largo plazo en contra, había que subestimar demasiado al campo y a la crisis energética y de infraestructura, y a todos los problemas de estos años a los que no se les prestó la debida atención hasta que empezó a hacerse, maibí, junous, demasiado tarde. Había que equivocarse demasiado, confundir mucho realidad con ficción, ideas con ideologías, es cierto. Pero no nos engañemos, no nos olvidemos, en el pasado también dejamos llegar las cosas demasiado lejos. En el pasado, también, hubo más política que sentido común, más confrontación que concertación, más soberbia que tolerancia, más “yo tengo razón y el mundo está equivocado”. Como el famoso Sísifo, no sabemos aprender de nuestros errores y cambiar a tiempo. Kirchner es el último eslabón de una sociedad soberbia, que no es lo mismo que soberbia sociedad.
Por eso creo que ambas frases, la de Rosendo y la de Enrique, no alcanzan para explicar el enigma argentino que nuevamente nos amenaza con una mala pasada, pese a que esta vez, no podemos negarlo, la oportunidad desaprovechada es especialmente increíble y lo que viene por delante es una crisis pavorosamente innecesaria. Pero no nos engañemos, en el pasado hubo también demasiadas crisis como la que está en ciernes, a punto de dispararse, hoy, 25 de abril de 2008. No alcanza con pensar que las veces anteriores tuvimos mala suerte y que estas veces, para peor, hemos tenido buena suerte. En ambos caso apuntamos en la misma riesgosa dirección de no aprender de nuestros errores, de no mirar un poco más allá de nuestras narices, de no valorar principios como la tolerancia, el respeto, la democracia, el pluralismo, las “instituciones” básicas sobre las que se construye una sociedad capaz de crecer. Así somos, así nos va, como dice Carlos Mira.

Epílogo, la crisis más innecesaria de todas

Pero Rosendo también tiene su cuota de razón. Enrique tiene su cuota de razón. Miguel Broda tiene su cuota de razón. Esta crisis, la que ya está aquí aunque nos duela, es, será absoluta y totalmente innecesaria, por eso duele más, triplica puntos palabra, como dice Paltrow cuando jugamos al Scrabble planetario online. Mientras el Gobierno desalienta la inversión, la exportación y la producción agropecuaria, y la exploración energética, y todo lo productivo que dice valorar, en el mundo los precios de los alimentos baten récords (por ahora), menos mal. Y mientras esto persista, “zafamos”, aunque quizá ni así, ya que las señales conocidas ayer fueron más de lo mismo, otra vez sopa. El Presidente Kirchner echándole la culpa de todo a los productores agropecuarios (de la inflación que comenzó hace más de dos años, los incendios, la cortina de humo, los cortes de ruta, el facón que usan para defenderse los gauchos, que la abuela parió quintillizos y no recuerdo qué más) es como la confirmación de esa crisis innecesaria, que en vez de tender puentes a la conciliación y desactivar la explosión o implosión en ciernes corta puentes como si todos fuéramos ambientalistas de Gualeguaychús.

Les copio los tres grafiquitos que me mandó Paltrow, para tratar de pensar en qué momento, cuándo, el viento se dará vuelta. Son sencillitos y contundentes, ya que confirman que una parte importante (pero no toda, claro) de la suba de los precios de los commodities en los últimos seis meses se explica por el “efecto timba”: en concreto, cuando las acciones norteamericanas caían porque había pánico en los mercados ante la explosión de la burbuja inmobiliaria de los Usas (gráfico superior izquierdo, el S&P 500), subía paralelamente el precio de los commodities (gráfico superior derecho). Dicho crudamente, salía dinero de las acciones tradicionales y una parte fue a refugiarse en commodities, con el agravante (como lo remarcó Ricardo Arriazu en un seminario, la semana pasada) que el mercado de commodities es muchísimo más pequeño en volumen que el de las acciones del Don Jones y S&P, con lo que la nueva burbuja crece muy rápido, demasiado rápido, aunque debe caer de la misma manera cuando se da vuelta...

Evolución acciones según S&P 500, fuente Yahoo Finance


Principales índices de precios de commodities, fuente Bloomberg


La pregunta del millón, ¿en qué momento los commodities empezarán a caer? En el momento que el dólar empiece a recuperarse en el mundo, lo que seguramente coincidirá con el momento en que las acciones norteamericanas se recuperen y los inversores salgan de commodities y vuelvan a “home, sweet home”. El gráfico espejo de abajo, para los que tienen dudas, confirma lo ocurrido en el último año: baja el S&P, suben los commodities. Y al contrario, cuando suba el S&P, bajarán los commodities, quizá con sobre-reacción, gracias a los famosos comportamientos de manada tan veloces gracias a este mundo online.



Indice S&P 500 versus ETF “DBU” de commodities
Agrícolas, basado en trigo, maíz y soja,
qué casualidad, lo que vende la Argentina…

Ese es todo, amigos y no tan amigos, es el tiempo que tiene el gobierno para apreciar la realidad como es, sin anteojeras, para aprender de sus errores y cambiar a tiempo. Que después no digan que Paltrow no les avisó…




Lo que el viento se va a llevar…


Un gran abrazo,